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LA
JIRIBILLA
Palabras del Rector, Dr. Juan Vela
Valdés, en la inauguración del Seminario Internacional:
“La trova cubana desde los orígenes hasta la
actualidad”.
Aula Magna:15 de julio del 2002.
Queridos:
Silvio y Gómez Cairo,
Profesores y estudiantes,
Trovadores,
Invitados todos:
Cuando a principios de septiembre del pasado año, Silvio
Rodríguez y Jesús Gómez Cairo acompañados de Guillermo
Rodríguez Rivera me presentaban la idea inicial de un
Seminario Internacional sobre la trova cubana, entonces
reparábamos en la necesidad de su concreción, pero aún
sin llegar a dimensionar verdaderamente el alcance de
este foro: el más importante evento científico y
académico que haya sido realizado en torno a la trova en
Cuba.
En momentos en que, como nunca antes, tomamos conciencia
de la importancia de la cultura como cruzada de
libertad, la investigación de nuestro patrimonio
artístico (culto y popular, material o intangible), el
desentrañamiento de nuestro ser colectivo esencial, del
espíritu genuino del pueblo, es tarea de orden primario
en la Cuba de estos días gloriosos.
Solo con el entendimiento cabal de nuestro pasado,
podremos pensar en próximas mañanas de luz, porque nos
sabremos mejor el presente; un presente que se construye
también en la imagen artística de nuestras esperanzas,
sinsabores, triunfos y sueños.
En 1944, un texto clásico de historia de la música
cubana, se iniciaba así:
Huérfana de tradición artística aborigen, muy pobre en
cuanto a plásticas populares, poco favorecida por los
arquitectos de la colonia –si la comparamos, en este
terreno, con otras naciones de América Latina–, la isla
de Cuba ha tenido el poder de crear, en cambio, una
música con fisonomía propia que, desde muy temprano,
conoció un extraordinario éxito de difusión. [...] en
todos los momentos de su historia, la isla de Cuba
elaboró un folklore sonoro de una sorprendente
vitalidad, recibiendo, mezclando y transformando
aportaciones diversas, que acabaron por dar origen a
géneros fuertemente caracterizados.
Alejo Carpentier acertaba al señalar, sin falsos
nacionalismos, la potencia musical nuestra a nivel
internacional.
Así, la trova es una de las líneas de desarrollo más
interesantes de nuestro ajiaco musical artístico de
excelencia.
Transcurre la trova cubana de expresiones anónimas a
creaciones autorales de la mano de Pepe Sánchez, Sindo
Garay o Manuel Corona, Miguel Matamoros o María Teresa
Vera, Los Compadres (Primo y Segundo), César Portillo,
Marta Valdés, José Antonio Méndez y Frank Domínguez,
hasta llegar a los más genuinos intérpretes de la Nueva
Trova —que en su día acogió Haydée en Casa de las
Américas y Alfredo Guevara en el ICAIC–: Silvio y Pablo,
Sara y Noel y Vicente y Santiago y Miriam y Amaury y
Augusto y Lázaro y tantos otros, que hoy tienen
continuadores en un grupo joven, igual de heterogéneo,
que se nuclea en torno al Centro Pablo de la Torriente
Brau, bajo el amparo de Víctor Casaus.
El son, cl bolero, cl chachachá, el mambo, la guaracha,
la canción, y sus intérpretes más ilustres, solistas y
agrupaciones vocales y orquestales, han cedido en algún
momento bajo el influjo de la trova.
Por eso, en estos años de Revolución ha sido la trova
una crónica del diario del pueblo, de la propia
Revolución que potenció su desarrollo con la generación
de proyectos culturales disímiles y de educación
artística en los lugares más recónditos del país; que
puso la cantera y dio la maza para otorgarle sentido de
presente y futuro plenos, a la creación del pueblo y
para el pueblo.
Historiar la trova en Cuba, evaluar su significación
artística, social, política, su trascendencia
internacional, constituye entonces, desvelar un trozo
capital de nuestro ser nacional. En el año del
aniversario 135 del natalicio de Sindo, la Universidad
de La Habana, institución cultural más antigua de Cuba,
se enaltece rindiéndole tributo a él y a tantos
trovadores continuadores de su legado.
Con la publicación de las conferencias, mesas redondas e
intervenciones especiales en un número extraordinario de
la revista Universidad de La Habana, aseguraremos
difusión y perpetuidad de los esfuerzos de estos días y
entregaremos a estudiosos de la música, la cultura y la
historia general cubana, un material de grandísimo
valor.
En nombre de la dirección universitaria, quiero dejar
constancia de nuestro agradecimiento infinito a todos
los que han hecho posible que una vez más la maravilla
tome cuerpo en esta casa de estudios. Nominarlos sería
extenso y seguramente incurriría en pecado de omisión.
Sé que todos ellos se sentirán reconocidos si digo:
Gracias, Silvio.
Como todos los cubanos nos sentimos conmovidos cuando
dijo hace pocos días: “Estoy aquí como parte de mi
pueblo, de mi historia, de mi Revolución y de mi amigo y
hermano Fidel, haciéndome partícula de esta aventura, de
esta expedición realista y surrealista que dirigimos y
protagonizamos todos con él, pera decir que voto por mi
Patria Socialista Perfectible”.
Bienvenidos trovadores, músicos, musicólogos,
historiadores y profesores; bienvenidos estudiantes. El
Alma Mater encontró hoy un unicornio y le pide que
levante la mano con ella junto a su guitarra.
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