MIEL PARA OSHUN QUIERE AYUDAR A RESTAÑAR LAS HERIDAS

Humberto Solás  | La Habana

Miel para Oshún no tiene la vocación de un filme explícitamente político. Tanto el texto de mi hermana Elia Solás con las modificaciones que realicé, sobre todo durante la puesta en escena, parten del objetivo de hacer un testimonio humanístico, conciliador, dirigido a todos los cubanos que hayan escogido el camino de la eticidad y el amor al país, donde quiera que estén.

El film no se propone avivar el fuego de la polémica del cisma, sino, por el contrario, reflexionar en las consecuencias del mismo y ayudar a restañar las inevitables heridas. Ello no quiere decir que la obra tenga un carácter de imparcialidad, pero sí es respetuosa en su celebración del reencuentro.

La lectura de Miel para Oshún es directa y franca. No hay espacio a maliciosas conjeturas a propósito de ella. Es así como concibo el cine de la contemporaneidad en Cuba. 

Sobre lo que significó el vídeo digital en su filme: estoy convencido de que la tecnología digital es la única posibilidad, por el momento, de incrementar la producción del cine en Cuba y en cualquier país del Tercer Mundo.

Actualmente ya se pueden obtener resultados casi óptimos con esta tecnología, que reduce cuantiosamente los recursos necesarios para hacer un filme.

De manera que de tres películas en Cuba podríamos llegar a seis o siete si aplicamos la técnica digital. Algunos cineastas se resisten y no comprendo esa reticencia, dado que los guiones que se presentan son perfectamente ajustables a esta técnica. Si pudiéramos hacer hoy filmes de alto presupuesto y de reconstrucción histórica, no habría que pensar en el sistema digital, pero esta no es nuestra realidad cinematográfica.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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