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LA
JIRIBILLA
DEMOCRACIA EN EE.UU:
UNA LECCIÓN PARA CUBANOS
¿Por qué está tan interesado el gobierno
federal de EE.UU. en la democracia y en las elecciones
en Cuba? Después de todo, los cubanos no son ciudadanos
estadounidenses. ¿Por qué gastan un dólar por cada
cubano, no importa la edad, para promover la
"democracia"? Supongo que 6 millones de cubanos son más
importantes que 80 millones de ciudadanos
estadounidenses.
Nelson P. Valdés
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EE.UU
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
El 22 de abril de
este año, USAID anunció su ciclo anual buscando
proposiciones para su Programa "Comunicar con el Pueblo
Cubano" para 2002. (M/OP-02-916). Desde 1996, USAID ha
otorgado más de 15 millones de dólares "para apoyar la
transición de Cuba a la democracia". El gobierno de
Estados Unidos ha estado tan preocupado por la
"democracia" en la Isla que ha gastado más de un dólar
por cada niño, adolescente y adulto cubano en la Isla.
Se espera que los "candidatos exitosos" – dice el pedido
de proposiciones– "aumenten el flujo de información
exacta sobre la democracia, los derechos humanos y la
libre empresa hacia, desde, y dentro de Cuba." Cada
candidato puede recibir una suma que va desde 400.000
dólares hasta un millón de dólares.
Aunque el dinero de los contribuyentes termina en los
bolsillos de los exiliados cubanos, hemos decidido
escribir este artículo y publicarlo en un periódico
cubano, sin cobrarle a nadie. Por cierto, esperamos que
contribuirá a una profunda comprensión por parte de los
cubanos de cómo funciona la "democracia" en Estados
Unidos, donde vivo. Además, tal vez la Sección de
Intereses de EE.UU. en La Habana distribuya esta
información a todos los cubanos que la visitan para
aprender algo sobre el sistema democrático
estadounidense y la "economía de libre mercado" (o sea
el capitalismo) –que es un objetivo declarado de la
política estadounidense. Un aspecto fundamental de la
democracia es el sistema electoral. Hay que saber que en
nuestro sistema democrático los candidatos a presidente
tienen un límite de lo que pueden gastar –si reciben
fondos federales. Sí, el gobierno federal puede
financiar candidatos (pero solo si han obtenido un
cierto porcentaje de los votos en una elección anterior.
Se podría pensar que tal práctica no es justa para
los partidos políticos nuevos, pero como lo indicó el
Presidente Jimmy Carter, el mundo no es justo.)
En la elección presidencial del 2000, la Comisión
Electoral Federal (escribe las reglas para los gastos)
estableció que si un candidato a presidente acepta
fondos del gobierno, el candidato puede gastar 40,5
millones de dólares para lograr la nominación de su
partido respectivo (demócrata o republicano). En Estados
Unidos el partido político no selecciona un aspirante,
más bien son los candidatos que se proponen al partido
–y eso cuesta dinero. Una vez que el partido político se
decide por alguien para que sea
candidato, entonces el candidato
del partido puede gastar hasta 67,5
millones de dólares durante la elección presidencial.
Asimismo, cada uno de los dos partidos políticos también
puede gastar hasta 13,6 millones de dólares para su
respectivo candidato. Cada partido puede gastar otros
13,5 millones de dólares para cada una de las
convenciones de los dos partidos. En total, cada uno
tiene un límite para sus gastos de unos 122 millones de
dólares. Si se declara de acuerdo con el financiamiento
público, [cada partido] recibe del gobierno federal
otros 122 millones para cada candidato.
En otras palabras, cada candidato podría gastar la modesta
suma de 244 millones para llegar a ser Presidente de
Estados Unidos. Se podría pensar que es muchísimo
dinero, pero como dijera una vez W.C. Fields, nosotros
en Estados Unidos obtenemos el mejor presidente que se
pueda comprar con dinero. Sin embargo, hay que
comprender que los límites de gastos no son aplicables
si un candidato decide no aceptar el financiamiento federal,
entonces el cielo es el límite para lo que puede gastar
en su campaña.
Aunque este es un aspecto fascinante de la democracia de
mercado, no constituye la principal preocupación de este
informe. Tampoco quiero discutir las "ineficiencias" del
recuento de los votos. Probablemente habrán oído hablar
del tema durante las últimas elecciones presidenciales.
Déjenme limitarme a decir que en la última elección se
perdieron realmente 5 millones de votos incluyendo los
votos no contados. Es uno de esos fenómenos que siguen
siendo uno de esos misterios que nuestros científicos no
han logrado comprender o explicar, simplemente suceden.
Pero sabemos que es más fácil trazar la trayectoria de
los neutrinos que capturar la invisible mano de la
democracia.
Este informe, sin embargo, va a hablar de demografía. Y
vamos a concentrarnos en el registro de votantes y en
las votaciones en las elecciones presidenciales de hace
dos años (2000). Para aquellos que puedan dudar de la
información utilizada, vale la pena mencionar que el
material proviene del informe del Buró del Censo de
EE.UU. publicado en febrero de 2002, con el título de
Votación y Registro en la Elección de noviembre de 2000:
Características de la Población.
En el año 2000 hubo 203 millones de estadounidenses en
edad para votar (más de 18 años). De esos 203 millones,
186 millones eran ciudadanos de EE.UU. y tenían derecho
a voto, hay que realizar activamente el papeleo
necesario para convertirse en un "votante registrado".
Así que, 56 millones nunca se registraron para votar. De
los que se registraron para votar (130 millones), 19
millones tampoco votaron. Así que, 56 millones más 19
millones, son 75 millones de personas que pueden votar y
que simplemente no lo hicieron. De los 186 millones de
estadounidenses que pueden votar, 111 millones lo hacen
–aunque 5 millones de votos desaparecen por arte de
magia. En cierto sentido votan, pero no son contados,
así que terminamos con 80 millones de estadounidenses
que no forman parte de la experiencia democrática
estadounidense.
En la elección presidencial pasada, votó solo un 27,5
por ciento de los "Hispanics" [latinos] (incluye
a los cubano-estadounidenses) que eran ciudadanos. De
cada 100 latinos, 42 no estaban registrados. Un sesenta
por ciento de todos los desocupados de EE.UU. en edad de
votar no lo hicieron, y sólo un 51% de los que tienen
empleo decidieron participar. En nuestra democracia de
mercado, la participación de los electores, sigue muy de
cerca al nivel de ingresos. Mientras mayor el ingreso,
más gente vota. Un 72 por ciento de los que tienen
ingresos de 50 000 dólares o más votaron. Pero, si el
ingreso era inferior a 10 000 dólares, entonces un 62
por ciento simplemente no votó.
Existe una correlación entre el nivel de ingresos y de
registros, así como de participación de los votantes.
Mientras más pobres los estadounidenses, menos
participan en el proceso democrático. Hay que saber
también que la tasa de participación en las elecciones
en EE.UU. ha disminuido permanentemente desde los años
60. Así que tenemos 80 millones de estadounidenses que
debieran participar en las elecciones pero no lo hacen.
Son ciudadanos de Estados Unidos. En realidad, en la
última elección presidencial solo un 49 por ciento de
los estadounidenses que podían votar lo hicieron.
De manera que lo que podrían preguntarse es: ¿Por qué
está tan interesado el gobierno federal de EE.UU. en la
democracia y en las elecciones en Cuba? Después de todo,
los cubanos no son ciudadanos estadounidenses. ¿Por qué
gastan un dólar por cada cubano, no importa la edad,
para promover la "democracia"? Supongo que 6 millones de
cubanos son más importantes que 80 millones de
ciudadanos estadounidenses.
Tienen suerte, nosotros no.
11 de mayo de 2002
Nelson Valdés es profesor de sociología, especializado
en América Latina en la Universidad de Nuevo México.
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