LA JIRIBILLA
SER TERCOS EN LA ESPERANZA
 
El 23 de mayo le fue otorgado al Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr, el Premio Pablo, máximo reconocimiento que concede el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La Jiribilla ofrece una entrevista exclusiva concedida por el reverendo Raúl Suárez, director del Centro.

Estrella Díaz |
La Habana


La primera valoración es decir que no hay duda que a partir de la década de los ochenta se ha querido globalizar la idea de que no hay por qué luchar, que no hay por qué amar; que hay que aceptar la situación internacional tal y como se da.

El neoliberalismo ha triunfado: se ha globalizado el becerro de oro; el mercado es el nuevo dios. Casi todas las personalidades que nos visitan intentan recetar a nuestro pueblo este nuevo ídolo que se levanta. Unido a eso se intenta crear la cultura de la desesperanza. 

Este acto de hoy nos ayuda a mantener lo que nosotros llamamos ser tercos en la esperanza. Esa expresión la tomo a partir de términos aparentemente contradictorios que se dan en una parte de la Biblia en la que se dice que “la verdadera  fe es aquella que cree en esperanza contra esperanza”. Es decir, que cuando todas las condiciones subjetivas y objetivas no constituyen un estímulo para creer, para luchar, para soñar, para tener esperanza; pues de ahí es donde emerge esa terquedad de creer en la esperanza contra todo ese condicionamiento que mata la esperanza. 

El documental Ansias del alba que acaba de estrenarse aquí, por ejemplo, intenta reflejar la experiencia que se ha dado en Chiapas, que se ha dado en los Zapatistas. Ese material constituye una expresión que nos convoca a no dejar que muera la fe, que muera la esperanza, que muera la lucha; que todavía hay posibilidades para un futuro radicalmente distinto.

El Premio Pablo es un estímulo para continuar en el esfuerzo por resaltar lo latinoamericano, lo caribeño, la espiritualidad que subyace en nuestro pueblo a través de su historia. Esto nos alimenta para continuar en este camino de solidaridad.

¾¿Existen puntos de contacto entre el trabajo del Centro Pablo y el que usted dirige?

¾Creo que sí, aunque no tenemos las mismas prioridades. En esencia, el Centro Pablo de la Torriente Brau  intenta recuperar una espiritualidad que para mí no se reduce, ni se agota, en lo religioso. La espiritualidad  es mucho más que un término que pudiera tener una connotación religiosa.

En el trabajo que realiza el Centro Pablo con los jóvenes, con las reflexiones que se hacen, con lo que se escribe, con lo que se proyecta, con lo que se promueve,  hay una identificación casi plena en la motivación.

Tanto un Centro como el otro tratamos de recuperar una espiritualidad que ayude al pueblo, que ayude a nuestros jóvenes a enfrentar el hoy, el ahora, el aquí, con todas las contradicciones que tiene. Esa espiritualidad es la que nos va a ayudar si mañana se levantara el bloqueo y aparecieran, de la noche a la mañana, los norteamericanos y norteamericanas con sus cámaras y,  también, con su carga ideológica.  Esto es lo que va a contribuir para que nuestros niños y jóvenes puedan convivir con esas situaciones, pero sin matar lo que nos viene de nuestro pueblo a través de tantos años. Ahí hay un punto esencialmente de contacto.

¾Hay quienes afirman que la espiritualidad, sobre todo en la juventud, está completamente ausente y que es imposible rescatarla.

¾No podemos generalizar.  Me agrada decir que Cuba no es lo que nuestra prensa nos muestra —aunque a veces sí—. Nuestro país no es lo que vemos en la capital. Por una necesidad pastoral y como diputado, cada dos meses voy a algún lugar del interior. Hoy estuve en el Mariel y conocí de un proyecto que se está realizando; recientemente visité Santiago de Cuba y Matanzas. En esos recorridos uno encuentra experiencias radicalmente distintas a las que se dan en La Habana. Se palpa una juventud que sueña, que siente, que piensa, que es creativa, que posee mucha imaginación; que no está esperando consignas, que no está esperando una directriz; sino que trata de buscar respuestas a los problemas.  Hay una cantidad tremenda de jóvenes presidentes de Asambleas Municipales y de Consejos Populares. Cuando uno  ve lo que están haciendo, es como una inyección de vida nueva, una transfusión de fe, de espiritualidad. No creo que la espiritualidad se ha agotado en Cuba, ni que en nuestra juventud está ausente. Hay muchas gentes que son auténticos, que son de una sola pieza: no se ve en ellos doble moral, ni dobles intenciones, ni que están buscando el protagonismo; sino sencillamente, están viviendo una identidad, están viviendo una misión. La vida de ellos tiene sentido y, creo que por ahí va la espiritualidad.     


2002. La Jiribilla. Cuba.
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