|
LA
JIRIBILLA
CUADERNOS DE UN PERIODISTA
DESDE BUENOS AIRES
Los choques
y golpes recibidos por millones
de argentinos provocan el efecto de
radicalizarles. Las masas han
demostrado que no son pasivas,
que no están listas para aceptar las indignidades y
asaltos sociales, económicos y policiales de los ricos y
su gobierno. No son víctimas, ni paralizados, son
combatientes, gente que se está despertando,
libertadores de ellos mismos.
Jon Hillson |
Buenos Aires
"Somos una república bananera", dice el taxista, "sin
bananas".
Atravesamos las calles de Buenos Aires la noche después
de la llegada de una alta delegación del Fondo Monetario
Internacional, que dará las condiciones al gobierno
argentino sobre "las reformas" que tiene que imponer
para recibir millones de dólares en préstamos.
Dos días más tarde, anuncia el chantaje el jefe de la
pandilla del FMI, Anoop Singh: sobre todo, más recortes
de los presupuestos nacionales y provinciales e
"incentivos que restablezcan la confianza de los
inversionistas extranjeros".
"La crisis argentina es la más difícil que haya
experimentado un país," dice. Sin tales recortes y
concesiones, "sin un acuerdo con el FMI, les va a
resultar mucho más penoso salir adelante".
Pero la verdad es que si el gobierno capitalista
argentino cumple -o trata de cumplir- con las reglas de
los agiotistas internacionales, la situación será mucho
más penosa también.
Porque la Argentina de hoy es la prueba que el
capitalismo, sin la cubierta de la palabra agnóstica y
ambigua "neoliberal", es insostenible.
Es imposible calcular precisamente cuántas marchas,
piquetes, protestas y manifestaciones ocurren cada día
en Argentina.
Protestas exigiendo subsidios para los trabajadores,
técnicos y profesionales despedidos antes y después de
la devaluación, del peso que cortó el valor por 70 por
ciento desde diciembre de 2001. De cada 10 personas
empobrecidas por la crisis capitalista -que ya son 14
millones en una población de 36 millones- seis son de la
clase media.
Pero mientras esta gente lucha para sobrevivir, los
ricos, según Clarín, tienen más de $106 mil
millones afuera del país y casi $30 mil millones
invertidos en bonos y acciones, dinero protegido -igual
a la deuda externa y eterna de Argentina de $142 mil
millones, y mil millones más que su producto bruto
interno, combinado.
En un editorial titulado "Prueba de fe de Argentina" el
Los Angeles Times ofrece su consejo al gobierno
de este país. La Casa Rosada debe sugerir a los
"inversionistas nerviosos…para hacer ingresar a su país
una fracción [de su dinero] como una inversión en el
futuro de Argentina", como "un show de buena fe".
El editorial salió el 1 de abril, día de los tontos.
La gran mayoría de los argentinos -el pueblo trabajador,
muchos de la clase media, profesionales, técnicos,
estudiantes, jubilados, desocupados- se llaman
desempleados y los pequeños comerciantes han perdido
toda confianza en el gobierno y sus dos partidos
capitalistas -Peronista y Radical-, para buscar una
salida de la crisis a favor de las masas.
Grita un grupo de jubilados -hay cuatro millones de
ancianos, casi todos sin beneficios o seguridad social-
contra la "decadencia moral" frente al edificio del
Palacio de Justicia en busca de un pedacito de ella.
"¡Aquí están los parásitos!" dice un anciano en un
micrófono.
"No tengo nada de mi compañía", dice Eduardo,
electricista jubilado, "nada del gobierno, nada, nada,
nada".
"¿Como sobrevive?"
"Mis hijos están trabajando. Sin ellos, estoy en la
calle, como miles en Buenos Aires", dice.
Los abogados, bien vestidos, siempre con el celular,
pasan como si no hubiera ninguna protesta.
¿Reciben apoyo de algunos abogados?"
"Hay millones de abogados", dice Eduardo sin sonrisa.
Marchan docenas de hinchas de Independiente, club de
fútbol que pronto va a quebrar. Ofrecen su ayuda para
salvar el equipo.
Protestan todos los días piqueteros -gente desocupada y
jóvenes de los barrios- en las calles contra el FMI.
Cortan rutas, bloquean puentes, marchan en el lobby del
hotel donde se queda la pandilla imperialista, a fuera
queman una bandera estadounidense, cantan el himno
nacional de Argentina.
Manifiestan sindicalistas del sistema estatal de energía
atómica, exigiendo que el estado pague su salario.
Declaran una huelga de un día los operadores de trenes,
por salario y contra recortes.
Anuncia una alerta el sindicato de chóferes de
colectivos (buses) de una huelga contra recortes de
rutas.
Preparan una huelga 500 agricultores de la
Confederaciones Rurales Argentinas.
Marchan 3 mil piqueteros en Tucumán exigiendo comida
para los desamparados y desocupados.
Estas luchas defienden a todo el pueblo trabajador y
fortalecen su confianza para las batallas más difíciles
que vienen.
Los periódicos burgueses cubren algunos de estos
eventos. Las cámaras y los periodistas de la emisora
Crónica Televisión están presentes en las numerosas
protestas, 24 horas al día, mezclando sus reportajes con
noticias -sensacionalmente- de "crímenes de las calles"
y las loterías nacionales.
También, diariamente, hay noticias de los nuevos pasos
de la crisis:
El 49 por ciento de la gente que vive en la Capital
Federal y conurbano bonaerense está por debajo de la
línea de pobreza, mientras que el 25 por ciento de la
población es indigente no puede comprar la canasta
básica de alimentos.
Hay 170 mil despidos más en el país en el primer
trimestre, 65 000 en marzo -un incremento de 1 800 por
ciento sobre el marzo pasado. "Se estima que en la
actualidad el desempleo podría rondar el 23%", según
Clarín. Aparece el miércoles un nuevo afiche de su
sindicato en las paredes de los edificios del centro:
300 000 obreros de construcción desocupados quieren
trabajar.
Han cerrado 30 000 tiendas en la provincia de Buenos
Aires -de un total de 200 000- solamente desde enero de
2002, es decir, más de 13 cada hora, cada día.
Ninguno de los trabajadores despedidos de las fábricas,
oficinas, tiendas, reciben beneficios de desempleo. Esto
es casi nada en un país en donde hace medio año había
una equivalencia peso/dólar. Desde luego los precios han
subido el 42 por ciento.
La semana del 1 de abril la inflación sube 3,5 por
ciento, cifra anual de más de 180 por ciento.
Se puede ver en el centro de Buenos Aires un afiche
común en las ventanas de muchas tiendas: "liquidación
total".
Aguas Argentinas, sistema nacional de agua potable
-privatizada y en las manos de capitalistas de Francia y
España- anuncia que se suma al default y que
suspenderá el pago de su deuda financiera. Asegura un
vocero de la empresa que el servicio no se verá
afectado.
Antes de diciembre de 2001, hubo 1 200 desamparados en
Buenos Aires. Hoy, "calculamos que hay entre 3 000 y 3
500 personas en situación de la calle", dice
diplomáticamente Gabriela González Gass, secretaria de
Desarrollo Social a Página 12.
¿Qué hacer?
La pregunta de Lenin es la pregunta de todos.
"Karl Marx fue el único economista que explicó
científicamente el capitalismo", escribe Diego Guelar,
embajador argentino en los Estados Unidos, en las
páginas de Clarín, "la teoría de la plusvalía y
su acumulación en quien detenta la propiedad de los
medios de producción".
"Para los que son ideológicamente marxistas, este
procedimiento está muy mal y debe ser suprimido por la
revolución proletaria", dice el diplomático de la pampa.
"Para los que no somos marxistas", dice, "no sólo no
está mal sino que es el motor del progreso social" y
mucho más.
El titular de su artículo es "Hace falta refundar un
verdadero capitalismo en la Argentina".
Dice el embajador al imperio, "los más ricos (de
Argentina) son también los más responsables (para
resolver la crisis). Al menos 30 empresarios deben
arrojar la primera piedra; deben repatriar parte de lo
que han legalmente expatriado y traerlo para ser aún más
ricos pero, esta vez, ser los salvadores de una
Argentina al borde del caos y la desintegración".
¿Las familias super-ricas de Argentina -entre ellos 30
auto-seleccionada, no de hablar sobre sus socios,
lacayos, mozos- van a repatriar "parte" de los $106 mil
millones que han sacado del país, "legalmente", para ser
los "salvadores" del pueblo trabajador más empobrecido
cada día y a la vez llegan a ser "más ricas"?
Esta es la parte de la "solución" del gobierno Duhalde
absurda y utópica. Otra parte -algo que pueden hacer
fácilmente- es claudicar a las demandas del FMI, cuyo
director, Horst Kohler ha explicado con franqueza,
recientemente, "sin dolor (Argentina) no escapará de
esta crisis".
¿El dolor de quién?
Caminamos en La Recolecta, cuyos restaurantes elegantes
están "llenos casi cada noche", dice el mesero Franklin,
inmigrante de la República Dominicana.
¿Hay gente con plata?
"Si, con bastante plata. Las calles se llenan de
tráfico, no de colectivos, sino autos particulares,
nuevos," dice. "Mucha gente vende sus carros para
sobrevivir, pero acá no. Hay bastante plata".
Seguro que sí. Sale en Fashion TV un show espectáculo de
la moda, frente mil ricos en Mar del Plata, bajo el sol.
Mira el público a las modelos flacas, en camisas
transparentes, con las cámaras captando imágenes de sus
traseros también desnudos en "close ups". El locutor
narra la exhibición con una voz entrecortada, lasciva.
Siempre hay diversiones: carreras de caballos, carreras
de automóviles -estilo de Europa- como si no hubiera una
crisis, y para ellos, ya no hay una crisis. Su dinero,
piensan, está seguro. Tienen sus casas, domésticas,
carros, viajes.
Tal decadencia anima un tremendo odio e impulsa condenas
de "corrupción", las demandas de los ahorristas, los
"escraches"-palabra originalmente usada para describir
los repudios públicos de agentes de la dictadura. El 6
de abril, hay un escrache candente contra un juez de la
corte suprema. Tenía que salir de un estadio de tenis
donde estaba mirando una competencia de la Copa Davis.
Estos enfrentamientos ocurren todos los días, los
politiqueros no pueden aparecer públicamente. Los
ahorristas -de la clase media, cuyos $8 mil millones
están congelados en los bancos- reciben simpatía
popular. Invaden los bancos. Protestan afuera. Pintan
graffiti en las ventanas y puertas de sus edificios,
como una mujer ayer en la capital que escribe en la
pared -directamente arriba de la cabeza de un policía
cuya cara no tiene afecto- la palabra "ladrones".
Pero tales protestas significan rabia pero no mucho más.
Son una diversión, un rodeo. El hecho de que esa gente
caldeada va a los bancos con sus carcerolas no
necesariamente avanza la lucha. De hecho, en una acción
en BankBoston, después un pleito con la policía,
comienzan a gritar los ahorristas "hijos de puta".
La lucha contra "corrupción" es intrínsicamente
reaccionaria, aunque mucha gente honestamente cree que
es posible "limpiar" el estado de tal basura. Siempre la
consigna los derechistas-desde hace mucho tiempo es
esto.
Hay que recordar tales campañas lanzadas por los
"Socialistas Nacionales" de Hitler contra los régimenes
de Weimar -corruptos, sí, pero basado en una sociedad
capitalista corrupta, un gobierno burgués que defendía
relaciones capitalistas. La retórica populista sirve
solamente a la derecha porque se confunde y desorienta
al pueblo trabajador que debe aprender a pensar en
términos de clases -para enfocar su lucha y distinguir
quienes son sus aliados y enemigos.
Las campañas electorales de Patrick Buchanan,
ultra-derechista yanqui, siempre hacen su blanco "la
corrupción" de la sociedad "Americana" y de los
"politiqueros"-necesariamente incapaz de expresar la
fuente social de tales síntomas de decadencia moral, el
capitalismo, o la única solución para transcenderla: las
acciones colectivas masivas y solidarias de la clase
obrera, junto con sus aliados populares, en una lucha
para terminar el dominio de capital y la construcción de
un nuevo sistema basado en las necesidades de la inmensa
mayoría.
"La furia pequeño burguesa expresada en muchas de estas
acciones puede prestarse a la demagogia derechista y
fascista", explica Martín Koppel, redactor de
Perspectiva Mundial, revista socialista estadounidense,
durante un foro en Miami después de regresar de su país
nativo como miembro de un equipo periodístico acá.
"Pero es improbable que los fascistas se conviertan un
una fuerza de masas y reciban apoyo decisivo de la clase
gobernante"-como los nazis, después de 15 años de lucha
indecisiva en Alemania-"a menos que el movimiento obrero
se vuelva suficientemente fuerte como para disputar el
poder y pierde oportunidades decisivas para hacerlo",
dice el periodista revolucionario.
Allí acaba de comenzar la lucha, complicada, compleja,
sin liderazgo efectiva, pero sobre todo, real y
concreta.
"Hoy en Argentina hay 5 000 puestos de trabajo desde muy
primitiva y limitada hasta muy avanzada, luchando por el
control, o una voz, de la producción en la fábrica",
dice Raúl Godoy, secretario general del Sindicato
Ceramista de Nuequén, un pueblo a 1 200 kilometros de
Buenos Aires. Más de 330 obreros en la fábrica de Zanon
tomaron control de la planta en diciembre pasado cuando
los dueños -Credit Suisse, Banco Crédito, grupos de
capitalistas italianos- decidieron cerrar la fábrica.
Hoy, están organizando la producción, usando apoyo
técnico dado por estudiantes, académicos y otros
partidarios para vender productos a la gente de la
comunidad.
Hablamos en una oficina de Brukman Confecciones, donde
55 obreros -la gran mayoría mujeres- tomaron el control
de su fábrica en diciembre. Hacen trajes y los venden.
Cuando comenzaron a salir de la fábrica, poco a poco los
patrones, supervisores y secretarias, reconocieron la
necesidad de hacer algo.
En ambos lugares han alcanzado muchos otros
sindicalistas, de la base, porque el sindicalismo
oficial del peronismo es una parte del gobierno y el
estado, burocratizado, autoritario. Una vez la policía
desalojó a las obreras de la fábrica Brukman, pero
retomaron el edificio después una marcha de solidaridad.
Son las luchas más avanzadas en el país.
"No es fácil lo que estamos haciendo" dice Godoy. Es
mucho más que una lucha sobre trabajo. "No estamos
luchando para nosotros mismos. Exigimos "estatización"
de la fábrica bajo nuestro control. Exigimos obras
sociales. Queremos producir para lo que necesita la
gente. Escuelas, hospitales, viviendas. El desempleo
oficial es 20 por ciento. Queremos crear trabajo."
También un nuevo movimiento sindical. "Tenemos una doble
batalla", dice el obrero, "contra el estado y los
patrones y, a la vez, los dirigentes del 'sindicalismo
oficial' quienes están siempre en el lado del gobierno y
de los dueños."
"Somos un ejemplo, sembrando semillas," dice Raúl.
Celia Martínez lleva 10 años en Bruckman. "Nací aquí
como obrera," dice la delegada de la fábrica, una madre
con cinco niños. Las trabajadoras de Brukman y Zanon
están colaborando para unir las luchas en las fábricas
nacionalmente, porque no hay coordinación ni información
común.
Celia es más que una obrera, una luchadora. "Bueno, con
cinco niños es una lucha, pero ahora, en la fábrica, el
mundo ha cambiado completamente".
El sindicato esta presionando al gobierno a tomar la
fábrica, bajo el control de su fuerza laboral.
Mucha cobertura de lo que está pasando en Argentina en
la prensa de los Estados Unidos se enfoca en la clase
media y dice que esta está dirigiendo la lucha, les
digo. ¿Qué piensan?
"Pueden decir eso, pero pienso que no. La clase más
afectada por la crisis es la nuestra. Estamos en
solidaridad con todos los que luchan," dice Celia. "Lo
que estamos haciendo es prueba de lo que podemos hacer.
No los necesitamos [a los patrones]. Este es nuestro
ejemplo."
Dice lo mismo Raúl. El movimiento obrero tiene que estar
reconstruido como un "movimiento social…independiente,
democrático." Están tratando de impulsar este proceso
por medio de su ejemplo. En las asambleas de fábrica,
"todos los obreros tienen voz y voto por igual. Nadie
vive como los oficiales anteriores. Los delegados
trabajan. Si no cumple su deber un delegado, la asamblea
puede terminar con su responsabilidad. Decidimos la
rotación del turno de noche por lotería, el método más
democrático".
Explico la propuesta del embajador argentino sobre las
"tareas" de algunos "30 empresarios". Se ríen los dos
militantes.
"¿Solo 30 ricos, no más parásitos?" dice Raúl.
¿Quiénes van a salvar el país?
"Los trabajadores", dice Celia.
"La clase obrera, sin duda", dice Raúl.
Más tarde habla Raúl frente 40 obreros y obreras sobre
la reunión nacional que viene, un paso adelante para
aglutinar corrientes de la base en lucha. La asamblea
tiene un ambiente serio, en calma, casi tranquilo, llena
de solidaridad. "Ustedes han luchado doble", dice Raúl,
"como obreras y como madres y amas de casa. Entendemos
eso". Hay preguntas, discusión, un intercambio
democrático.
"Tengo 40 años en las costuras", dice Matilde después,
"en tres fábricas. Los dirigentes del sindicato oficial
son los mismos hoy que cuando era joven. Los mismos".
Es el legado del peronismo, después de décadas de
colaboración con la clase patronal. Hoy, solamente el 20
por ciento de la clase obrera esta sindicalizada.
Pero con la lucha de las obreras de Brukman, todo ha
cambiado. Hay mucho menos divisiones entre los
trabajadores, más fraternidad, y sobre todo, dice la
costurera, "más solidaridad".
Comemos con una colega de mi compañera, una ingeniera
desocupada y su esposo, un arquitecto, semi-empleado.
Describe ella con bastante ánimo las protestas del 19 y
20 de diciembre que derrocaron el odiado gobierno de de
la Rua. Algunas de sus amigas y colegas, como ella, ya
son parte del proceso de cambio. "Otras, cuando vean un
piquetero o marcha dicen, 'mira, viene la horda.' Me
molesta mucho cuando dicen algo fascista como esto",
dice Alejandra.
En el pasado, cuando los trabajadores protestaron,
muchos de la clase media decían,
"a mi no importa. No me afecta.
Tengo mi profesión, mi casa, mi carro, mis vacaciones,
mi café, mi teatro, mi cultura".
Pero después de diciembre, no más, es diferente", dice
Alberto.
Usando sus manos, muestra que el espacio "entre la clase
media y la clase trabajadora es menos. La crisis nos
afecta a todos nosotros. Hace poco, si había un
piquetero bloqueando la calle, el chofer estaba molesto,
enojado. Hoy, dice, 'tienen razón.' Es un cambio
importante".
La casa chileno-argentina en el
barrio San Telmo, un centro comunitario, esta llena de
gente, dos salas empacadas. En decenas de mesas, madres,
padres, jóvenes, venden cosas, pantalones, pan, pizza,
cables, ropas, computadoras viejas, platos, una lista
enorme. Pero no usan dinero. Esto es un trueque. La
gente usan boletas de crédito. "Hemos estado organizados
por ocho meses", dice Teresa, ama de casa que hace
pasteles. Pagan con boletas, reciben bienes, a veces
usados o nuevos. "Hay bastante gente desocupada allí"
dice Teresa. Muchas familias usan el trueque. También,
venden por boleta servicios de plomería, peluquería,
carpintería, a veces un abogado, "muchas cosas" dice
Teresa.
Intercambian servicios por servicios o bienes.
"Hay muchos trueques en Argentina", dice, en todos
lugares.
Y aunque el centro está lleno, aunque esa gente han
perdido mucho, el ambiente es amistoso, caluroso,
solidario. Hay olores de comida, los sonidos de
conversaciones, y una voz a través un micrófono. Un
plomero está ofreciendo su trabajo.
Un titular raro: "Quién será el Judas", artículo grande
sobre el papel de argentina en el proyecto yanqui contra
Cuba en Ginebra, con una foto de Fidel. La opinión
pública está con Cuba. En el senado y el congreso
argentino han votado en contra de la condena de Cuba
propuesta por Duhalde y su camarilla. Con poco aviso
previo, llenan un auditorio en la Universidad de Buenos
Aires 600, personas, el 5 de abril para defender a Cuba
y escuchar a su embajador Alejandro González.
La noche del 9 de abril, las legendarias madres de la
plaza de mayo lanzan un mes de actos y celebraciones de
su 25 aniversario de lucha -con un repudio de la
posición de Duhalde- en sus oficinas. Más de 100
personas -veteranos de la lucha y jóvenes- asisten.
"¿Por que empezamos con la solidaridad con Cuba"?
pregunta Hebe Bonafini, presidenta de las madres.
"Porque para nosotros, cada cosa que hacemos, cada hecho
nuestro es en solidaridad con Cuba. ¿Por qué? Porque
queremos informar y transmitir a la nueva generación la
importancia de solidaridad con Cuba, porque Cuba nos ha
enseñado lo que es la solidaridad".
Habla Alejandro González otra vez. Rechaza todos tipos
de esfuerzos para juzgar a Cuba en Ginebra. Sin
mencionar las presiones del FMI contra Argentina,
explica que "nadie va a ordenar a Cuba cuánto va a
gastar en educación pública", y la sala estalla en
aplauso.
"Buscarán a un Judas para introducir su resolución en
Ginebra", dice, hablando del imperio, "pero más pronto
que tarde será expulsado del templo".
Entre ellos que saludan las palabras del diplomático
cubano son siete estudiantes, descendientes del pueblo
indígena de Argentina, mapuches. Dentro de dos semanas,
irán para Cuba, para estudiar en La Escuela
Latinoamericana de Ciencias Médicas. Hablamos después de
la reunión.
- ¿Esta va a ser su primera vez fuera del país?
-"Es nuestra primera vez en Buenos Aires", dice Rubén,
de un pueblito de 100 personas donde no hay ningún
médico.
Con su presencia, habrá 270 estudiantes argentinos en la
escuela. - ¿Qué van a hacer cuando cumplen sus estudios?
Tres contestan en coro. "Practicar medicina en nuestras
comunidades." Están listos.
Bajo la lluvia vienen las madres de la plaza a la plaza.
"No importa el clima," dice una, que llega temprano.
Cada jueves, desde 1977, en la cara de la dictadura
militar, ellas han marchado alrededor de la plaza.
No importa tampoco el clima político.
Marchando con ellos, hablamos sobre la crisis, la lucha,
su trabajo. Son estudiantes de Francia, Alemania, y los
Estados Unidos -una de ellas está estudiando en la
Universidad de Buenos Aires. Su proyecto: Las madres de
la Plaza.
"Han arruinado nuestro país los peronistas," dice una.
"Imagínate, un país tan rico como el nuestro, con
petróleo, con uranio, y hay gente de la clase media
buscando algo en la basura en la noche, allí, en la
plaza," dice otra.
- ¿Cuál piensa que es la salida de la crisis?
Sin vacilar, una madre dice, "un gobierno de la
izquierda, bien de la izquierda, pero más que todo,
joven, con dirigentes jóvenes, con nuevas ideas," luego
una pausa. "¡Y Fidel, un Fidel, necesitamos muchos
Fideles, y los tendremos"!
¿Qué hacer?
¿Qué hará?
Son las preguntas más básicas en Argentina y no
solamente allí.
Hay que hacer un punto. Ha perdido su temor el pueblo
trabajador argentino -y el temor es el arma más
utilizada por los enemigos del progreso humano para
detenerlo. A la vez, la crisis económica sigue, sin
descanso, obedeciendo las leyes ciegas del capitalismo-
capitalismo mundial y su expresión concreta en
Argentina.
Los choques, cambios y golpes recibidos por millones
provocan el efecto de radicalizarles. Las masas han
mostrado que no son pasivas, que no están listas para
aceptar las indignidades y asaltos sociales, económicos
y policiales de los ricos y su gobierno. Luchan,
experimentan, reciben golpes y dan respuestas en sus
batallas defensivas.
No son víctimas, ni pobrecitos, ni paralizados, son
combatientes, gente que se está despertando,
libertadores de ellos mismos.
No puede haber ni una duda de que la trayectoria del
imperialismo y capital nacional y las más básicas
necesidades de la mayoría de Argentina son cosas
opuestas e irreconciliables. La herencia de militancia
laboral renacerá y será multiplicada.
Esta es la gran crisis que va a producir soluciones
grandísimas. La clave de estas soluciones es la
formación de un nuevo liderazgo que merece el pueblo
trabajador de este país en su lucha hasta el fin. Se
puede ver los primeros pasos en las luchas básicas del
pueblo trabajador.
Para avanzar tendrán que trascender -como dijo Marx- "la
mano muerta del pasado que pesa en el cerebro de los
vivos como una pesadilla". Hay bastantes manos muertas
en la pampa, basta ya. Vivan los vivos.
Todas las corrientes de la izquierda de hoy tienen sus
raíces en los fracasos de los años 60, una década
marcada por luchas profundas y radicales de la clase
obrera, sobre todo, el Cordobazo en 1969 y la apertura
de una situación pre-revolucionaria.
Sus debilidades de la izquierda de ayer -sectarismo,
ultra-izquierdismo, oportunismo y reformismo- hoy
constituyen vino viejo -vinagre- en nuevas botellas. Los
guerrilleros del pasado no existen, tenían bastante
coraje pero nunca habían aprendido las lecciones
esenciales del Che y la revolución cubana.
Los anarquistas han aparecido con todo su equipaje
"anti-político".
El factor subjetivo falló antes el golpe de estado
militar brutal de 1976, a pesar de condiciones objetivas
favorables por un momento histórico -perdido, a un costo
enorme. Usaban los asesinos -apoyados y ayudados por
Washington- los errores fundamentales de todos las
corrientes de la izquierda para aplastar los movimientos
populares y a los mejores militantes de la clase obrera.
Sobre todo existe, en una forma u otra como partido
capitalista o burocracia sindical, el peronismo, más
débil que nunca, pero es el obstáculo número uno que el
pueblo tiene que superar.
A pesar de los golpes violentos económicos que sufre el
pueblo trabajador -y habrán muchos más- la crisis más
grave es la de liderazgo, la ausencia de una dirección
amplia, conciente, responsable y revolucionaria,
radicada en y derivada de la clase obrera. "Tribunos del
pueblo," como enseñó Lenin.
Por eso, la Revolución cubana es más importante que
nunca, no como manual ni Biblia, sino como ejemplo
vigente sobre lo que es posible y necesario. Y la
Revolución cubana es un portal a la historia del
movimiento mundial revolucionario y sus logros ricos e
indispensables en la formación de líderes y un partido
masivo y movilizador que reconoce que la masas de
Argentina otra vez tendrán la oportunidad para hacer
historia. Hoy mucho está en juego, de hecho más que en
los 60 y 70 gracias a la profundidad de la crisis
mundial.
Cuando dice la madre de la Plaza sobre la necesidad de
"muchos Fideles" habla sobre calidades e ideas que son
esenciales.
Sólo con tal nuevo liderazgo pueden los hijos e hijas de
la patria natal del más conocido argentino en el mundo,
liberar a su país -colonia del FMI, objeto de pillaje,
sin soberanía- para ser una república de dignidad, tan
libre como la segunda patria de Che.
|