LA JIRIBILLA
POR LA ORDEN JOSÉ MARTÍ
 
"Como es de José Martí, simplemente contamos esta Orden; y la aceptamos porque en lugar de envanecernos, nos limpia de toda vanidad y nos pone a disposición de la patria para siempre".

Cintio Vitier |
La Habana


El mismo día que el Ejército Rebelde entró en La Habana, escribí un poema titulado El rostro, el cual terminaba testimoniando que "en estos campesinos, y no en ningún libro ni poema ni paisaje ni conciencia ni memoria, se verifica la sustancia de la patria como en el día de su resurrección".

Durante la primera conmemoración del 26 de Julio después del triunfo revolucionario, volví sobre la significación de aquella experiencia con los siguientes versos de La fiesta:

En vano intentará la oscura historia
robarnos el fervor de esta jornada:
en roca de salud hubimos gloria,
supimos que la luz vence a la muerte,
y vimos como al fondo de la nada
te alzaste, patria de oro, mujer fuerte.

Este haber visto, desde el amanecer de un año inmedible, a la Revolución triunfante como una resurrección histórica no me ha abandonado nunca, ha estado conmigo en los momentos difíciles de diversa índole por los que todos, de un modo u otro, hemos tenido que pasar en estos cuarenta y tres años de aprendizaje, lucha y creación.

De pronto supimos que siempre habíamos esperado y deseado exactamente aquello, lo que aquel día sucedió para nosotros y para todos: el suceso inviolable que era como una visión histórico-poética deteniendo el discurso temporal. De pronto supimos que toda nuestra pasión por la poesía, como ya lo veníamos presintiendo en las vísperas, era pasión por la patria, y que ese era, para nosotros, el mensaje fundamental del hombre en que ambas vocaciones se fundían: José Martí.

Además de haber sido confesada, por quien podía hacerlo, su autoría intelectual, el mandato martiano ha pasado por todas las pruebas posibles y siempre ha respondido como fundación y como futuridad invulnerables. Él es el a priori vital y la teleología sin fin de la patria.

Otros habrán recibido e! impacto de aquella arrasadora experiencia de enero del 59 desde sus principios ideológicos. No fue mi caso. El mismo año del Asalto al Cuartel Moncada había entrado en la Iglesia de los sacramentos. Era así, quién lo diría, con el auxilio de los místicos españoles y los poetas católicos franceses, con el dolor de la República maltrecha, marchando desolado en el multitudinario entierro de Eduardo Chibás y compartiendo mi estudio sobre Lo cubano en la poesía, como me iba preparando para recibir a aquel Ejército Rebelde que tan dichosa e inolvidablemente nos invadió.

A partir de aquel momento, cada vez han tenido menos importancia las vicisitudes personales; cada vez las experiencias, sin perder la base de intimidad sin la que no hay verdadero aprendizaje humano, han sido más colectivas, más comunitarias, más populares. Cada uno ha tenido su camino, pero la Revolución ha sido y es el horizonte de todos nuestros caminos.

Como es de José Martí, simplemente contamos esta Orden; y la aceptamos porque en lugar de envanecernos, nos limpia de toda vanidad y nos pone a disposición de la patria para siempre.

Hoy que la que Martí llamara "política de acometimiento" yanqui nos amenaza más que nunca en un contexto hegemónico mundial, sabemos mejor que nunca antes lo que significa la disyuntiva de servir a la patria o servir a su enemigo. Más allá de todos los estudios  dedicados a la vida y la obra del Apóstol de Cuba, sin duda necesarios, lo que él nos pide convertir su palabra en acto, que es lo que también nos pide, desde su raíz hasta su flor, la poesía.  

PALABRAS DEL POETA CINTIO VITIER EN EL ACTO DE ENTREGA DE LA ORDEN JOSÉ MARTÍ. CONSEJO DE ESTADO, 30 DE MAYO 2002.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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