LA JIRIBILLA
EL FIN JUSTIFICA A LOS MEDIOS

El camino es el de la destecnologización, humanizarnos en función de un uso más racional y profesional de las tecnologías, en el que no prevalezcan las apologías de efectos, sino de buenos conceptos. Solo de una culturización verdaderamente humanística, resultará un mejor diseño y un mayor compromiso del diseñador con su cultura y sociedad.


Jorge R. Bermúdez |
La Habana


El nuevo humanismo a que se aboca el profesional de la comunicación por la incidencia creciente de la ciencia, la técnica y el arte en los medios de comunicación y su protagonismo en la definición y caracterización de la cultura visual presente y futura, también obliga a retomar la memoria, la historia y, en particular, la historia de los medios. El paraíso que en nuestras búsquedas vocacionales de juventud nos hizo ver la historia del arte, por entonces omnipresente en la docencia del diseño gráfico, no es otro -según Enric Satué-, que la particular forma que cada etapa histórico-cultural logró articular su propia sistemática para informar, persuadir o convencer, de acuerdo con el dominio tecnológico correspondiente y con las dimensiones y complejidades de sus respectivas masas receptoras. Solo ahora podemos comprender que períodos tan ilustres como el Renacimiento italiano, por citar un caso, tenían por núcleo dimanador de su resplandor artístico la cautela como racional actividad científica, proyectual y comunicativa de sus exponentes más representativos.
Leonardo llegó a la pintura por la experimentación y la actividad de proyecto, Durero fue ante todo gráfico, Mantegna diseñó naipes y carteles, Cranach concibió historietas ilustradas para propagandizar a favor de Lutero. La perspectiva fue al Renacimiento, lo que la realidad virtual a nuestra época. Las especies, las drogas... Y el primer slogan publicitario de la modernidad: "Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieran".
Todo lo que entonces se desligó y desnaturalizó a imperativos del desarrollo social y de la naciente economía de mercado, hoy día, por razones idénticas, a un mayor nivel científico, técnico y comunicativo, se liga y materializa como actividad de creación afin a comunicadores, artistas, técnicos y operarios. El trabajo multidisciplinario, el alto grado de especialización de cada uno de los profesionales que intervienen en la creación de un producto comunicativo dado y su posterior masificación por el medio elegido al efecto, no desdicen su condición de ser, a una vez, arte, ciencia y técnica, independientemente de que su función como mensaje se manifieste en la promoción directa de los bienes de consumo y producción o en la información y el entretenimiento. Acaso, ¿lo que Moles ha dado en llamar "opulencia comunicacional" es una nueva Antigüedad, antesala como la primera de otro humanismo, que nos llevaría a superar el concepto macluhaniano de "aldea global" o el más moderno de los ecólogos de "la nave espacial Tierra"? Sea cual fuere el resultado, lo cierto es que el esclarecimiento de la naturaleza de la cultura de nuestra época, marcada como está por el desarrollo de los medios de comunicación, permite, por primera vez, el esclarecimiento de la función social del diseño gráfico y del diseñador y, por extensión, el de la precedencia de su actuar en la sociedad humana desde las primeras formas de escritura hasta el diseño digital.
Presenciamos a un grado más alto de desarrollo otro momento del llamado "eterno retorno". Umberto Eco plantea que no puede prescindirse de leer libros para aprender a utilizar el ordenador. Frutiger, por su parte,
habla de los tipos digitalizados de los ordenadores como de una nueva escritura cuneiforme. En fin, que el hombre no puede escapar de la memoria. A esta noción se aviene la historia de los medios. ¿A qué estudiante no le interesa la historia de la fotografía o la del cine? Tanto una como la otra, desde Niepce hasta Spielberg, bien puede permitirnos un nuevo acercamiento a la historia. Todo depende de la cultura y proyección humanística del profesor llamado a impartir la asignatura.
El programa es el profesor. Si la historia del libro impreso nos retrotrae hasta el siglo XV, la de las primeras formas de escritura hasta los albores mismos de la humanidad. De igual riqueza el interés son las relaciones a establecer internamente en un tema histórico dado. En un primer nivel de análisis, el diseño gráfico del siglo XIX europeo, por ejemplo, nos permite relacionar, tanto por la morfología como por su carácter expresivo, el eclecticismo arquitectónico y el caos tipográfico de la época y, en un segundo nivel, el surgimiento de los tipos de palo seco con el desarrollo de urbe industrial y la imagen de identidad de los nuevos productos industriales. El mismo día de la clase o una semana después, el alumno verá uno o más filmes en los cuales ya podrá reconocer, con sentido histórico y desde una perspectiva de contemporaneidad, algunas de las familias tipográficas, estilos arquitectónicos y diseños estudiados. Con la televisión puede ocurrirle otro tanto, o al hojear una revista u observar un anuncio publicitario. La dinámica visual de nuestra época, por vía de los medios de comunicación de masas, sin dudas, es la mejor base material de la disciplina. A lo que se suma el hecho cierto de que el hombre es fundamentalmente visual. Lo nuevo de la historia de los medios está en la vigencia y actualidad de los medios que historia.
En esta perspectiva también obra su interés de hacer ver en lo posible el "todo" del diseño. Entre otras razones, porque el diseñador gráfico y, por consiguiente, todo comunicador, se desarrolla y perfecciona como un hábil consumidor de cultura. Él deviene heredero primero de todo el legado visual de la historia del arte y del diseño. El artista "puro" es la fuente de sus propios mensajes, el diseñador gráfico, no. El primero puede crear en cualquier parte, el segundo solo puede hacerlo en relación indisoluble con el mundo
que le rodea. De ahí que su grado de culturización visual esté en un primer orden de prioridades en su formación. Lo que en buena medida determinará en la adecuada elección de los elementos conformadores del mensaje, etapa primera y esencial de toda actividad de proyecto. Todo le sirve, menos el desinterés.
Por otra parte, si el diseñador gráfico se presenta como uno de los intérpretes de la prefiguración del futuro, es de comprender, que debe de conocer tanto la naturaleza social, moral y estética de su cultura pasada como la de la cultura universal. Su precedencia secular como pintor de grutas, ilustrador de manuscritos, impresor, diseñador y, por último, comunicador, constituyen hitos desde los cuales atisbar las claves de la nueva humanidad a la que se aboca cada vez más como profesional y creador.
De ahí la importancia en su formación de una visión propia de la historia, sobre todo, cuando el nuevo Renacimiento del que hablábamos al inicio, parece cada vez más perfilarse desde esa suerte de paganismo posmoderno, la tecnolatría.
Justamente, uno de los riesgos que tiene la supuesta neutralidad tecnológica, es hacernos olvidar los rasgos que perfilan nuestra identidad en términos expresivos y estéticos, que es como decir históricos. ¿De qué sirven los menús tipográficos de las computadoras, si el profesional llamado a seleccionar un tipo de letra acorde con el carácter del mensaje que se propone codificar, no tiene la requerida formación para ello? Este hecho, sin duda, se hace aún más preocupante, cuando constatamos que esta falta de profesionalismo generalmente apunta a la domesticación tecnológica, lo que, a todas luces implica, entre otras cosas, que la mediocridad esté en relación directa con la falta de identidad, o sea, con la carencia de una cultura visual tan personal como representativa de los rasgos culturales que posee en común por la herencia. Si, por una parte, es imprescindible para la formación del diseñador gráfico dibujar letras, sentir cómo el pulso aprehende los rasgos de sus estructuras íntimas, para luego comprender el verdadero carácter de estas a la hora de seleccionarlas en la computadora, por otra, igualmente lo es, que posea una visión propia de la historia en general y de los medios en particular, que le de a la imaginación su propio estado y promueva su desarrollo. De lo contrario, la computadora se le impondrá.
Hoy como ayer, para el verdadero profesional del diseño gráfico, primero es el conocimiento, el concepto, después la tecnología. Si a la computadora no se llega 11 con una verdadera cultura humanística, prevalecerá esta por sobre el diseñador y, por consiguiente, sobre el diseño. Es decir, prevalecerá el tecnicismo o el uso indiscriminado de las posibilidades tecnológicas, en ambos casos fermento de la mediocridad. Asimismo, por ese camino, haremos del diseñador gráfico un técnico en computación y al técnico en computación lo elevaremos a la categoría de diseñador gráfico.
Hecho este último, que ha devenido causa de la mayor corrupción profesional dentro del ámbito gráfico de cualquier nación recién incorporada a la Galaxia Gate. Ahora, al igual que en los tiempos primeros de la Imprenta, son más los que juegan con el ratón que los que saben cuando un mensaje dado lleva una determinada familia tipográfica, o cuando esta va con sombra o efectos de volumen, y cuando no. Diseño se ha hecho siempre, bueno y malo, porque siempre ha habido medios de comunicación. Lo que es privativo de nuestra modernidad, son los medios de comunicación de masas. La computadora es la herramienta, no la idea. Manejarla, y manejarla bien, es requerimiento de la época. Como toda buena herramienta, ahorra tiempo y trabajo; mas, la idea, el concepto, es lo que determina el resultado final. A dominar la computadora se llega por el conocimiento instrumental -aun cuando a muchos les interesa crear una aureola de misterio en torno a su manipulación-, a la idea, con el verdadero conocimiento, con la creación. Con la computadora el acto de crear se hace más tangible y activo, porque transcurre casi en paralelismo con el de pensar, reduciendo al mínimo cualquier autorrepresión inconsciente derivada de la complejidad de plasmación de la idea. En una palabra, la computadora lo tiene todo, menos el chip de la creación. Sigue en pie la máxima pitagórica: "El hombre es la medida de todas las cosas".
Y más, cuando estas "cosas" son creadas por él. Quien se sienta frente a una computadora sin ideas propias, jamás sacará nada de ella verdaderamente original, propio. A lo sumo, hará uso y abuso de sus recursos tecnológicos, manejo indiscriminado de tipografías, sombras, texturas, transparencias, rebatimientos, etcétera. Sin embargo, el camino es otro, el de la destecnologización. Es decir: humanizarnos en función de un uso más racional y profesional de las tecnologías, en el que no prevalezcan las apologías de efectos, sino de buenos conceptos. Solo de una culturización verdaderamente humanística, resultará un mejor diseño y un mayor compromiso del diseñador con su cultura y sociedad. Interés último, a cuyo favor debemos resaltar dos aspectos de un mismo hecho histórico y cultural: la gráfica es la manifestación básica del diseño de comunicación visual moderno y expresión primera de la cultura visual americana de todos los tiempos. También Latinoamérica es la primera sociedad de sociedades en formación, en llegar a un proceso de maduración y síntesis de sus respectivas identidades nacionales en una identidad superior. Como antaño, por la cultura empiezan a manifestarse nuestras formas más viables de resistencia e integración.
Nuestro diseño será más nuestro, cuanto más comparta los rasgos culturales que poseemos en común por la herencia. La historia de los medios puede llegar a ser parte significativa de este empeño en lo referente a la docencia y, por consiguiente, contribuir no solo a una formación más integral de los diseñadores gráficos, sino también a crear los fundamentos de la nueva imagen que de América recoja el mundo como propia.

Tomado del boletín Memoria editado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau


2002. La Jiribilla. Cuba.
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