LA JIRIBILLA
Palabras de Lisandro Otero en la presentación de su libro Trilogía cubana.

 
Lisandro Otero | La Habana


Queridos amigos todos:

Allá por el año 61, Ernest Hemingway, uno de mis autores predilectos como todos saben, andaba viajando por África y el avión en el cual viajaba se cayó y lo dieron por perdido por algunos días. Hemingway dijo después que ese accidente le había proporcionado un extraño placer, que fue el de leer sus obituarios anticipadamente.

Cumplir 70 años tiene esa ventaja que le da a uno la posibilidad de leer anticipadamente los obituarios que le van a hacer y esto es realmente un extraño placer. Le agradezco a Graziella Pogolotti las palabras que acaba de decir con su habitual agudeza, con su brillantez, con su perceptividad, con su manera de penetrar con profundidad en los textos sobre los que discurre. Le agradezco mucho a la doctora Araceli García Carranza y a Josefina el trabajo que han hecho ambas durante años de compilación, recopilación y anotación, con la acuciosidad y seriedad científica que las caracteriza y cuyo resultado obtienen aquí: un libro milagroso, y digo milagroso porque gracias a los compañeros de la Editorial Letras Cubanas, que se han esmerado muchísimo, este libro ha salido prácticamente en una semana, lo cual es algo increíble, aunque el trabajo que lo precede es, desde luego, un trabajo de muchos años; pero la impresión física del libro se ha hecho en un tiempo récord, lo cual es insólito teniendo en cuenta nuestras dificultades. Le agradezco mucho el esmero, el esfuerzo que han puesto para agasajarme en esta entrada en la decrepitud en la cual me encuentro en este momento.

Yo empecé a trabajar como periodista. Recuerdo el primer reportaje que hice para la revista Bohemia –que era la revista de mayor circulación en Cuba en aquel momento– que fue una entrevista con Igor Stravinsky que se encontraba de visita en La Habana dirigiendo la Orquesta Filarmónica. Lo capturé en un camerino del Teatro Auditorium y pude conversar con él y oírle cosas muy ingeniosas. Me dijo que si Wagner estuviera vivo sería arreglista en Hollywood, haciendo composiciones para las películas. Recuerdo, desde luego, mi trabajo en una de las secciones periodísticas más revolucionarias– no solamente en un sentido político, sino en el sentido de la forma–, que es la sección En Cuba que dirigía Enrique de la Hoz.

Después hice mi primer libro, Tabaco para un jueves santo, que publiqué en París con un dinero que había ahorrado para ir a Europa, pues mi padre estaba negado a que fuera. Finalmente se ablandó y me pagó el pasaje, y el dinero lo destiné a pagar a una imprenta para que me lo publicara. Recuerdo que Nicolás Guillén me ayudó a encontrar esa imprenta. Él tenía muchos amigos y me orientó. Ese libro contiene mis primeros cuentos, mis cuentos de juventud. Quizá debí tener el valor para haberlo incinerado, pero no lo tuve y lo publiqué. Aunque no son cuentos memorables, es mi primer libro.

Después vino la gran conmoción telúrica, el gran terremoto social que significó la Revolución. La Revolución ha significado muchas cosas; pero para mí, significó una toma de conciencia de la identidad nacional. Por primera vez se nos hizo manifiesto qué que era la patria, la nación, el país; lo que eran la gesta nacional, las luchas independentistas, todo lo que se había pasado por lograr moldear y fraguar este puñado de islas que es el archipiélago cubano. Esto a mí me interesó mucho. Fue una época en la cual me sumergí en los textos que marcan nuestra fisonomía como nación. Estoy hablando de Contrapunteo del tabaco y el azúcar de Fernando Ortiz, de El monte de Lidia Cabrera; de Diálogos del destino, un libro que fue muy influyente en una época en Cuba, escrito por Gustavo Pitaluga, un refugiado español que vino a Cuba y escribió un libro espléndido que nos ilustró a muchos de los derroteros de Cuba, lo que había sido, lo que debía ser. Estoy hablando de las Tradiciones cubanas de Álvaro de la Iglesia; de un libro maravilloso de Samuel Hasser que quizá sea el antecesor de Eusebio Leal, pues fue el que primero habló y reconstruyó la Habana Vieja, aunque en dibujos. Cuba, pluma y lápiz es un libro extraordinario en tres tomos, que tuve durante mucho tiempo como libro de cabecera.

Todo eso fraguó en mí la necesidad de hacer una novela, o un tríptico de novela, que fuera una especie de mural, de gran fresco histórico, sobre lo que significó la Isla de Cuba en el pasado y en el momento en que comenzaba su reverdecimiento con el proceso revolucionario. Por eso me lancé a escribir La situación, que tuvo la fortuna de que un jurado integrado por Alejo Carpentier, Julio Cortázar y Edmundo Desnoe, le diera el premio Casa de las Américas. A partir de entonces decidí continuar con ese tríptico de novela. Es cierto, como ha dicho Graziella, que en mí hay influencias de Hemingway y de Malraux; pero también las hay de Dos Passos, y de su Trilogía de USA, que para mí fue una influencia decisiva. De alguna manera traté de hacer para Cuba lo que él había hecho para los Estados Unidos. Después escribí Ciudad semejante que es el libro de la clandestinidad, de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Batista. La trilogía termina con Árbol de la vida que es también un libro de culminación. Efectivamente, como ha dicho Graziella, Luis Dascal, no es un personaje autobiográfico. Luis Dascal está compuesto por la suma de una serie de personajes que conocí, que tenían una misma característica, todos eran personajes que definían la época en que les había tocado vivir. Luis Dascal es un poco la personalidad del pequeño burgués indeciso, como es característico en la clase media, con un cierto liberalismo vago, falto de definición política y de compromiso, hasta que las circunstancias lo obligan a comprometerse, pero durante mucho tiempo debatiéndose en esta inconsistencia. Es un personaje que rechaza el medio social en que está inscrito, pero a la vez trata de insertarse en él, de convertirse en protagonista. Le repugna todo lo que está viendo, pero de todas maneras aspira a conquistar un lugar en su medio. Vive la clandestinidad, el proceso del martirologio de los revolucionarios, la gente que va cayendo. El duro proceso de formación histórica de una mentalidad revolucionaria, lo va induciendo a identificarse con ese proceso.

No es una historia personal. Es la historia de muchos jóvenes de esa época. Tampoco digo que no haya nada mío en él. Yo también aporté mis vivencias y mis experiencias personales, aunque no sea un personaje enteramente autobiográfico. Digamos que yo soy el 15 o el 20 por ciento de Luis Dascal. El resto son observaciones de lo que me rodeó.

Desde luego estamos hablando de esta trilogía que es el objeto central de esta reunión de amigos que estamos aquí hoy. Pero muchos consideran que Temporada de ángeles es mi novela más acabada y eso se debe a la intención de hacer lo mismo que en esta trilogía, pero de una manera diferente. En esta trilogía intenté tratar la identidad cubana, la formación del proceso actual, la formación revolucionaria, y en Temporada de Ángeles lo que intenté fue dar las líneas generales que animan todo proceso revolucionario. Cuando llegué a Inglaterra, empecé a estudiar la revolución de Cronwell que fue una auténtica revolución aunque los ingleses no le llaman así –los ingleses le llaman guerra civil–, aunque efectivamente lo fue, pues se dio la sustitución de una clase social por otra, de la aristocracia terrateniente geófaga por los comerciantes de la city y eso es lo que define una revolución. Cuando una clase social asume el papel de otra ocurre una revolución. Sin embargo le llaman Revolución a lo ocurrido después, lo que en definitiva es un golpe de estado. En fin, el asunto fue que cuando yo vi lo que ocurría y leí aquella época, me di cuenta que era lo mismo que estaba ocurriendo en La Habana. Las cosas que decía la gente que andaba por las calles de Londres en 1640, eran las mismas que yo oía aquí y me sorprendí con este insólito paralelismo histórico. ¿Cómo podían ocurrir, con una diferencia de 300, las mismas cosas?

Lo mismo ocurrió en México en 1910. Con todas estas líneas comunes me pareció interesante hacer un libro sobre las palpitaciones que animan los grandes procesos de cambios sociales y apoyándome en la Revolución inglesa, hice un libro que en realidad es sobre la Revolución cubana, sobre la Revolución de Octubre en Rusia, sobre la Revolución mexicana, sobre la Revolución francesa, sobre todas las revoluciones. Temporada de ángeles es, como lo dice su título, un período en el cual ocurre un descenso de los ángeles y en el que ocurren los grandes cambios sociales.

No quiero abrumarlos más. Estoy realmente muy conmovido. En todos estos días he recibido muchas manifestaciones de afecto y amistad, y esto, más la lectura de mi obituario anticipado, me ha dado un gran confort. Ya sé más o menos lo que van a decir cuando ingrese en el cajón. Esta biobibliografía es una especie de suma mía y cuando me pregunto para qué he servido, para que ha servido lo qué he hecho, al verla me consuelo un poco, pues pienso que después de todo no fue tan inútil mi tiempo pasado en esta tierra. A todos les agradezco su presencia aquí, me voy muy conmovido y muy agradecido. Gracias a todos.
 


2002. La Jiribilla. Cuba.
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