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LA
JIRIBILLA Lam no se cansa de repetir esa frase final. En los últimos años es casi un lugar común en todas las entrevistas con el pintor. Pero no sólo repetirla, sino llevarla a la práctica. Conversar con él significa pasar de las anécdotas de la Guerra Civil Española –donde participó como miliciano– a su receta -«un secreto de un secreto»– de un buen plato de quimbombó. Como buen cubano sabe enlazar, con gracia, los temas más diversos. Es, como alguien decía, viejo, niño y sabio a la vez.(2) Ahora, es cierto, ha perdido algo de su vitalidad –desde hace casi tres años padece una hemiplejia del lado izquierdo de su cuerpo–, pero aún así la memoria guarda los secretos del arte.
—Qué le parece
empezar por este tema: ¿el arte guarda muchos secretos
para usted?
—Pero cuando se
enfrenta a una tela en blanco, ¿cómo aborda la creación?
—¿Recuerda
alguna obra en que esto haya sucedido?
—¿Ha pensado alguna
vez a qué atribuir su afición por la pintura? 1902-1915: Lam vive en Sagua la Grande, donde se despierta su interés por la pintura. 1914: realiza un retrato de su padre. 1916: se traslada con parte de su familia a La Habana. 1918-1923: frecuenta la Escuela de Bellas Artes. 1920-1923: expone en el Salón de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana. 1923-1938: vive en España, donde participa en la Guerra Civil Española en defensa de la República. Su esposa y su hijo mueren tuberculosos.
—¿Por qué decide
partir hacia España? —Recuerdo una anécdota. Cuando en los periódicos españoles salía mi nombre completo –Wifredo Oscar de la Concepción Lam Castilla-, y como parece que el apellido Castilla es muy distinguido y aristocrático en España, la Casa de los Castilla me invitó a Madrid. Les contesté que no tenía otra casa que una de madera, muy grande, en Sagua: la casa de mi madre.
—Por cierto, ¿su
nombre es Wifredo o Wilfredo?
—¿Por buscar la paz
participó en la Guerra Civil Española?
—¿Qué le debe a España desde el punto de vista
artístico? 1933: Picasso y Lam exponen en la Galería Perls de Nueva York. Un año antes conoce al autor de Guernica. Se introduce en el movimiento surrealista. 1940-1942: viaja por Estados Unidos y las Antillas. Decide abandonar Europa. Vuelve a Cuba. 1943: concluye La jungla, comenzada al final del año anterior. La jungla —se ha dicho en infinitas ocasiones— es el testimonio plástico por excelencia del Tercer Mundo. Este óleo sobre papel, de 228 x 240 cm, actualmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, es toda una denuncia. Una denuncia social y plástica. «No tengo otro cuadro síntesis como La jungla», me explica Wifredo, mientras busca la reproducción en una de las tantas monografías dedicadas a su arte. «Es una de mis obras más divulgadas y también a la que más amor le tengo, porque me ha abierto un camino.»
Aquí aparece
La
jungla. Está la caña, está la luna, están los senos
de mujer. Están los símbolos más diversos en una mezcla idiosincrática, están los dioses míticos creados por el
artista, está la razón de ser.
El propio
Lam me cuenta que La jungla no fue realizado por
encargo. Tenía, entonces, un contrato con la Galería
Pierre Matisse de Nueva York, a la cual debía
suministrar periódicamente sus obras. Para hacer este
cuadro, hoy valorado en un millón de dólares, no tenía
incluso materiales, por eso fue pintado sobre papel
kraft de envolver y posteriormente montado sobre
tela.
—Generalmente se toma
La jungla como punto de
referencia en la producción del artista. Así, se habla
de un período anterior y posterior a la famosa obra.
¿Qué piensa Wifredo Lam de este análisis? 1944: expone, por primera vez, en la Galería Pierre Matisse de Nueva York. Visita Haití, donde residirá posteriormente de manera eventual. 1947-1952: vive en Cuba, Francia y Estados Unidos. 1951: obtiene primer Premio en el Salón Nacional de La Habana. 1952: se establece definitivamente en París. 1953: recibe el premio italiano Lissone. 1954: participa regularmente en el Salón de Mayo en París. 1955: expone en la Universidad de La Habana —en muestra organizada contra la dictadura de Batista— y en el Museo de Bellas Artes de Caracas. 1956: visita el Mato Grosso. 1960: contrae matrimonio con Lou Laurin. De esta unión nacen tres hijos: Eskil, Timur Erik y Jonás. Cuando Lam conoció a Picasso, en 1938, este último le manifestó: «si no hubieras venido con la carta de Manolo(3) en tu bolsillo, te hubiera visto en la calle y me hubiera dicho: «quiero ser amigo de este hombre». Ahora, más de cuarenta años después, el artista recuerda: —Picasso dijo en una ocasión que el único pintor que se paseaba por su cabeza era yo. Esa opinión fue de gran satisfacción para mí, porque me demostraba que mi lucha y mi empeño tocaban al espectador. Lam me ha dicho que se encuentra identificado con la obra del poeta Aimé Césaire. Cuando le pregunto por qué, me responde: —Es difícil, no puedo explicarlo todo. Aimé Césaire es un poeta que encontró su isla tropical, Martinica, después de estudiar en Francia, y le dio una gran fuerza de gravedad en su obra. Me parece que él en la literatura y yo en la plástica hemos tocado todo el panorama de dos emigrados, al retornar al país natal, con la fuerza necesaria. En 1950, en un ensayo capital sobre el artista, Fernando Ortiz afirmaba que «Lam en su arte es realidad y es promesa». Al respecto, opina el pintor: —Fernando Ortiz quería decir que el panorama cubano era muy vasto, muy rico, y que yo tendría bastante tiempo para llegar. ¿Llegar a dónde?, te preguntarás. A la realización del individuo, a la realización de mi obra cuyo destino sería la geografía cubana. 1963: visita Cuba invitado por el Gobierno Revolucionario. 1964-1965: divide su tiempo entre Albisola Mare y París. Recibe el premio Guggenheim International Award, en Nueva York, y el premio Marzotto, en Valdagno. 1966: regresa a Cuba, donde pinta la obra El Tercer Mundo. 1967: de nuevo en La Habana para la organización del Salón de Mayo. 1968: participa en el Congreso Cultural de La Habana. 1973: Radio-Televisión Sueca le realiza un cortometraje de media hora de duración. 1975: expone en el Museo de Cerámica de Albisola Mare. 1977: recibe el Premio Internacional de Pintura Contemporánea y Gráfica de Baia Domitia y el Premio Nacional Polifemo Arte-Cultura-Scienza de Sperlonga. Inaugura en La Habana una muestra de sus grabados en el Museo Nacional de Bellas Artes. 1978: el ICAIC filma un cortometraje sobre su vida. Por primera vez se presenta en México una retrospectiva de su obra. 1980: regresa a La Habana para someterse a tratamiento médico en el Hospital Frank País.
—Lam, ¿por momentos
no le molesta la fama?
—¿Por eso admira tanto a la Revolución...?
—¿Es cierto que lee y ha leído mucho?
—Una última pregunta:
¿quién es usted, Lam? Su respuesta me confirma, de nuevo, que Lam no mira, siente. Notas
1
Cita del poeta martiniqués Aimé Césaire. |
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