LA JIRIBILLA
LA GRAVEDAD DE LA MANZANA

Chávez, guste o no, en tanto persista el sabor de la discordia, sigue siendo el presidente constitucional de Venezuela; es, incluso, el presidente latinoamericano que más ha sometido a consulta popular y avalado su poder en sucesivos e incuestionables referéndums.


Tupac Pinilla |
La Habana


Una secuencia de una película cubana de finales de los 80, Clandestinos, de Fernando Pérez, se ha inscrito en la memoria colectiva de todos los cubanos. El filme recrea, desde la ficción, la historia real de la cacería, por parte de uno de los esbirros de la tiranía batistiana, de uno de los principales jefes revolucionarios del movimiento clandestino en La Habana. La secuencia tatuada es más o menos así: Del grupo de luchadores delatados, sorprendidos y sitiados, sólo sobreviven aún el héroe y su novia Nereida, que se defienden y se aman sobre una azotea, con la certeza de la muerte, mientras un amanecer espléndido les arranca la noche. El héroe decide entregarse para salvar a su novia embarazada y desciende, con ella cargada en brazos, hacia la calle donde les esperan los asesinos del sueño. Con la impotencia de no poder vender cara su vida, pero con la claridad de conocer el silencio cómplice de los medios, el héroe desgarra la escena y los oídos del barrio, los que nunca mienten, y grita: "Nereida está viva; ¿oyeron bien? ¡¡¡Viva!!!".

Hoy el mundo se despertó con la noticia de que el presidente venezolano Hugo Chávez había sido derrocado por fuerzas de la oposición. Todo había comenzado tres días antes, cuando se convocó a un paro nacional contra el gobierno por parte de la patronal y de la organización sindical opositora. La razón para la huelga era curiosa: No se convocaba por el despido de miles de trabajadores, la miseria o la corrupción administrativa; en realidad el empleo, la justicia social y la limpieza han sido ejes principales del Movimiento Bolivariano. Se llamaba al paro en protesta por la destitución de ejecutivos de las empresas petroleras venezolanas, directivos que fueron separados de sus cargos porque llenaban sus bolsillos por entorpecer la intención de que ese recurso fuera ciertamente venezolano, para todos los venezolanos.
Pudiera decirse incluso que todo había comenzado mucho antes de tres días atrás, cuando ante cada nueva ley que radicalizaba el proceso revolucionario -no hay espacio para las medias tintas en las revoluciones- se radicalizaba también en pensamiento y acción la oligarquía que durante años convirtió en indigentes dueños de nada a los hijos de una nación rica. Pero ya se sabe de qué pie cojean las demócratas burguesías antinacionales de nuestra Latinoamérica y, cuando el petróleo aflora -ya lo decían, curiosamente ayer, los gobernantes del norte-, entonces "...hay que preocuparse".
Olvidemos por un momento las causas reales del enfrentamiento o los más amplios motivos de la batalla de clases que se libraba segundo a segundo en Venezuela; olvidémoslos aún sabiendo que no deben nunca ser olvidados. Ignoremos, en el colmo de la ingenuidad y la inocencia, a los jefes de esta escena y las casualidades que misteriosamente se repiten y bulliciosamente se desclasifican años después en carnaval de máscaras lavadas. Dejemos de lado incluso el parecido con el 73 chileno, en definitiva esos fueron otros tiempos, otro siglo...
Este siglo que nació el 11 de septiembre, esta centuria sietemesina, no necesita de aviones ni tanques bombardeando Miraflores (perdón, La Moneda). Ésta es la era de internet y la informática, de ese cuarto poder berkeleyano que ha convertido en cierto aquello de que la manzana es, sólo si sabe. Entonces, el belicismo mediático, que preparó su terreno hace meses, disparó sus cables y noticias a quemarropa y nos dijo cómo fueron y son las cosas: "Chávez firmó su renuncia" y nadie lo dude, o es que acaso es necesario que lo diga ante las cámaras o que estampe su firma en algún acta? No nos pongamos paranoides; si tenemos un paladar escaso no cuestionemos, por eso, la cacareada existencia de la manzana.
Por último, quiero llamar la atención sobre otra cosa: Chávez, guste o no, en tanto persista el sabor de la discordia, sigue siendo el presidente constitucional de Venezuela; es, incluso, el presidente latinoamericano que más ha sometido a consulta popular y avalado su poder en sucesivos e incuestionables referéndums. Chávez, el presidente venezolano, está preso, y quizás se esté convirtiendo en vicio esta peligrosa moda de apresar a los dirigentes de los pueblos ante los tranquilos ojos de los degustadores de manzanas.
Se me ocurre que el Héroe ahora desciende, quién sabe hacia dónde, justo cuando prometía amanecer, y lo detienen porque no puede vender cara su vida si quiere salvar a su novia, que esta vez se llama Venezuela y está preñada de una revolución en ciernes. Mientras al Héroe lo confinen al silencio, nos corresponde a nosotros desgarrar la escena y los oídos de este barrio mundial, de los que nunca mienten, y gritar: "Venezuela está viva; ¿oyeron bien? ¡¡¡Viva!!!".
 


2002. La Jiribilla. Cuba.
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