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LA
JIRIBILLA
VIVIR PARA
LAS LÍNEAS
Ahora Morante, gracias a su dinamismo, su pasión por las líneas, los colores, y la precisión en expresar con ellos las ideas que constituyen el germen de un diseño gráfico, recibe el Premio Nacional de Diseño.
Abelardo Estorino |
La
Habana
Sobre un rectángulo blanco algunos elementos gráficos en negro, procedentes tal vez de una fotografía impresa en alto contraste, conforman un rostro que todos conocemos. Es la imagen trágica de un hombrecito al que toda la bondad con que se acerca a los demás se vuelve contra él, tanto las máquinas como los hombres y se ha convertido en la imagen clásica del cine, sobre todo del cine silente. Hay poco texto, algunas líneas debajo del rostro asombrado, unas en rojo y otras en negro. Es un cartel de la Cinemateca de Cuba diseñado en 1961.
Solo con los elementos necesarios y buen gusto el diseñador ha logrado expresar lo que se propone: el cine es un arte. Abajo, en la parte izquierda está la firma: Morante. Este Morante es Rafael, uno de mis compañeros de trabajo en el departamento de diseño de la OTPLA, agencia que reunió en un momento a algunos artistas que hicieron de la publicidad comercial un campo de experimentación para el diseño.
Es sorprendente que aquel Morante, (siempre fue Morante, nunca Rafael), sea este hombre que hoy recibe el premio más importante que se otorga en Cuba al trabajo de diseño. Digo sorprendente porque entonces todos éramos jóvenes, todos estábamos llenos de sueños, pero parecía casi imposible que llegáramos a realizarlos.
El ambiente en la OTPLA era propicio para las discusiones estéticas. Martínez Pedro, pintor con una obra extensa, era entonces su director artístico, y contaba con la aceptación de los críticos y el reconocimiento de todos los que conocían sus cuadros, donde los colores planos y brillantes mostraban el trabajo del hombre que apela a la razón para expresarse. Raúl Martínez era un muchachón, había hecho algunas exposiciones, y acababa de regresar de Estados Unidos donde había estudiado en el Instituto de Diseño de Chicago, fundado por excelentes artistas provenientes de la Bauhaus y quería poner a prueba todo lo que había aprendido en el curso que lo llevó a experimentar en la fotografía, el uso del espacio y la posibilidad de reunir materiales diversos en un mismo trabajo.
Y allí estaba Morante. Parecía que acababa de llegar de España, aunque no era así. Según los que lo conocieron de niño su familia tuvo que salir de España por su oposición al franquismo cuando él no llegaba a los diez años. No ha perdido su acento fuerte, o tal vez no ha querido perderlo, por ese amor a la tierra que retrata a los españoles y que los cubanos hemos heredado.
Es divertido oírlo hablar, no por el acento, sino por ese humor cáustico que siempre lo ha definido. Sus respuestas son rápidas, con frases inesperadas que delatan sus muchas lecturas sobre cualquier tema. Y también por el amor a los
comics, a la ciencia ficción y al cine mejor.
Al triunfo de la Revolución se produjo en la OTPLA una diáspora que nos llevó a todos a parajes diferentes. Estuve algún tiempo sin saber mucho de él. A veces lo encontraba y me mostraba fotos de su hija, con el orgullo que aqueja a los padres mostrando sus tesoros, o me contaba de algún trabajo con el que estaba entusiasmado. Su interés en el diseño lo llevó siempre a hablar con pasión de lo que hacía. Y con cualquier proyecto novedoso se olvidaba del resto del mundo, del lugar donde estábamos o del sol del mediodía y podía, puede, hablar de su proyecto de manera que uno comprende que en ese momento solo vive para las líneas y los colores que se convertirán por el milagro de la imaginación en un cartel o en la portada de un libro. No hay nada que me produzca más admiración que ver a alguien que siente orgullo por su trabajo y le dedica toda la energía de que es capaz. Resulta fascinante ver a un carpintero que se enorgullece de la precisión con que coloca una ventana en su marco o a un cirujano que nos relata, sudando, la operación de más de tres horas con que ha conseguido salvar una vida.
Y ahora Morante, gracias a su dinamismo, su pasión por las líneas, los colores, y la precisión en expresar con ellos las ideas que constituyen el germen de un diseño gráfico, recibe el Premio Nacional de Diseño y lo acompañan en este acto la alegría de todos nosotros, el cariño de sus compañeros y la satisfacción de haber trabajado bien. Disfrútalo, Morante.
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