LA JIRIBILLA
LA MEMORIA A SALVO

El evento propició un amplio encuentro sobre la arquitectura y el urbanismo a partir de un concepto de la cultura dinámico e integrador, vinculado tanto a la transformación y al cambio de avanzadas tecnologías, como a la necesidad del sostén de una identidad propia, y de la conservación del patrimonio. 


Carina Pino-Santos |
La Habana


La zona histórica de La Habana Vieja se transformó en un espacio de revelación sobre su pasado, presente y futuro, cuando por vez primera en el país se expusieron los más diversos abordajes científicos, artísticos e ilustrativos, sobre el tema de la ciudad, y en especial de la capital de la Isla partir de la realización de la I Bienal Internacional de Arquitectura de La Habana.
El evento propició un amplio encuentro sobre la arquitectura y el urbanismo a partir de un concepto de la cultura dinámico e integrador, vinculado tanto a la transformación y al cambio de avanzadas tecnologías, como a la necesidad del sostén de una identidad propia, y de la conservación del patrimonio. 
Y se definió también como un amplio programa que incluyó presentaciones y ventas de libros de arquitectura, danza moderna integradas a calles y plazas; cortos y audiovisuales en el Cinematógrafo Lumiére, así como un evento teórico. Todo ello cualificó mediante el carácter participativo de pobladores y profesionales, y halló una correlación tanto en el interés público como del más especializado. 
Así, las añejas callejuelas de la zona histórica, flanqueadas por sus cautivantes hostales y cafés fueron durante una semana, el tablado idóneo para el VII Encuentro Internacional de Danza en paisajes urbanos, una intervención protagonizada por el baile en sus géneros más diversos, desde una rumba hasta una coreografía con música de Piazzola. 
A este carácter de participación pública, también se le sumó un programa de 26 exposiciones que implicaban, de hecho, un recorrido por las instalaciones de más importancia patrimonial en la Habana Vieja, la mayoría la constituían carteles ilustrados a color por proyectos, desplegados en 24 edificaciones, como una pormenorizada guía de la arquitectura cubana, de su propia historia y devenir en la contemporaneidad lo que, si por una parte no permitía una panorámica totalizadora de todo lo acaecido y mostrado en un solo lugar, por otra traía consigo la necesidad de un itinerario por museos, galerías y centros de interés patrimonial. Salvar memorias de piedra, en el propio Convento de San Francisco, donde tuvieron lugar los encuentros teóricos, ejemplificaba un recuento de cada edificación, un dibujo del proyecto, foto de la obra antes y después de su terminación, si se encuentra en trabajos para rehabilitarlo o ya en explotación, además de una sinopsis histórica de la construcción. Las obras en proyecto y las ya ejecutadas dejaban ver, ciertamente, el resurgimiento de otra ciudad, la que se planifica para el 2010, que los visitantes podían encontrar en los pósters en la Casa "Simón Bolívar", donde a una exhaustiva descripción de la situación de la ciudad realizada a través del número de viviendas en mal estado e inhabitables, barrios insalubres y ciudadelas, le acompañaba el proyecto gráfico y textual de su mejoramiento. Si la muestra de San Francisco nos trasladaba a la zona del casco histórico y su conversión en la actualidad, otra didáctica y no menos compendiosa muestra en el Centro Wifredo Lam con textos del editor y arquitecto Eduardo Luis Rodríguez, nos permitía un sucinto y eficiente panorama de la arquitectura en Cuba en el siglo XX que el autor clasificó en tres grandes etapas: "Ecleticismo y monumentalidad en las tres primeras décadas de la centuria", que define por su impacto urbano, la superposición de lenguajes y el clasicismo ;"La Modernidad Plena (1930-1960)" mediante ejemplos ilustrados, entre estos el del art decó residencial y de la modernidad importada" y la "Arquitectura y la Revolución (1960-2000)", con la construcción de las Escuelas Nacionales de Arte y la Facultad José Antonio Echeverría, entre otros paradigmas de este período. 
La "Arquitectura desde dentro", también en el "Lam", nos llevaba precisamente a visualizar el diseño ambiental de interiores. Curada por Silvia Llanes, quien resaltó las peculiaridades que signan a una manifestación del arte que en la actualidad busca ganar en coherencia e identidad al basarse en presupuestos comunes entre arte y arquitectura, y en "hacer de la tradición arquitectónica y la contemporaneidad constructiva, un proceso integrador que mezcla y sintetiza lo nacional y lo universal", según expresó esta especialista del Consejo Nacional de Artes Plásticas en el catálogo. El tránsito por las diversas muestras de proyectos nos proporcionó de paso, la información más completa de importantes propuestas de trabajo que han sido también eficientes en cuanto a la educación superior, es el caso del Taller Internacional permanente de Estudios Urbanos del Cerro, un territorio de gran importancia desde la colonia, y que está demandando a comienzos del XXI, la realización de propuestas para revitalizar sus edificaciones y mejorar la calidad de vida de sus pobladores. Al Doctor Sergio Baroni, arquitecto que trabajó intensamente en este equipo multidisciplinario, esta dedicada esta exposición. Otros arquitectos también fueron homenajeados, como José Antonio Choy, Julia León y su grupo, quienes han protagonizado un cambio en la arquitectura de hoteles y comercios, a partir de una conceptualización de estilos del pasado y del presente, del high tech y de la sensibilidad popular, sin dejar de considerar una máxima comunión entre todas las artes visuales. Aún cuando el predominio de las más de dos decenas de muestras de proyectos eran sobre La Habana, también se pudieron apreciar ejemplos de arquitectura brasileña. 
Además de las mencionadas, dos exhibiciones intentaban proyectar la ciudad en el arte: "Ciudad, deseos, signos, memorias", en el Convento de San Francisco de Asís, con obras de 17 artistas plásticos de distintas generaciones que han abordado el entorno urbano como motivo o eje en sus lienzos y cartulinas, ya sean las xilografías iluminadas del joven William Hernández o una Catedral, la No. 98, de Manuel López Oliva, y una muestra de pinturas del artista y arquitecto Eduardo Rubén en la galería "Raúl Martínez" de la Editorial Letras Cubanas en el Instituto Cubano del Libro, obras en las que las estructuras geométricas continúan explicitando un interés por el tema, aunque recientemente se perfilen con diseños cada vez menos sujetos a una referencia detenida únicamente en la pasión por lo constructivo. En el otro extremo una visión exteriorista y descriptiva nos llegó en las atractivas imágenes de la Habana Vieja captadas por el fotógrafo de la National Geographic, Jim Stanfield, expuestas en la Casa de México. Aunque se extrañó la ausencia en el programa de una curaduría, propicia para extender los nexos ciudad y creación a través de la historia del arte cubano, cuya más reciente propuesta fue el II Salón de Arte Cubano Contemporáneo, llamado "Ciudad, metáfora para un fin de siglo". 
Sin embargo, fueron los encuentros teóricos el centro de reflexión de la I Bienal Internacional de Arquitectura de La Habana, en el Salón Blanco del Convento de San Francisco; el registro de ponencias fue amplio, pudieron escucharse magistrales conferencias de los Premios Nacionales de Arquitectura de Cuba, Mario Coyula y Omar López e intervenciones de eminentes especialistas cubanos como Vittorio Garatti y Roberto Segre, quien trajo una novedosa lectura del diseño arquitectónico de las favelas en Brasil; otras interesantes intervenciones fueron de los arquitectos estadounidenses Andrés Duany, James Polshek, y Patricio del Real, este último con una reinterpretación de las barbacoas en Cuba y de lo que clasificó de "un triunfo del espacio sobre el tiempo", un texto que motivó el debate, otras exposiciones fueron de licenciados de Guatemala, Venezuela, y San Salvador, a las que se sumó la del arquitecto irlandés Paul Quilligan con una explicación de la renovación de Dublín, en los últimos quince años. 
Si la globalización mundial también ha engendrado en lo urbano, estructuras homogéneas y una arquitectura de lo massmediático, fría, impersonal y deshumanizada, de lo que sí no hay dudas es que muchas voces autorizadas en el mundo continúan perseverando en la investigación de una memoria, y en la conquista por la conservación y la preservación del pasado edificado y de su huella armoniosa e identitaria para el futuro, la I Bienal es sin duda un esfuerzo de esas voluntades, demostradas en la obra ya creada y en aquella que se proyecta para el futuro cercano. 


2002. La Jiribilla. Cuba.
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