LA JIRIBILLA
CINE SOBRE CUBA LEJOS DE LA HABANA
 
La imagen Cuba en el cine no se circunscribe, en el año 2002, a las producciones realizadas al interior de la Isla. En foros europeos, sobre todo, han entrado con buen pie dos filmes estrechamente vinculado a nuestras tradiciones y riqueza cultural.


Joel del Río |
La Habana


Las carteleras cinematográficas cubanas han estado inundadas, durante el año 2002, de filmes producidos en Cuba. Primero fue el éxito nacional de Miel para Oshún (excelentemente acogida además en festivales internacionales), luego se sucedieron Miradas, Video de familia, Las noches de Constantinopla, Nada y Santa Camila de La Habana Vieja, algunas de ellas realizadas por el ICAIC en colaboración con el Instituto Superior de Arte o la Televisión Cubana. Para finales del 2002 se anuncia el estreno, si se concluye a tiempo la edición y postproducción, de otros tres largometrajes enteramente nacionales: Roble de olor, Entre ciclones y Vampiros en La Habana II.

Pero en este año el cine cubano, o más bien la imagen fílmica de la Isla, no se reduce a la lista antes esbozada. Entre algunos otros títulos que cabe mencionar, han atraído poderosamente la atención dos títulos: Rosa La China, coproducción hispano-franco-cubano-portuguesa, dirigida por la chilena Valeria Sarmiento, y Machín, toda una vida, largometraje documental que no hace mucho presentara sus cartas credenciales en España. Es posible, casi seguro, que ambos recorran amplio periplo internacional, y que además puedan ser vistas, en diciembre en el festival habanero.

Machín, toda una vida, contiene, en noventa minutos, no solo la biografía cronicada de uno de los más célebres cantantes cubanos del siglo XX, sino que además cuenta con la presencia testimonial —por supuesto del propio Machín— de Sara Montiel, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Antonio Gala y Manuel Vázquez Montalbán. La participación cubana no se circunscribe al tema mismo, sino que también el filme fue editado por Nelson Rodríguez, uno de los mejores montadores del cine de habla hispana, autor de la sintaxis fílmica que convirtiera en clásicos a Lucía y Memorias del subdesarrollo, entre muchos otros. El filme de Nuria Villazán (joven directora muy vinculada a la Isla) intenta reconstruir la memoria afectiva de dos o tres generaciones de españoles y cubanos, memoria afectiva habitada por canciones que Machín supo interpretar como nadie, en particular la famosa Angelitos negros. Por otra parte, se reconstruye en palabra e imagen la historia de un cantante radicado en España desde los años cuarenta y cincuenta, y que allí fuera adorado cual ídolo.

Por otra parte, Rosa La China es un filme retro, parcialmente filmado en Cuba y con la participación de algunos importantes actores nuestros. El rol titular corre a cargo de Luisa María Jiménez, muy popular en la Isla por su participación en populares telenovelas (Sol de batey, El año que viene, Las huérfanas de Obrapía) y en la reciente Santa Camila de La Habana Vieja, una actualización de la obra teatral de Brene. Rosa La China toma en parte su argumento, atmósfera y otros componentes, de la zarzuela compuesta por Ernesto Lecuona y estrenada en 1932, la misma época a que se remite la película. El 21 de agosto se estrena el filme en la cartelera francesa, y pocos días después pasará por las exclusivistas pantallas del festival de Venecia, dentro de la sección Contracorriente. Comparte protagonismo con Luisa María Jiménez, el experimentado actor español Juan Luis Galiardo, que en varias ocasiones ha visitado la Isla, algunas de ellas en función de trabajo, como ocurrió cuando el rodaje de esta coproducción, y antes, cuando se puso a las órdenes de Orlando Rojas para protagonizar Papeles secundarios.

La imagen Cuba, en el séptimo arte, ya trasciende con mucho el fenómeno ocasional de Buena Vista Social Club, y parece prorrogarse en el tiempo y el espacio.
 


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La Habana. 2002
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