|
LA
JIRIBILLA
Electra Garrigó
(Fragmentos)
Virgilio Piñera
Agamenón.
(se acerca y se sitúa de espaldas a Clitemnestra)
¿Quién
de nosotros es el destino?
(Desde ese momento hasta el final del Acto los cuatro
actores permanecerán completamente rígidos, con las
manos hacia abajo y los puños cerrados.)
Clitemnestra.
Yo
Electra.
¡Mentira!
Agamenón.
¿Quién de nosotros es el Destino?
Orestes.
¿Electra es el Destino?
Clitemnestra.
¡Atrás, perra!
Electra.
¡Perra, adelante!
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
Es viscoso.
Clitemnestra.
¡Pero tan seguro!
Electra.
¡Sí, se acerca!
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Hacia quién, Clitemnestra?
Ciltemnestra.
Hacia Electra Garrigó.
Electra.
Portador de la justicia.
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Por qué provocar al Destino?
Clitemnestra.
Tu Destino es el pretendiente.
Electra.
Tu Destino es la partida de Orestes.
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
Matemos al Destino.
Clitemnestra.
Matarías al pretendiente.
Electra.
El pretendiente no es el Destino.
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Soy yo el Destino acaso?
Clitemnestra.
¡No, no, no eres tú el Destino!
Electra.
¡Sí, sí, sí eres tú el destino!
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Quién me haría partir?
Clitemnestra.
¡Nadie! No lo quiere el Destino.
Electra.
Entonces morirás tú, Clitemnestra Plá.
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Morirá Clitemnestra Plá?
Clitemnestra.
¿Morirá Agamenón Garrigó?
Electra.
¿Morirá Agamenón Garrigó?
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
Orestes.
¿Morirá Agamenón Garrigó?
Clitemnestra.
¿Morirá Agamenón Garrigó?
Electra.
Morirá Agamenón Garrigó.
Agamenón.
¡Destino, oh Destino!
(Rompe a cantar el Coro. Los cuatro personajes se
mantienen rígidos. La luz va desapareciendo
gradualmente. Cortina lenta.)
En las olas de la mar,
en las aguas del arroyo,
en los bravíos escollos,
en el aire del palmar;
en el doliente pinar,
en el canto del canario,
en el afán temerario
se muestra la pasión loca,
que corre de boca en boca
con acento funerario.
Sigue, Electra, sin
desmayo,
tu obra llena de acechanzas
-mujer, vaso de fragancias,
purísima flor de mayo.
Rosa gentil que en un tallo
de espinas fieras te asientas,
rompe esa prisión y cuenta
al mundo tus sinsabores:
revélanos tus temores
Electra de las tormentas.
(Final del Acto Primero)
ACTO SEGUNDO
CORO:
Ya una ciudad se dispone
a presenciar un ejemplo,
a ver derribar el templo
en que un tirano se impone.
No lo consienta, y corone
de Electra el triunfo la frente,
no lo consienta el potente
ánimo de tal doncella:
roca en la que se estrella
un egoísmo demente.
(El mismo decorado del acto primero. Aparece Electra
vestida de rojo. Luz muy débil.)
Electra.
(Saliendo lentamente por las columnas de la extrema
izquierda. Se detiene) ¿Dónde estáis, vosotros, los
no-dioses? ¿Dónde estáis, repito, redondas negaciones de
toda divinidad, de toda mitología, de toda reverencia
muerta para siempre? Quiero ver, siquiera sea, a uno de
entre Ustedes. Pido la aparición de un no-Dios, que
caiga en medio de este páramo. (Pausa.) Sí, os
conmino, extensas criaturas que no existís; formas no
registradas en libro alguno, o puestas sobre la infamia
de la tela del pintor. Electra os conmina, no-dioses,
que nunca naceréis para no haceros tampoco nunca
divinos. ¡Qué inmensa atonía os cubre desde este pecho
que lanza sus cargas de soledad y evita los santuarios y
las prosternaciones! (Pausa.) No, vosotros no
tendréis santuarios ni sacrificios. ¿Ante quién de
vosotros se prosternaría un humano? ¡Oh, ellos no saben
que después de la muerte de los dioses, el nuevo panteón
de los no-dioses no confiere ni premio ni castigo!
(Se adelanta al centro de la escena.) No castigaréis
a Electra. Tampoco vais a recompensarla. Sois de tan
grandiosa apatía que puede Electra segar una vida sin el
temor de un reproche. Solamente lo tomaríais como el
ruido sordo de un fruto que cae, de un fruto que cae en
medio de vosotros, frutos que giran estallando en la
violácea dilatación del olvido.
|