LA JIRIBILLA
Sharon, verdugo implacable
MASACRE DE LOS PALESTINOS TRAERÁ AMARGOS FRUTOS

Lisandro Otero  | México


La situación en el Oriente Medio se ha empeorado en las últimas horas de manera angustiosa. La comunidad mundial está alarmada por este despliegue inusitado de salvajismo que amenaza con extenderse e incendiar toda una región de gran inestabilidad política. El ataque que el inclemente Ariel Sharon ha desatado contra las oficinas de Yaser Arafat en Ramala no guarda el más mínimo respeto a las normas de la convivencia civilizada.
Es la erradicación del diálogo, la implantación de la ley de la selva, la apelación a las más bajas pasiones revanchistas, el desahogo de la venganza iracunda.
Hay que entender que los israelitas están exasperados por los ataques terroristas contra sus establecimientos, mercados, centros sociales. Mujeres y niños. Judíos inocentes, están muriendo también de aquél lado, pero la respuesta no es la diseñada por Sharon. La historia demuestra que la represión despierta un frenesí libertario, el castigo suscita una fiebre redentora que nadie puede detener. Los palestinos suicidas que hacen estallar sus cuerpos cargados de dinamita son una fuerza ciega muy difícil de controlar. Están animados de una fogosa exaltación patriótica que ni siquiera el propio Arafat podría frenar y si lo intentase quedaría separado de la emoción nacionalista de su pueblo. Cuando los ingleses sufrían los cotidianos bombardeos de Londres, durante el blitz, los ánimos estaban en un ápice de su fervor nacionalista. Cuando, tras la revolución de 1789, los austriacos y los prusianos asediaron a los franceses estos respondieron robustamente en la batalla de Valmy, donde un pueblo descalzo y hambriento rechazó a los invasores de su suelo. Cuando la crisis de los misiles el pueblo cubano estaba dispuesto a desaparecer, si fuere necesario, convertido en ceniza atómica, con tal de no dejarse humillar. Esa es la reacción natural que Sharon no comprende. Los pueblos hostigados crecen ante sus opresores.
Cuando Bush le pide a Arafat que haga un esfuerzo mayor para paralizar el terrorismo no comprende que existe una ola desbordada y arrolladora del patriotismo palestino que es muy difícil de parar. Es ridículo pedirle a un dirigente rodeado de tanques, incomunicado, sin agua ni alimentos, con sus oficinas cañoneadas, que emprenda una maniobra de contención. Sharon tampoco obedece el mandato de Naciones Unidas que le pide, como cuerpo supranacional, que se retire de los territorios ocupados. Es lo mismo que ha estado reclamando el príncipe heredero de Arabia Saudita en el plan que ha propuesto: retírese Israel de los territorios ocupados de Palestina, reconozca la existencia de ese estado y será reconocido, a su vez, y habrá paz. Pero Sharon no quiere paz. Ha sido él, desde siempre, el principal instigador de la guerra. La masacre que cometió en Sabra y Shatila revela su naturaleza de verdugo desalmado.
Su abierta provocación en la plaza de las mezquitas desató la actual Intifada que ya dura año y medio con un saldo espantoso de miles de muertos y heridos.
Hace unos días el escritor José Saramago comparó las acciones de Sharon con los nazis y ello desató una ola de indignación en Israel, pero desgraciadamente es así. El nombre de Sharon pasará a la historia junto al de Heinrich Himmler, Reinhardt Heydrich y Joseph Mengele, entre los grandes verdugos. Lo ocurrido en Ramala está a punto de convertirse en otra toponimia maldita junto a las de Buchenwald, Dachau, Auschwitz, Ravensbruck, Mathausen y Theresien.
Tampoco hay que hacer falsas generalizaciones. Sharon no es Israel. Tampoco es la cultura judía que cuenta con grandes creadores y superlativas realizaciones. Bastaría recordar que Marx, Freud y Einstein, los tres genios que moldearon el siglo veinte, eran judíos. Dentro de Israel hay hombres honorables y sensatos como Shimon Peres y Ehud Barak con quienes se puede dialogar, que desearían parlamentar en términos razonables pero en estos momentos están contenidos por la ultraderecha belicista encabezada por el infame Sharon.
Israel debe prepararse para pagar un precio muy alto por las atrocidades que está cometiendo Sharon con sus tanques y cañones enviados por Estados Unidos contra un pueblo que solamente cuenta con piedras y su valor personal. El mundo entero le está volviendo la espalda a Israel porque repudia este uso abusivo de la fuerza blindada contra los jóvenes palestinos desarmados y es hora de que una maniobra política astuta despoje de sus cargos a la camarilla pendenciera que se ha apoderado del poder y devuelva las riendas de la nación hebrea a los líderes racionales que le digan adiós a las armas y abran el camino del diálogo y la paz.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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