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LA
JIRIBILLA
EL OTRO ÁNGEL
Lezama quiso representar el espíritu inquieto de los
cubanos y el espíritu inquieto de los tiempos que se
estaban viviendo en su Ángel de la Jiribilla. Pero desde
que leí A partir de la poesía, La Jiribilla está
indisolublemente unida, en mi mente, a la permanente
inquietud del intelectual.
Margarita
Fazzolari|
Nueva York
En la primavera de 1995 alguien se me
acercó con un mensaje de Abel Prieto:
– Dice Abel si puedes organizar una exposición de
pintores cubanos de Cuba y de afuera, en Nueva York.
El proyecto se las traía, pero como yo nunca había
organizado una exposición, no lo sabía. No se me ocurrió
siquiera chequearlo con Abel. Empezamos a reunirnos un
grupo de personas que incluía a Iraida López, el Dr.
Pérez Mesa, Sonia Rivera, Mirta Quintanales y Ricardo
Prieto. Después de muchos tumbos una curadora nos
presentó un presupuesto de $60 000, dinero que no
teníamos. La misma curadora nos dijo que ella estaba
dispuesta a escribir una propuesta para una donación,
pero a nosotros nos asustó la cantidad y hubo quien dijo
que era más del doble de lo que se necesitaba, aunque la
persona en cuestión no sabía nada de curaduría. El caso
es que fue imposible ponerse de acuerdo para escribir la
propuesta para hacer la exposición, pero de ese fracaso
surgió la sociedad cultural Jiribilla Cuban
Culture Association.
Yo sugerí el nombre inspirándome en Lezama Lima y su
artículo A partir de la poesía, donde enumera las
eras imaginarias como “metáforas vivientes, milenios
extrañamente unitivos, inmensas redes o contrapuntos
culturales”. Estas eras son diez con referencias
milenarias como lo chino, lo órfico, lo azteca, etc. y
al final de ellas irrumpe inesperadamente la Revolución
cubana como la décima era imaginaria, en el elogio más
grande que he leído jamás de la Revolución, reflejando
el optimismo vital del momento (1960) y termina con una
invocación al ángel de la jiribilla para que esa promesa
histórica se haga realidad:
Ligereza, llamas, ángel de la jiribilla. Mostramos la
mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un
pueblo en la tierra. Luz que lleva en sí su vitral y su
harnero. Luz que encuentra siempre su ojo de buey, para
descomponerse en la potencia silenciosa de la resaca
lunar.
Ya la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la
era poética entre nosotros. Ahora podemos penetrar,
ángel de la jiribilla, en la sentencia de los
evangelios: “Llevamos un tesoro en un vaso de barro”.
(Introducción a los vasos órficos. Barcelona, 1971, pág.
181 y 182).
Sugerí el Ángel de la Jiribilla, pero hubo otros que no
comulgaban con el ángel, lo que determinó que se quedara
en Jiribilla solamente.
Fue una organización pequeña, que de las grandes obras
que pretendía hacer, se quedó en pequeñas obras pero muy
amorosas. Hicimos frecuentes lecturas literarias en Casa
de las Américas, NY, donde se presentaron escritores de
toda Latinoamérica y España, co–auspiciamos eventos como
Primer Encuentro de Intelectuales y Artistas Cubanas,
1996, la primera y la segunda Conferencia Internacional
de Escritoras y Artistas del Caribe Hispanoparlante, NY,
1996 y 1997. No expusimos pinturas, pero sí parches;
trajimos dos series del Grupo Parche que exhibimos en
Jadite Galleries, NY, en York College, y en Jersey City
College, en 1996. El mismo año expusimos en varias
escuelas, en Borough of Manhattan Community College y en
Casa de las Américas, NY, dibujos y acuarelas de niños
cubanos del Grupo de Expresión Creativa. La exposición
cerró con una fiesta en la que participaron los niños de
la misión cubana ante la ONU.
También hicimos diversas donaciones a la Biblioteca
Nacional José Martí y al Instituto de Literatura y
Lingüística. En 1998 llamamos al concurso de cuentos
Jiribilla con 12 concursantes de los que recibió el
premio Francisco García González por su “Color local” y
mención Adelaida Fernández de Juan por su “Tiempo de
rosas”. Y cerramos con broche de oro organizando la
donación de libros cubanos a tres bibliotecas de Nueva
York: Donnell Library, Baruch College y St. John’s
College. Para festejar la ocasión trajimos a tres
personas: Anna Lidia Vega Serova, cuentista; Nuria Gregori Torada, investigadora y Daniel García Santos,
director de la Editorial Letras Cubanas.
Desavenencias, que nunca faltan, y escasez de dinero
hicieron que cerráramos la organización, pero yo me
había encariñado mucho con el nombre y cuando formé una
corporación en el 2000 para vender libros cubanos en
Estados Unidos le puse el nombre de Jiribilla Books &
Things. Creo que Lezama quiso representar el espíritu
inquieto de los cubanos y el espíritu inquieto de los
tiempos que se estaban viviendo en su ángel de la
jiribilla. Pero desde que leí A partir de la poesía,
la jiribilla está indisolublemente unida, en mi mente, a
la permanente inquietud del intelectual.
Margarita Fazzolari, president
Jiribilla Books and Things, Inc. NY
www.angelfire.com/poetry/jiribilla
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