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LA
JIRIBILLA Tomamos como punto de partida para examinar este conjunto de valores, en especial, los estéticos y lo de la nación y la libertad, la sentencia: “Necesito ver antes lo que he de escribir” (T 52:128), concepto visionario expresado en uno de los muchos “fragmentos” martianos. En él se define una de las innovadoras prácticas escriturales de Martí y de los creadores revolucionarios de su generación quienes, desde los espacios imaginarios del sujeto moderno, apropiaban técnicas de otras artes, en este caso de la plástica, y las incorporaban en “transposiciones”, o sea, en transtextualizaciones, o si quieren, en “intertextos”que en algunos casos se caracterizaban por transferencias de técnicas asociadas comúnmente con la pintura, o en otros, de “traducciones”verbales – narraciones descriptivas- en las que se intentaba fijar en el arte literario lo que se había dado antes en la creación plástica. En el poema en que el verso “la vida es la ancha arena”aparece, se trata de la segunda de estas variantes. El verso proviene de “Pollice verso”, (versos libres), composición elaborada después de contemplar un cuadro de Jean-Léon Gérôme con el mismo título en la Galería Stewart de Nueva York. Sobre éste y otros cuadros del pintor francés dedicó Martí parte de una crónica enviada a la Nación de Buenos Aires en 1887. En su “carta”al periódico argentino menciona el cuadro dos veces, pero es patente que la tela de Gérôme no figuró entre sus creaciones dilectas, pues sus comentarios no son comparables con las loas que escribió sobre pintores como Fortuny o Zamacois. Observa, por ejemplo, que “..la ‘Carrera’y el ‘Pollice verso’ de Gérôme (son), más célebres que dignos de serlo, puesto que en ellos no iguala al interés del tema la decisión y la sabiduría de la pintura...”(N 19 316; el énfasis es nuestro). ¿Por qué entonces, se puede preguntar, dedica un poema a “Pollice verso”si no lo apasiona el cuadro? Evidentemente fue atraído por el tema como él mismo confesó, y, además, es más que probable que en la creación “barnizada” (3) de Gérôme descubrió el atractivo de unos “símbolos profundos”que tanto lo emocionaro en el caso de la pintura de Fortuny, sobre todo en el cuadro “El encantador”que describió en los siguientes términos: ...”El encantador”revela ese extraño poder del genio para crear involuntariamente símbolos profundos de la naturaleza que lo inspira... La silla es como él (el árabe del cuadro), elegante y fina: ella es la libertad; la vida fiera, en una nube de haschisch; la carrera que inflama el corazón; el turbión de arena en que resplandece la espingarda; la amiga en el peligro y la almohada en la muerte. (N 19 318; el énfasis es nuestro)” Es evidente que Martí descubrió en el arte de Fortuny los elementos que valoraba en la creación artística, -la plástica o la literaria-, es decir, la lucha, el dinamismo, la libertad, conceptos que se manifiestan en su crítica de la obra de Fortuny y en el poema “Pollice verso”donde, como esperamos demostrar, el arte poético se da en función de una ideología de la libertad y la inscripción de la nación, y donde los valores éticos y estéticos se funden en estructuras armónicas y rítmicas. Como crítico de arte Martí captó en el cuadro de Gérôme el sentido de la inspiración del académio francés. Su comentario sobre el interés del tema prefigura el juicio posterior de Alberto Keim quien observó que Gérôme se esforzó por descubrir en la “re-creación”de las escenas de la antigüedad, “los gestos agraciados o violentos de los personajes de antaño, alguna aplicación general. Sin duda alguna deseaba sugerir paralelismos interesantes o graciosos con la vida moderna...” (4). De igual modo Martí percibió paralelismos en su “Pollice verso” entre los eventos de la vida romana, la vida moderna, y la de la nación cubana. Sus enunciaciones sobre el ciclismo histórico, unidas a una afición personal por lo romano, identificaron su alma, quizá sin darse cuenta hasta qué punto, con el comnovedor tema de Gérôme. La historia, traducida en experiencia personal del período de su infancia, seguramente representó un papel decisivo en encariñarlo con la materia del lienzo a pesar de su estilo demasiado académico. Recordando sus días de infancia y su temprana inclinación hacia la idea de pintar en verso escribió: “Quién me dijo a mí, cuando niño aún, y por serlo, osado, intenté pintar en verso la energía imponente de Régulo? Y recuerdo que en mis atrevimientos infantiles, volaba hasta él mi espíritu, y llegaba en el vuelo a imaginarme que tenía de vez en cuando alma romana” (N 19: 146; el énfasis es nuestro). Nuestro argumento, por lo tanto, en relación con el proceso creador martiano,y, volviendo a la sentencia Necesito ver antes lo que he de escribir, con el fin de insistir sobre su trascendencia, es que los recuerdos de la niñez constituyen un pasado actualizado en su arte, un pasado que toma forma consciente o subconsciente en el momento en que contempla la tela de Gérôme en la Galería Stewart. Este proceso genésico y la retextualización que resulta es más que una suposición visto a la luz de la siguiente observación martiana: “Tenemos en el alma dormidas las imágenes. Pintar la vida – no conformarse con ella- “ (N 19 418). Es decir, la vida no está limitada a las circunstancias materiales o visibles, ni a la reproducción fiel de una realidad dada, pues el artista moderno reinscribe y reformula los elementos de la realidad fáctica. En otra ocasión sentenció que la historia del individuo “es un resumen breve de la vida histórica” (N 19 441); razón de más para que le inspire el cuadro de Gérôme, pues en la historia romana descubrió una significación tripartita: el recuerdo de su pasado en el presidio, un comentario sobre el presente, y un vaticinio para un pueblo sufrido y oprimido. Si pasamos de los contextos externos a los internos, podemos apreciar la relación de los temas de la lucha, del gladiador, y del soldado, tan fundamentales de “ Pollice verso” como de otros poemas de sus versos “hirsutos y encrespados”. En ellos el poeta desnudó su alma de mártir frente a la pelea necesaria. En “Media Noche” lamenta su esclavitud e inutilidad, contrastándolas con las corazas de batalla y la gran batalla. En “Pomona” patentiza su deseo de sacrificarse en aras de la humanidad, recalcando su impotencia: gladiador sin combate. Su dilema está expresado en imágenes que nos aproximan al metaforismo de “Pollice verso”, hecho que argumenta a favor de la naturaleza integral de este volumen, y, asimismo de la importancia de los contextos internos en la dilucidación de la creación poética. El léxico de batalla-gladiador, combate, escudo, arena – constituye una manera de reanimarse, de salvar al poeta quien mientras contempla cuadros de Fortuny, Meissonier, Gérôme entre otros, según su propia confesión, “va por la vida como en la cacería la cierva acorralada...” (N 19 311). Pensando en las bellezas que ve en la galería, trata, en su crónica, de reponer su espíritu y observa. ¿Quién que padezca de lo agrio de la vida en esta comunidad sórdida no ha de comparar a esos deleites el de ver, como hambriento sobre quien cae lluvia de frutas luminosas y aladas, una colección de cuadros soberbios, de esfuerzos del pincel de vistosísimas acumulaciones espirituales, de las batallas a cuyo fragor nació este siglo, de los tanteos y afanes con que engaña su actividad aún no madura, de la gloriosa luz y el aire alegre con que la edad nueva se prepara a reanimar, con los flancos abiertos y encendidos, la dulce religión pagana? (N 19 311; el énfasis es nuestro). Los conceptos de lucha, de un fragor epocal, la noción de una nueva era en la cual los conceptos del pasado de reanimarán son fundamentales en la gnoseología martiana y en el ideario modernista. Al mismo tiempo estos elementros establecen el puente entre la exposición teórica de la crónica de 1887 y una concretización por medio de la simbolización visual del poema, todo, desde luego, a la sombra de la inspiración de Gérôme. Las palabras de la crónica constituyen una infraestructura matriz, una relación en lenguaje discursivo de las normas que el poeta incorporará en su creación poemática. En el “Pollice verso” las vivencias se evidencian en los recuerdos del presidiario; “Memorias del presidio”, el subtítulo del poema, nos remite a la consideración de uno de sus temas claves: la libertad negada. En la composición, desde un principio, el poeta ofrece el testimonio de un pasado cruel; y anticipando la lucha, intenta suprimir la espiritualidad y la sensibilidad simbolizadas en la imagen “desnuda la cabeza/De tocado y cabellos”. Narra su visión de una realidad personal: “y yo pasé, sereno entre los viles”. La memoria de los horrores pretéritos no lo abate. Al contrario; lo alienta pensar en la batalla que se prepara y en la llegada de la “edad nueva”: “Zarzal es la memoria; mas la mía/Es un cesto de llamas”. La cultura a la cual el poeta alude en la crónica de arte – “la dulce religión pagana” se traduce en el poema en una insistencia sobre el valor del pasado para el presente y el futuro: “a su lumbre (de la memoria)/El porvenir de mi nación preveo. Y lloro”. Este pasaje pertenece al concepto del “Martí futuro” que tanto ha iluminado Cintio Vitier en su ensayo del mismo título (5). Pasado y porvenir, ambos, se rigen por una nueva temporalidad, por un deseo de armonía pitagórica, al “reanimarse” lo pretérito en formas ya risueñas, ya “ásperas y fatales”:
...Hay leyes en la mente, leyes
Cual las del río, el mar, la piedra, el astro La vida, concebida en términos sistematizados resulta un conjunto de fuerzas contrarias –“ hiel para los míseros”; “Tokay para el feliz”. Pero el cariz del destino suele ser sombrío:
...La vida es grave, Para el espantado que quisiera emprender la fuga frente a visiones oníricas que lo asedian la vida es:
...sierva ligada El léxico del sufrimiento de la primera sección del poema (versos 1 a 43) – sierva (dos veces), arrastra, escondidas riendas ponderosas, atada- prepara el camino para la segunda sección en la cual Martí “reanima” (reflejando las palabras de su crónica de arte y siguiendo el planteo de Gérôme) un tema de la antigüedad, con especial relevancia para las “batallas” de “este siglo”. Desde la línea 44 la tela del pintor francés orienta al poeta: “Circo la tierra es”, alusión a los juegos romanos del circo, palabras que retoman, a modo de una variación musical, las anteriores de la línea 36: “La vida es grave”. Son dos sentencias complementarias que resumen la visión melancólica que Martí revela en numerosas ocasiones: la de la existencia del hombre como un desengaño. Una tercera variación aparece en el verso 49: “La vida es la ancha arena”. Con las tres definiciones de la tierra y de la vida, paso a paso el poeta nos aproxima al tema y al lenguaje expresivo del cuadro de Gérôme. Poesía y pintura se entremezclan, siguiendo el poeta de cerca al pintor a partir del v. 50. Las pinceladas visuales se multiplican – “ver antes de escribir”: “Pero miran” (v.53), como antes, “me aterro/de ver” (vv.12-13), y después, “¡Oh qué visión tremenda” (v.74), “¿Veis las carrozas...” (v.85); “¡Pues ved que los extraños os desdeñan” (v.91). Del v. 50 al 59 Martí se ciñe a la transposición del cuadro. ¿Cómo? Falta por completo la descripción física del escenario, con detalles sensuales y cromáticos. De hecho, si no fuera por la inclusión de las palabras “la vida es la ancha arena” (v.49), no tendríamos noción exacta de dónde transcurre la acción. Para explicar la naturaleza peculiar de la escena es menester volver a la caracterización de la pintura de Gérôme y tener en cuenta el hecho de que la idea del cuadro ejerció mayor fascinación sobre Martí que la ejecución del pintor. O dicho de otro modo, la plasmación del tema por Gérôme le pareció deficiente, y, por consiguiente, del lienzo sólo tomó el concepto. La insistencia de Martí sobre el concepto se patentiza en el estilo directo, sin trabas, pero apasionado. Los versos correspondientes a la transposición carecen de una abundante adjetivación descriptiva; las parcas caracterizaciones sirven, en la mayoría de los casos, para sostener y subrayar la nota moral del poema, en especial, el desprecio del revolucionario por los entreguistas: cobarde, laxo, servil, implacable, ruin, flojo son las palabras claves. En apoyo de este tono acusatorio es el elemento visual que Martí elige del cuadro original – el valor testimonial, es decir, la mirada del público y la del rey quienes presencian la debilidad de los luchadores: callados miran, verbo visual repetido después en la frase deliberadamente corta: ¡Pero miran! Esta es una mirada que aumenta la vergonzosa debilidad de los oprimidos. La transposición es de duración corta – nueve versos-, una manifestación de que el interés del poeta está vinculado más estrechamente con su lectura subjetiva del cuadro que con los valores fácticos del mismo. En su pintura Gérôme, con expresión estática y fatídica, nos deja suspensos, representando a las vestales haciendo su decisión negativa e irrevocable. El mensaje de Martí es otro; el poeta revolucionario es incapaz de cejar en la faena de levantar el espíritu humano y de ennoblecer la humanidad. Su sufrimiento, personal, material vivencial de sus versos libres, no debilita su fe en el futuro de todos los hombres: “El arte –señaló una vez- tiene un mismo elemento; y sin saberlo, va siempre al mismo objeto. Parte siempre de los hombres; va siempre a mejorar a los hombres por la emoción; sin sentir que mejora” (N 19 420). De ahí la necesidad de completar el relato, de retextualizar el cuadro. Además Martí cree, como ya lo hemos visto, en leyes metafísicas, leyes que determinan la vida del hombre, del destino del individuo y de un pueblo: “Y el suelo triste en que se siembran lágrimas,/Dará árbol de lágrimas. La culpa/Es madre del castigo”. El que se deja vencer sufre las consecuencias de su pasividad. El fallo de las vestales de Gérôme es inaceptable al poeta que inscribe un mensaje alterno. Urge rechazar el fallo, pues rechazándolo se gana el derecho a un destino diferente. Así llegamos a la conclusión de la segunda sección, y a la agonía colelctiva que él, como mártir y revolucionario asume. La tercera y última sección de “Pollice verso” (vv.62-92) constituye la concretización del principio de reconstituir el pasado, de demostrar la existencia de parelelismos y de ciclos históricos. Con especial atención al dolor patrio, la visión de Gérôme de la segunda sección se transforma en exhortación severa:
...cada acción es culpa El visionario, el pintor en verso, acude a los procedimientos de la plástica, y crea para su pueblo oprimido un cuadro del nefasto sino que les corresponde a los que se niegan a luchar por la libertad del pueblo. Terminarán éstos como los débiles de Gérôme cuyo detallismo representativo se esfuma en la creación martiana de geografía indeterminada:
Y
bogan (los culpables) en silencio, Los detalles sensuales abundan en ésta como en la sección anterior. El lujo contrasta con el destino triste de los culpables, los silenciosos, los dóciles. Tal oposición de valores –planta suntuosa- raza ruin subraya lo fáctico de la estética y la plástica martianas, y a la vez, constituye un comentario sobre su concepto de la función del arte:
Y
la albarda de plata suntuosa En la concatenación de las secciones de “ Pollice verso” Martí no sólo aunó valores plásticos y literarios sino que logró combinarlos con una sensibilidad musical y armónica; esta se evidencia en la estructura tripartita del poema. Las tres secciones sugieren tres movimientos o tiempos de la estructura de la sonata, y comprenden una totalidad orgánica con sus temas, subtemas y recapitulaciones. Los temas de sufrimiento, lucha, culpa -la del poeta que no cumple con el destino), de batalla, vergüenza (la del inactivo y aprisionado) son los motivos de la composición musical. El cuadro de Gérôme sugiere el título, pero además, en la segunda sección ofrece un momento de remanso – como el segundo movimiento de la sonata- mediante el cual el pasado se vincula con el presente. El primer movimiento y el tercero son de motivo parecido: el tercero retoma el tema del primero – es decir, el sufrimiento y la opresión relatados en un plano personal (vv. 1-20), y luego, en forma abstractra (vv.20-43). El segundo tiempo comienza con una nota general ya anunciada hacia el final del primer tiempo. Al retomar el hilo de la composición en el v. 62, tercera parte, la nota vital, preludiando el dinamismo y la fuerza exhortadora finales, adquiere una calidad casi estridente: “Alza, oh pueblo el escudo...”. sobreviene una transición visionaria (vv.66-89), y por fin, la conclusión tajante que plantea de nuevo el tema de la culpa de los que no luchan por la emancipación.
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Pues ved que los extraños os desdeñan Visto en su totalidad “Pollice verso” es una representación de la vía crucis del creador enfrentado con su destino y convencido de poder conquistar para América, para Cuba y para la humanidad un nuevo mundo, un mundo alternativo, distinto de la nueva vida burguesa. Para triunfar urgía despertar la conciencia humana. De ahí la importancia de este poema dentro del ideario y de la vida de Martí. Es un poema que hoy, como ayer, constituye un llamamiento. Es un poema de futuridad que lee las realidades actuales. En estos versos visionarios el angustiado artista afirma un pensamiento fundamental de su existencia y de su nación: “Cada acción es... premio que del futuro mal próvido libra!” Este axioma social, expresado con formas plásticas y musicales deja recuerdos que todavía “queman la memoria”. Libertad social, libertad artística. En el arte martiano, como esperamos haber demostrado, hay un dinámico proceso armonizador de elementos considerados tradicionalmente antagónicos, o inconjugables. Estos sin embargo, textualizados en formas novedosas por los artistas del modernismo ofrecían la posibilidad de alcanzar el ideal epocal de flexibilizar, ennoblecer y ampliar el rutinario y desgastado lenguaje académido. Tanto Martí como los creadores revolucionarios de la segunda mitad del XIX reconocieron que el mundo se iba transformando radical y velozmente, y, para incorporar o rechazar las nuevas estructuras sociales, culturales y económicas se requería un nuevo lenguaje capaz de encerrar la naturaleza del universo moderno. Martí, por ejemplo, encontró la vida personal “dudadora, alarmada, preguntadora, inquieta, luzbélica” (T 20:50); la social y política, llena de estructuras coloniales y peligrosa para el futuro de las repúblicas hispanoamericanas. De ahí su empeño contracultural y el proyecto de reconstrucción que define su producción literaria. En su labor emancipatoria y anticolonial entre los múltiples textos que se insertan en su discurso los del arte plástico constituyen un fondo de sugerencias y de inspiraciones con una gran relevancia política, pues por medio de un discurso crítico – las crónicas de arte- y las transposiciones - de su prosa y verso- propone un proyecto de independencia y de libertad que inspira y alecciona hoy en día. |
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