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LA
JIRIBILLA
LA HUELLA MÚLTIPLE:
EL ALUD DE LOS SIGNIFICADOS
Abre sus
puertas en tres sedes de Ciudad de La
Habana -el Centro de
Desarrollo de las Artes Visuales, la Fototeca de Cuba y
La Casona-, la cuarta edición de
La Huella Múltiple.
Carina Pino-Santos |
La
Habana
Recién abiertas sus puertas en tres sedes de
instituciones de arte en la Plaza Vieja: el Centro de
Desarrollo de las Artes Visuales, la Fototeca de Cuba y
La Casona, la cuarta edición de La Huella Múltiple
emerge como la más abarcadora de las realizadas hasta el
momento, desde su primera edición realizada en 1996,
año en que surge como una propuesta
imprescindible ante la intensidad estética y conceptual
que traía consigo la promoción de emergentes grabadores
cubanos, a comienzos de la década del noventa, a la vez
que se conformaba como alternativa necesaria para
legitimar un arte insuficientemente explorado por la
crítica, la promoción y el mercado.
Y pudiera decirse que, ciertamente, está hallando el
reconocimiento en circuitos principales
-la Huella anterior viajó a la galería
106, Flatbed Gallery´s 2001, en los Estados Unidos, y
fue merecedora del premio a la mejor exhibición del año,
otorgado por la Junta de Críticos de Arte de la Ciudad
de Austin, Texas-, y que también
ha expandido sus márgenes, más allá incluso de nociones
de ruptura con la bidimensionalidad, ahora sus curadores
se han propuesto no sólo dinamitar los confines de las
manifestaciones gráficas convencionales, sino integrar a
la curaduría todas aquellas obras que impliquen la
factibilidad de la reproducción múltiple, ya sea en
técnica o incluso, en la referencia a la idea de su
multiplicación.
El vestigio, como impresión de un anterior modelo, el
desdoblamiento o la simultaneidad del original y su
copia, la posibilidad de su aparición en instalaciones,
performances, fotografías, y el diálogo con la
convocatoria del título del evento, con la significación
sociocultural en los tiempos actuales, para los
curadores, una propuesta que ofrece el punto de vista de
su “inserción como sintomatología general del contexto
actual del arte y la sociedad contemporáneas”.
A la entrada del Centro de Desarrollo, mujeres-maniquíes
exponían ingeniosos modelos con estampados, obras de
Liang Domínguez. Iván y Joan Capote se ataban especiales
sandalias de finas tiras de cuero para dejar sus pisadas
en un círculo de tierra. Abel Barroso también realizó un
performance, al caminar por la sala cual hombre-robot,
forrado de cajas realizadas con impresiones xilográficas,
saturadas en su imaginería satírica y sociológica. En el
otro extremo, y más apegado aún a las tradiciones del
grabado, Andy Rivero, coherente con una labor anterior,
problematiza las nociones de gráfica y pintura, de
abstracción y figuración en su obra colagráfica
Pensando en el camino y la luz. Alain Pino confiere
al soporte una solidez dramática, y simultáneamente leve,
la imagen única y a la vez repetida en cada pieza, de un
rostro fijado sobre el cristal, en ademán de intentar
una bocanada de aire fuera del agua. Marlon Castellanos
expone versiones del concepto de transculturación en
blancas hamacas, él como Frank Martínez, con retratos ha
grabado seres del entorno cotidiano; al frente, mediante
bocinas, el espectador puede interactuar, al escuchar
los criterios de personas del pueblo sobre lo que
consideran lo propio: una indagación que parte de
investigaciones sobre la identidad y que halla
eficientes medios expresivos en esta obra, Lo
inherente a nuestra cultura. Diferentes impresiones.
Fernando Rodríguez ha ubicado pequeñas figurillas de
hombres de pueblo, agrupadas en el piso, en la pared y
empaquetadas en bolsas con la clasificación de sus
cantidades y una pesa.
La Huella Múltiple continúa favoreciendo disímiles
lecturas, y también se sigue conformando como un espacio
para el diálogo, la revitalización y examen de
problemáticas actuales del arte contemporáneo cubano.
Los que siguen, serán, sin dudas, días fértiles en las
conferencias y talleres en el Instituto Superior de Arte
y en las galerías de la Plaza Vieja.
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