LA JIRIBILLA
Terrorismo fantástico
BUSH BUSCA LA UNIDAD NACIONAL
FINGIENDO UN PELIGRO IRREAL

Lisandro Otero


El gobierno del Presidente George W. Bush es un régimen ilegal, de todos es sabido. Conquistó la presidencia de Estados Unidos gracias a una decisión de la Corte Suprema, no debido al voto popular. Los sufragios nacionales habían favorecido a Al Gore, pero en el estado de la Florida, donde es gobernador su hermano Jeb, se realizaron manipulaciones oscuras que alteraron el verdadero resultado de la voluntad democrática. Ello permitió la intromisión del Poder Judicial acoquinado por papá Bush.

Para Bush el atentado del 11 de septiembre le vino como anillo al dedo. Era la oportunidad que esperaba para lograr la unidad nacional de un país dividido, que se sabía traicionado en su albedrío, burlado en una farsa electoral. Su lanzamiento de la llamada guerra contra el terrorismo le permitió encubrir el fraude colosal que le había permitido encaramarse en la Casa Blanca.

Los resultados de toda esta farsa peripatética son nulos. Bin Laden sigue vivito y coleando, Al Qaeda no ha sido destruido, Afganistán es un país ocupado contra la voluntad de sus habitantes y las guerrillas siguen haciendo de aquél territorio una tierra políticamente inestable, insegura y fluctuante. Para colmo se han echado un dirigente que parece salido de un manual de modas y está más preocupado por combinar las gamas de colores de su vestimenta que por aportar un alivio a su abrumado y miserable país.

Inspirados en el gángster Otto Reich, que dirige sus relaciones con América Latina, inventaron que Cuba estaba fabricando armamento químico, lo cual fue desmentido por el expresidente Carter; hasta por el mismísmo Secretario de Defensa Colin Powell, pero eso no les importó e insistieron en el embuste.

Ahora han recurrrido a un nuevo recurso en esta campaña imaginaria, el arresto de un tal José Padilla que se hace llamar Abdula Al Mujair. Se le ha consignado como "combatiente enemigo" con lo cual se le priva de todos sus derechos humanos y se le despoja del acceso a un defensor legal; queda en el estado de ente no humano, sujeto a enconados interrogatorios, ensañamientos y suplicios en una base militar de Charleston.

Causa consternación saber que esta reducción de un ser al estado de pacotilla ninguneada se ha realizado sin que se disponga de una sola prueba, ni exista una evidencia comprobable de que el tal Padilla haya cometido o estuviese en proceso de ejecutar delito alguno. Es más, ni siquiera ha sido acusado formalmente de ningún crimen.

Padilla fue arrestado en Chicago, el ocho de mayo pasado, y se dijo que estaría implicado en un supuesto intento de hacer detonar una bomba radioactiva en territorio norteamericano. Pero hasta el momento no ha aparecido ningún rastro de los componentes de la quimérica bomba ni se dispone de evidencia alguna de su existencia. Han dicho que el tal Padilla es miembro de Al Qaeda, pero tampoco hay pruebas fehacientes de tal membresía.

Sin embargo, pese al débil sustento de esa acusación, de la pobreza de argumentos en contra del acusado, de la obvia construcción de un caso ficticio con fines publicísticos, se ha realizado una gigantesca campaña de comunicación social destinada a hacer creer al pueblo norteamericano que está siendo eficazmente defendido por su gobierno contra graves peligros. No cabe duda que el fantasma del once de septiembre está muy vivo en la conciencia y la imaginación del estadounidense medio y Bush está explotando un espectro.

Este tipo de operación: crear un peligro supuesto para lograr la identificación y simpatía de un pueblo, fue uno de los inventos del nazi fascismo. Hitler lo utilizó con frecuencia. El incendio del Reichstag fue un pretexto para desatar una cacería de oposicionistas. El llamado "peligro hebreo" fue otro de los subterfugios creados para reprimir a quienes disentían de la opresión creciente. La invención de una camarilla "judeobolchevique" también sirvió para castigar a discrepantes.

Los árabes son los judíos de Bush. Al Qaeda es la "pandilla bolchevique" de los nuevos tiempos. El World Trade Center es el actual Reichstag. El régimen de Bush se revela cada día más identificado con un neototalitarismo que revela que una camarilla ultraderechista que responde a los intereses del complejo industrial militar se ha apoderado del poder en Washington y está situando al mundo al borde de una extendida conflagración que está vez no sería entre potencias sino entre pueblos iracundos, guerrillas móviles y organizaciones secretas de defensa popular.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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