LA JIRIBILLA
Juzgar el genocidio palestino
UN NüREMBERG PARA SHARON

Lisandro Otero  | México


De la misma manera que los altos jerarcas nazis fueron sometidos a juicio ante un tribunal internacional en N
ϋremberg al terminar la Segunda Guerra Mundial, de la misma manera en que Slobodan Milosevic está siendo juzgado por el Tribunal de Justicia Internacional de La Haya por sus presuntas transgresiones, la opinión pública internacional está reclamando que Ariel Sharon sea enjuiciado por el genocidio del pueblo palestino. Si no bastara su repugnante masacre en Sabra y Shatila, si no fuera suficiente su bravucón desafío de matón internacional en la plaza de las mezquitas, si no bastara el martirio de Ramala, el asalto impetuoso de centenares de tanques contra Nablus y su masacre de la población de aquella ciudad bastarían para declararlo culpable de espantosas violaciones contra los derechos humanos y ejecutor de repugnantes crímenes contra la humanidad.
Es cierto, hay que defender al pueblo judío contra los ataques de los terroristas. No se puede tolerar que decenas de inocentes muchachos israelíes, en la flor de la edad, perezcan cada día violentamente mientras se congregan pacíficamente en un café. Ese tampoco es un método correcto de lucha. Los fundamentalistas árabes están ciegos de odio y ese no suele ser un buen camino para alcanzar reivindicaciones políticas, por muy justas que sean, pero el terrorismo suele ser el camino que transitan los desesperados.
Los palestinos tienen derecho a ocupar una parte de ese territorio que ha pertenecido desde siempre, a sus antepasados. También es cierto que a los judíos los asiste igual potestad. Lo adecuado es establecer una concertación que distribuya racionalmente el espacio vital. Para alcanzar un acuerdo hay que apelar a las partes sanas de la sociedad israelí, los dirigentes justos y honorables que existen en aquél país. El equipo de Sharon es una caterva de homicidas, ofuscados por el aborrecimiento, que tratan de aplastar a sangre y fuego al pueblo palestino y a su dirección creyendo que así extinguirán el terrorismo.
Ese es su peor aspecto, pero también hay que valorar que son torpes, nada inteligentes, incapaces como gobernantes. No se percatan que ese furor destructivo que han desatado es el mejor caldo de cultivo para una combatividad infinita. La resistencia palestina será eterna, y cada vez más encarnizada, mientras sientan que sus derechos, su patria y su individualidad están siendo humillados y destruidos con el uso de una monstruosa brutalidad. El resultado inmediato es que el estado de Israel se está viendo aislado en el contexto internacional. Las sinagogas y las escuelas judías están siendo incendiadas en Francia y Finlandia. Manifestaciones masivas han tenido lugar en El Cairo y Aman. Egipto cortó relaciones con Israel y el Primer Ministro de Jordania amenazó con hacer lo mismo si no termina el asedio a Arafat. Esos dos son los únicos países árabes que mantenían relaciones con el régimen de Tel Aviv. En Praga quemaron una bandera israelí en la Plaza Wenceslao, y eso que su Presidente es un genuflexo y sumiso servidor de Estados Unidos. Iraq, Libia, Irán han propuesto cortar los suministros de petróleo a occidente.
En Yemen las muchedumbres se agolpan iracundas en las calles, y lo mismo sucede en Riyadh. En Jakarta hay demostraciones masivas y se ha fundado una sociedad antisionista con millares de adherentes. Bulent Ecevit, el primer ministro de Turquía acusó a Israel de genocidio. La Unión Europea envió a Javier Solana al Medio Oriente pero Sharon no permite que se entreviste con Arafat. España también mandó a su ministro de exteriores Josep Piqué, quien también se ha visto coartado en sus funciones por los israelíes. En Beirut las masas exasperadas amenazaron con incendiar la embajada de Estados Unidos.
En Montpellier lanzaron cocteles molotov contra las sinagogas. En Moscú el embajador israelí fue llamado a dar explicaciones a la cancillería.
Mientras tanto el ejército israelí prohibió la circulación de ambulancias en Belén lo cual provocó que muchos heridos murieran desangrados. En ninguna guerra se han visto tan feroces violaciones de las convenciones bélicas. Doscientos palestinos refugiados en una iglesia se han visto acosados por los carros blindados israelíes desconociendo el derecho de asilo en suelo sagrado que es una institución respetada desde la Edad Media.
Todo ello excita el repudio a las acciones israelíes, le acarrea un rechazo generalizado de la opinión mundial y sumerge al estado de Israel en un vacío diplomático y político que le será muy desfavorable en el futuro. Este saldo adverso de esta guerra se debe a la ineficiencia, la torpeza y la brutalidad de la política de Ariel Sharon, la figura que más daño ha causado a la causa judía desde Adolfo Hitler.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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