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LA
JIRIBILLA
ESTRIDENCIAS
Lucy Araújo
Llega al parque y se acerca a las flores que huelen a
mar. A esa hora no pensó que alguien fuera a depositar
un ramo al lado de la estatua. Entonces se acercan tres
hombres y la obligan a que se detenga. Grita, pero
nadie, ni siquiera la pareja, la escucha. Los tres
hombres la desnudan y ella pide auxilio. Pasan unos
estudiantes y miran hacia un banco del cual vino el
grito, aunque no ven a nadie. No ven que los tres
hombres acomodan a la muchacha debajo y de nuevo ella
grita, un poco más bajo. Ahora son dos ancianas que
vienen de la iglesia, una le pregunta a otra si no
escuchó un murmullo en aquel banco. Su amiga dice que no
y se asombra. Los tres hombres ya están muy excitados y
la muchacha solloza, la arrastran a otro cercano y le
pegan cuando se resiste. Vienen dos niños con unos
patines y se los ponen: «Mira, Orlando, como si fuera
sobre la nieve». El otro, un moreno de ojos chispeantes,
sonríe: «Lo que más me gusta es cuando me impulso en la
esquina». Pasan cerca del banco y el moreno da un
traspiés al lado de los tres hombres desnudos. La
muchacha, que tiene un hilo de sangre cerca del labio
superior, estira la mano e intenta apoderarse de la
pierna del niño. Cuando ya casi lo consigue, grita para
que él repare en ella, en cambio este se pone de pie y
dice: ¡Qué raro, Orlando! Sentí como si alguien me
tocara, ¿y no escuchaste un murmullo? Orlando responde
que no y lo insta a apurarse. La mujer está desmayada, y
el más alto dice con tono asustado: «Creo que la hemos
matado», pero otro le pone el oído izquierdo en el pecho
y aclara que está viva. Ahora es una guagua con un
rótulo y de ella desciende un grupo de estudiantes.
Maité le pregunta a Zenia si va a dar la fiesta y se
sientan frente al banco donde la mujer se lamenta. Ya
los tres hombres huyen después de mirar hacia todos
lados. Entonces se da cuenta de que está sucia, y el
sabor de la sangre en la boca le da miedo: «¡Ay, Dios,
auxilio, ayúdenme!» No encuentra la ropa y se arrastra
hasta el banco donde conversan Maité y Zenia. Allí ve el
vestido con floripones verdes que se estrenó en su
cumpleaños, las dos estudiantes están encima de él, y
ella estira la mano; cuando casi va a coger la tela,
Zenia y Maité tropiezan con sus dedos. La rubia se
asombra: «¡Qué raro! ¿No te pareció que alguien hablaba
cerca?» La amiga le contesta: «Sí, y como si hubiera
tocado una mano». Justo en ese momento se quedan mirando
a la mujer que está sentada cerca de ellas. Es ya mayor,
pero se le nota cierta belleza. Cuando pasan por su lado
ven cómo permanece extasiada, observando la pareja de
recién casados. La novia con el traje largo y blanco,
una niña aguanta la cola y el novio le dice al oído que
tenga cuidado al bajar. Entonces Maité se fija en que la
mujer se pone de pie y acomoda su vestido con floripones
verdes, mira por última vez a la pareja que sale del
parque y se dirige con lentitud hacia la estatua. Los
estudiantes se van también y el bullicio desaparece.
Ella queda sola, frente a las flores que de nuevo huelen
a mar.
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