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LA
JIRIBILLA
PALABRAS ENTRE CUERDAS
Durante una semana investigadores, musicólogos, músicos
y amantes del género, cubanos y extranjeros, se dieron
cita en la Universidad de La Habana para, al decir de
Silvio Rodríguez, principal organizador del evento, de
ser posible, “averiguar el sortilegio que conduce el
hilo de la canción trovadoresca a través de tres
siglos”.
Tomás
Santiesteban
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La
Habana
Para indagar en lo más profundo de ese
rasgo esencial de nuestra identidad musical que es la
Trova Cubana sesionó en La Habana del 15 al 19 de julio
el Seminario Internacional “La trova cubana desde sus
orígenes hasta la actualidad” (Su historia, proyecciones
musicales, literarias y estilísticas).
Durante una semana investigadores, musicólogos, músicos
y amantes del género, cubanos y extranjeros, se dieron
cita en la Universidad de La Habana para, al decir de
Silvio Rodríguez, principal organizador del evento, de
ser posible, “averiguar el sortilegio que conduce el
hilo de la canción trovadoresca a través de tres
siglos”.
En esta ocasión la histórica y actual magia de la trova
cubana
—esperamos
que encuentros posteriores lo logren del todo—,
casi fue develada por intervenciones que tuvieron
lugar en el teatro Manuel Sanguily del alto centro de
estudios y entre las que se destacaron las del
musicólogo Jesús Gómez Cairo quien realizó un panorama
de la cancionística cubana o la de Lino Betancourt (“La
Trova tradicional: antecedentes, fundadores y grandes
cultores”).
Por su parte el profesor universitario, escritor,
Guillermo Rodríguez Rivera se ocupó de reflexionar sobre
el largo proceso de vinculación de dos grandes artes: el
de los sonidos y el de la palabra que ha producido el
interesante fenómeno de la poesía cantada, “acaso la de
más arraigo en el mundo en las últimas décadas”, así
como la interrelación existente entre el arte culto y
arte popular y sobre la deuda contraída por la trova
cubana con la música hecha más allá de nuestras
fronteras.
Tras las huellas de la gran trovadora María Teresa Vera,
la doctora María Teresa Linares evocó la prodigiosa
década de los años 20 del siglo pasado, época en la que
el auge del son “le dio un rudo golpe a los trovadores
que cantaban en fiestas particulares, cafés, cines
silentes, y giraban por la República y el Caribe”.
El poeta y cineasta Víctor Casaus, tuvo a su cargo las
palabras de presentación del programa de documentales
sobre la trova que durante estos días pudo ser visto en
los espacios del cine Yara y del Centro Cultural del
ICAIC.
Él también realizador del documental Que levante la
mano la guitarra recordó cómo el cine cubano
documentó en sus imágenes la historia de la música
cubana, y dentro de ella la de esa manifestación popular
y poética, comunicadora y vital, que es la trova cubana.
Durante el evento pudieron apreciarse obras de los
realizadores Oscar Valdés, Bernabé Hernández, Jorge
Fuentes y Luis Gómez.
La trovadora Marta Valdés compartió sus experiencias en
la ponencia “Continuidad y desarrollo de lo trovadoresco
en la canción cubana de los años 1940-60”. Sus palabras
“pensadas para leerse, casi para articularse con
melodía y acordes” dejaron claro que la célula afectiva
hombre/mujer–guitarra–canción, ha sido determinante en
los procesos de continuidad y desarrollo de la canción
cubana en general y, muy específicamente, en la canción
de esas dos décadas.
Como era de esperarse, el Seminario Internacional no
pasó por alto el análisis de esas dos figuras
emblemáticas del la trova contemporánea que son Silvio y
Pablo.
La investigadora Clara Díaz se refirió a la mítica
trayectoria artística del autor de Ojalá cuya obra no
solo es valorada por los sectores progresistas, sino
también hasta por un público de ideas contrarias a la
del cantautor, “pero desprejuiciados y amantes del arte
auténtico y de la buena canción”, quienes también
compran y coleccionan los discos de Silvio, memorizan
los textos y los cantan en los conciertos, comunicándose
y participando del decir del artista. “Inclusive, allí
donde las diferencias políticas no han hecho posible el
diálogo de los gobiernos, ha llegado el trovador con su
canto dejando con firme transparencia el mensaje humano
y revolucionario”.
En cuanto a Pablo, la estudiosa Elsida González recalcó:
"Hablar de Pablo Milanés es mencionar a uno de los más
importantes creadores de toda la historia musical
cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su
propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como
un artista imprescindible del movimiento de la Nueva
Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar
caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y
musical. Sin lugar a dudas, es junto a Silvio Rodríguez
la representación más alta de la Nueva Trova Cubana”.
La Universidad de La Habana sirvió también de escenario
a coloquios y mesas redondas donde se trataron temas
como “Tradición y renovación de la trova Cubana”; “La
Trova más allá del esquema hombre canción”, “La Creación
literaria en el arte del cantautor” y “La Trova y su
trascendencia Internacional”.
El encuentro “La Trova cubana desde sus orígenes hasta
la actualidad” concluyó con un concierto efectuado en el
Teatro Amadeo Roldán en el que tomaron parte
representantes de las distintas generaciones de
trovadores cubanos, desde César Portillo de la Luz, el
trío Voces del Caney, Miriam Ramos, Juan Carlos Pérez
hasta los más jóvenes como Samuel Águila, entre otros.
El final aguardó la mas grata sorpresa cuando desde la
primera fila ascendió al escenario el imprescindible
Silvio, tomó la guitarra y sentenció una vez más: Soy
feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen,
por este día, los muertos de mi felicidad.
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