LA JIRIBILLA
VIDEO DE UN CINEASTA
 
En realidad, en estos momentos el ICAIC ha contribuido bastante a incorporar a los nuevos realizadores a la industria. Ya la mera intención de incorporar a los jóvenes realizadores, ver lo que están haciendo, reunirles sus obras y ponerles muestras, es significativo. El año que viene, por ejemplo, está programada una muestra audiovisual, como la que se hizo hace dos años, donde se exhibirá lo que están haciendo los jóvenes creadores. Entrevista con el joven realizador Humberto Padrón.


Miharu Miyasaka Chirino – Jacqueline Venet Gutiérrez |
La Habana


Por encima de las diferencias, existe una especie de consenso acerca de su calidad estética, en comparación con el hacer cinematográfico cubano del momento, hasta el momento y por el momento.

Por encima de las diferencias regionales o internacionales, el tercer trabajo de Humberto Padrón (¿qué pasó con Y todavía el sueño y Los zapaticos me aprietan?, documentales que anteceden a esta propuesta) ha estado marcado por galardones y significativos reconocimientos.

Por encima de las diferencias, gustos y disgustos, apologetas y detractores, este mediometraje de ficción se ha convertido en el punto de referencia y crítica más importante dentro de la reciente (y no tan reciente) producción fílmica cubana.

Por encima de las diferencias, de la polémica, el no estar de acuerdo, hubo entendimiento. Si hubo reafirmación (por momentos, por ambas partes) qué bueno; si no, igual, siempre fue divertido.

Por encima de las diferencias (de hecho por ellas mismas) y para descargar la conciencia de las tareas de todo prestigioso crítico: valorar propuestas, validar lecturas, rastrear evidencias, hallar nuevas pistas... bla, bla..., la entrevista.

Por encima de las diferencias.

—En una entrevista concedida a Luis Ernesto Flores para el Diario del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano declarabas que la música casi siempre es la que más te sugiere ideas para filmar, y como ejemplo ilustrativo comentabas cómo Y todavía el sueño, tu primer corto documental, surge a partir de una pieza musical. ¿Video de familia responde a esa dinámica de creación o Foto de familia, del cantautor Carlos Varela, funge solo como elemento de apoyatura dentro del discurso visual? Sin obviar su función dentro del relato tanto por su contenido como por su autor que de alguna manera condicionan la decodificación del texto musical.
—Sí, un poco. En este caso Video de familia es una ficción y es ya un trabajo de mesa más fuerte, donde lo fundamental no es la música, sino lo que está contando la historia. Pero me pasó una cosa similar, y es que cuando terminé de escribir la película, o ya la tenía casi lista, no sabía cómo empezar y acabarla. Es decir, tenía contada la historia del conflicto, la familia, cómo iban a desarrollarse los personajes, a dónde iba todo; pero no sabía cómo iba a terminar el filme, aún teniendo la solución. Tampoco sabía cómo iniciarla. Pensando y pensando, buscando una manera interesante de hacerlo me acordé de la canción de Carlos Varela: Foto de familia, que llevaba tiempo sin escuchar. Recordé que esta canción tenía el mismo tema, entonces la busqué y cuando la escuché otra vez fue alucinante, enseguida supe cómo empezar y acabar la película. Es como si ya tuviera el filme, y efectivamente siempre anoto eso a la música. Cuando encuentro la banda sonora, qué es lo que se va a escuchar, me da una tranquilidad tremenda y me inspira mucho. Cuando hice Los zapaticos me aprietan, tenía el documental, sabía que era un trabajo sobre los grupos sociales en Cuba a través de los zapatos de la gente; iba a empezar con las clases más pudientes hasta la gente que no tiene zapato. Pero no sabía tampoco, cuál era la banda sonora. Porque no quería que fueran textos, no había entrevistas... y empecé a buscar hasta que llegué a la solución, la Marcha del 26 de Julio llevada a jazz latino. La intención era descontextualizar la música, la marcha como tradicionalmente se concibió; llevarla al contexto actual, el latin jazz, que es como se está viviendo un poco musicalmente. Utilizar la marcha en su forma original me parecía un poco burdo; sin embargo, esta versión, que a algunos les pareció atrevida, a mí no me lo pareció, ni siquiera irrespetuosa. Sigue siendo la misma marcha del 26 de Julio, pero con otra sonoridad.

—Si nos detenemos en tus dos trabajos anteriores (Y todavía el sueño y Los zapaticos me aprietan), en ambos documentales, la linealidad de la lectura, estaba condicionada por la pieza musical, esta última fungía como el elemento unificador de las imágenes en un todo coherente. Dicho de otra manera, la fuerza visual estaba dada por lo auditivo, la música era la que otorgaba la connotación a las obras. Sin embargo, lo interesante en Video de familia es el cambio ocurrido en el empleo del texto musical. Sin obviar su protagonismo vital dentro del relato, aquí la banda sonora es prácticamente inexistente (ni siquiera ruidos ambientales). Ha ocurrido un desplazamiento a favor de la preeminencia de los diálogos. ¿Qué rol juega entonces un texto como Foto de familia dentro del video? Más que condicionar la lectura, el texto de Varela, por su ubicación en el relato, funciona a modo de resumen de la esencia del video, es el texto musical quien nos explicita la moraleja de este trabajo.
—No, no me lo parece, creo que lo redondea, que lo complementa; no lo veo ni desplazado. También sugiere lecturas que quizás, no es que no merezcan la pena de ser halladas, pero son más abstractas: es lo que significa Varela como cantautor, su música de alguna manera representa nuestra época. El tema de la separación de la familia, la emigración, está muy presente en toda su obra, esta no es la única canción que gira sobre ese tema; pero era la que más me convenía porque semeja al argumento de la película, y es el elemento que complementa la lectura. Si le quitas a Video de familia ese principio y ese final con la música, perdería quizás una nota nostálgica, una nota importante en la emotividad de la historia; pero, básicamente se mantendría el mismo conflicto, el mismo problema. Seguiría siendo la película, lo que pasa es que es muy importante que esté esa canción. No hubiera sido lo mismo si yo hubiera puesto “El negro no tiene na’, caballero, de Van Van”. No hubiera sido lo mismo.

—Si pensamos en Y todavía el sueño, la precisión de la música puede condicionar otra lectura. En el caso de Video de familia no sucedería así.
No, por supuesto. En Y todavía el sueño, el adagio de Tomasso Albinoni lo había escuchado muchísimo, en distintas versiones; pero cuando único se me ocurrió el documental fue cuando escuché la versión que puse. Es una sutileza, es como un matiz. Es el mismo adagio de todas las veces; sin embargo, el del documental es el que realmente me dio la idea de hacerlo. Muchos piensan, de oírlo una vez, que es muy triste, o muy deprimente, como un funeral; y no es nada de eso. Ese adagio yo lo encuentro por momentos optimista, positivo, te dan deseos de levantarte. Por supuesto, al final, como están las notas graves, acordes menores, también da una idea muy oscura; pero si lo piensas bien puedes ver la historia de la Revolución: momentos buenos, momentos malos, momentos claros, momentos oscuros.

Tus obras se insertan más dentro de la línea contenidista del relato visual que la que prioriza la experimentación formal. El lenguaje del video funciona más bien como pretexto de reflexión que de experimentación. Las propuestas formales de estos trabajos no anuncian un cambio de señales en el hacer cinematográfico de la Isla, sino más bien se insertan en la tradición. ¿Podrías ahondar al respecto? ¿Dónde ubicar un trabajo como Video de familia?
— Esa pregunta no me corresponde. Eso se lo dejo a quienes se dedican a hacer crítica, investigación; no tengo idea de dónde puede estar ubicado Video de familia, ni qué lugar ocupa en el cine cubano. Es más, yo nunca me he planteado eso ni ahora, ni antes, ni posiblemente en los próximos años. Es que no me es coherente, ¿sabes?, yo realmente esas cosas ni las pienso. No sé cómo estaría ubicado.


—Sin embargo, al analizar tu obra, ¿crees que el discurso se basa más en priorizar el contenido por encima de la experimentación formal? No concentrándote solamente en Video de familia, sino hablando de tu trabajo en general.

— Habría que ver a qué le llaman experimentación formal, porque si es lo mismo que yo me imagino, si es lo que pienso que están queriéndome decir..., [no hay agresividad en el ambiente, por mucho que lo parezca] para mí la experimentación formal no es otra cosa que los recursos que tienes a mano y que vas a usar en combinaciones distintas en dependencia de la necesidad que tengas de contar esa historia. Porque hay historias que se cuentan de una forma, y se cuentan de otra. Entonces, no lo veo como dos cosas separadas. Para mí la experimentación formal está totalmente subordinada al contenido. Tú tienes una historia de una mujer que va a matar a su marido, por ejemplo. ¿Qué vas a experimentar, cómo vas a contar eso para que no se te quede en una escena de telenovela, de teleplay o que no se parezca a algo que hizo Hitchcock? Ahí es donde empiezas a agarrar todas las cosas técnicas que tengas a mano para poderlo hacer. En ti está la capacidad para lograr algo que pueda llamarse, si se quiere, experimentación; estás probando cosas nuevas a ver cómo resultan. Yo no me arriesgo a hacer esas cosas. Si voy a usar recursos, estoy muy seguro. Hablando de recursos, por qué no mejor herramientas. El cine es como una caja de carpintero, tú usas las que te hagan falta. En mi caso, yo no voy a usar la cámara para probar cómo resulta.


—No nos referimos a experimentación en ese sentido, a estar improvisando con cosas que podrían ser originales y novedosas; sino a estar consciente de qué quieres decir por esa vía más experimental, que no se someta a la tiranía de la historia. No siempre debe existir una subordinación de uno respecto al otro.

— Pues no estoy seguro de eso. ¿Qué no deben estar subordinados? Eso depende del punto de vista, porque si no están subordinados unos a otros, me pregunto cómo podrían operar.


Uno a otro sí, una subordinación equitativa; pero no uno del otro. En el caso de tus trabajos, fundamentalmente Video de familia, como en el de muchos filmes cubanos, la subordinación es hacia la historia, casi nunca de la historia hacia la forma.
— ¿Entonces yo te debo responder: tres puntos suspensivos, sí debe estar subordinada la forma al contenido?


—No. [Risas]

—En lo formal, Video de familia responde a la historia; pero no sé si totalmente a la historia o también a la manera en que socialmente se ha hecho este tipo de videos domésticos, buscando la imitación de la cámara aficionada —una persona que no domina los recursos y que está cometiendo errores todo el tiempo. Dentro del movimiento caótico que tiene la cámara, concebí una dramaturgia que fija en qué momento esta debía estar en los personajes, es decir, vinculada al relato, pero independiente de la dramaturgia de la historia. Están totalmente relacionadas; no obstante hay mucha gente que queda fuera de cámara.

—En los artículos que hemos leído muy pocas veces se refieren a la estética de un video casero, casi siempre te comparan o tratan de hallar alguna analogía con Dogma. Y no es esa la intención que nos da.

—No. Dogma parte de presupuestos estéticos establecidos. Ellos decidieron no usar el trípode, o sea, no hay un punto para la cámara, la cámara es en mano. Eso fija una determinada forma de contar el filme, la cámara no tiene una justificación de ser en mano, más que por presupuestos estéticos. Es totalmente válido, se lo propusieron. Lo que pasa que Celebración, (1) por ejemplo, es una película que tiene una historia tan cerrada, tan buena, que cualquier otro cineasta la hubiera contado con un trípode, con las condiciones de las cámaras normales y hubiera seguido siendo una historia interesante y una película tremenda. Ahí la cámara es un ejemplo de cómo lo formal no está exactamente sujeto a la historia, al contenido. Video de familia se puede filmar de otra manera, con trípode; pero en este caso está respondiendo a la historia y a la circunstancia en que esos videos se hacen.


—Los conflictos sociales han devenido obsesión para el cine cubano contemporáneo. Video de familia presenta un conflicto familiar que funciona como pretexto para discursar sobre problemáticas álgidas de la sociedad. ¿Crees que al abordar el tema de la inmigración, el desarraigo, la homofobia, el racismo, la doble moral, el alcoholismo, no atentas contra una mayor profundización en estas cuestiones que por su complejidad son suficientes para un acercamiento particularizado? De hecho, esa magnitud condiciona, en ocasiones
, una aproximación a uno de los ángulos del problema.
— Por supuesto, cada uno de esos temas amerita una película. Lo que pasa es que en Video de familia esos temas en realidad nada más están como pinceladas; o sea, lo más importante es el tema de la inmigración, la separación de la familia. Y están como pinceladas porque lo único que están haciendo en la película es apoyando mi presupuesto, la tesis de mi película, que es que por encima de las diferencias, cualquiera que estas sean: ideológicas, políticas, sexuales, raciales, lo más importante es la familia, que la familia esté unida. Esa es aproximadamente mi tesis. Claro está, el más fuerte, el que más se desarrolla es el del homosexualismo; pienso que de esos temas era el que más a mí me servía o al que más posibilidades le vi para el tiempo que tenía de hacer la película, de usarlo como pretexto para llegar al fondo de esta tesis, para manifestarla. Pero reconozco que cada uno amerita tener una película para ellos solos. Yo traté de no desarrollar los otros porque realmente en un filme no puedes “agarrar” todos esos temas en una misma película. Quizás lo puedas lograr, pero es muy difícil.

—El enfoque globalizador en la concepción de los conflictos contrasta el mismo tiempo con la minimalización familiar de la temática colectiva. El grupo filial connota más allá de la intimidad e individualización del problema, y redimensiona su alcance como tal. ¿Hay cierta incongruencia en este tratamiento paradójico, quizás?
—Con todo respeto, yo no traté de abordar nada más que el conflicto de la separación de la familia.


—Sin embargo, cuando tocas otros conflictos, nos parece que... no quisiéramos usar una palabra demasiado fuerte...

—Úsenla.


—...puede ser superficial. Aunque te quieras valer de esos conflictos como pretexto, los estás presentando; y quedan en la epidermis. Sobre todo cuando al final das una solución, un cierre feliz.

— Es verdad, puede ser. No te puedo decir otra cosa. Tal vez no es profundo, es imposible que fueran profundos.


—Tal vez si no hubieras tratado de caracterizar esa marginalización recurriendo a tantos conflictos; y te hubieras centrado en el tema de la inmigración como base de tu tesis sobre la familia.

— Sí, pero eso sería otra película. Esa es una de las cosas que uno tiene a mano para salvarse en los momentos difíciles, no te queda otra opción. Pero hablándote serio, creo que eso es válido siempre y cuando tú lo puedas manejar con mesura. Tomemos como punto de partida el problema racial. Yo necesitaba un pretexto para que la hermana dijera el secreto del hermano; lo que necesitaba era que hubiera “un ponerse de acuerdo” entre ellos a espaldas de la familia —la hermana sabe que lo que va a decir es una bomba. Entonces, necesitaba que ella tuviera esa complicidad con el hermano, para que él revelara a su regreso lo que ella ocultaba. ¿Cuál secreto pudiera tener la hermana tan difícil y que al mismo tiempo me sirviera en la historia, que no se me quedara como un cabo suelto? Era exactamente este, que ella tuviera un novio que fuera negro. Ese es otro problema que hay en la familia cubana, en Cuba en general: el racismo. Ahora se está abordando mucho porque de pronto se está reconociendo que en Cuba hay racismo, un racismo que es bastante pesado, sobre todo en las generaciones más viejas. Y al mismo tiempo, usar el problema del racismo me distendía un poco, me relajaba, que todo fuera con el tema gay. De esta forma, mi presupuesto alcanzaba una dimensión más trascendente que si solo hubiese abordado el homosexualismo.

Las diferencias sociales, ideológicas, políticas, sexuales, raciales, con las que juego constantemente en la historia, funcionan como apoyatura. El final es que la familia comprendió, o tuvo un espacio para la tolerancia; están todos juntos aunque todavía hay pistas de que las cosas no están totalmente felices. Hay una foto que da mucha risa en la que la madre está mirando al negro, como queriendo decir: te tolero, pero hasta aquí; ella, que parecía más flexible que el padre.

Pero sí, si quieres decirle que es superficial no te puedo decir que no porque realmente no había espacio para abordarlo y para darle un tratamiento merecido. El tema del racismo es una cosa bastante peliaguda y que en los próximos años en Cuba dará todavía de qué hablar, y el tema gay por supuesto tampoco está agotado, seguirá siendo el tabú y se tendrá que abordar en otras películas. A mí también me quedó el conflicto de que: bueno, usar de nuevo el tema gay, ya eso estaba en Fresa y Chocolate, que había dado la vuelta al mundo, como decir... no, yo no. Pero es que me di cuenta que eso no importa, tienes otra historia y tienes otras cosas que decir. No importa que sea el mismo tema. Lo dudé muchísimo, tuve muchas dudas de si lo usaba o no lo usaba, y empecé a buscar otros posibles temas que fueran tan explosivos como para darle un punto de giro a la historia y hacer que el padre sacara todo lo que había dentro entre él y el hermano. Pero al final me percaté de que podía funcionar.


—La figura del inmigrante se ha construido a partir de una visión heroica, inmortalizadora, idílica, del ido. ¿No crees que sea hora de que se modele otro tipo menos trágico, que no sea el del obligado, el que sufre enormemente por la separación, el que necesite de una justificación para la partida (por muy buena que esta sea)?

—El inmigrante es una figura que va llena de tristeza. La separación es siempre dolorosa, incluso cuando son separaciones felices en las que se va casi toda la familia. Siempre queda alguien atrás, se quedan los amigos, los lugares donde viviste muchos años; eso les pasa a todos. Sé que puede ser un proceso más “suave”, tener otro enfoque; pero me parece que en el hecho como tal lo más fuerte es la tristeza, es todo lo que tienes que dejar atrás. Tengo amigos que no extrañan las cosas que tenían, pero sí otras. Siempre hay algún vacío que no se cubre ni con todo el bienestar material, ni con los nuevos amigos o con las nuevas familias; sobre todo después de vivir 20 años en un lugar. Incluso la gente de la segunda generación cubano-americana, creo que están categorizados por tres grupos distintos: unos que no están vinculados, que no les interesa para nada Cuba; otros que les interesa y no les interesa, y otros que sí les interesa. Y esos que les interesa y los que les interesa más o menos sienten nostalgia por cosas que no han vivido. Ellos no son los emigrantes, los emigrantes son sus padres; pero los padres les transmitieron esos efluvios nostálgicos que ellos de pronto heredan y los tienen incorporados a sus vidas. Y sienten la necesidad de venir y ver dónde vivieron los padres, conocer a la familia, a quienes dejaron atrás.


—Quizás también por las particularidades del mismo contexto cubano, las causas de la partida.

—Sí, aquí se ha hecho quizás más doloroso que en otros lugares, por toda la contienda política que hay de desentendimiento, rencillas y rencores. Esa circunstancia particular del balsero, gente que le niegan la visa dos o tres veces y al final la única opción que les queda es irse en una balsa. Por cierto, ahora estrenaron en España un documental que se hizo en el año 94, 95 o 96, y no sé por qué lo exhibieron ahora porque era para que lo hubiesen estrenado antes. Es la historia de un balsero. La primera entrevista que le hacen es en la cola de la Oficina de Intereses, diciendo: esta es la tercera, la cuarta vez... que no me dan la visa, y si no me la dan hoy, voy a hacer mi balsa que ya la tengo preparada, que la estoy preparando en la azotea de mi casa. Yo me tengo que ir porque mi hija y mi mujer están allá, y tengo que unirme con ellas. Al tipo al final le negaron la visa otra vez, y se fue en una balsa. Filmaron cómo se iba en la balsa, cuando llegó a Guantánamo y el reencuentro con la hija. Es muy doloroso por eso, porque es todo un juego político, un no entendimiento. Pero bueno, inmigración hay en todas partes del mundo, las olas migratorias son grandísimas y no las hay aquí solo en América; también en Europa, en Asia.


Video de familia inicia (desde los primeros minutos) con la situación conflictiva: la hermana introduce la homosexualidad del exiliado (crea un ruido en el sistema ético-familiar). El filme desarrolla entonces todo el enfrentamiento, el pro y el contra, ante el dilema de la sí / no aceptación del doblemente marginado, y el por qué de cualesquiera de las posiciones. Sin embargo, una exposición reflexiva que domina los 48’ minutos del filme concluye con una fugaz comprensión (supuestamente) del sujeto que asume la mayor carga conflictiva: el padre. Difícilmente pudiera pensarse en un final abierto, en el que la aprobación no está garantizada, cuando más allá de la aceptación del hijo está la del novio negro de la hermana, el acceder fotografiarse sin el significativo uniforme de trabajo en la pose alegre de las imágenes finales. ¿Es posible que la credibilidad del drama quede lastrada por la solución, el cierre feliz, luego de un intenso y complejo enfrentamiento psicológico?

—Pero me han hecho unas preguntas, ustedes me preguntan como si yo fuera un crítico, un investigador...


—Tú puedes hablar sobre tu obra, tú la construiste...

—Exacto. Imagínate, ¿qué quieres, que yo mismo me desarme? Una pregunta interesantísima, pero me parece que no soy el que debo responder esa pregunta, es que me pones en una situación...


—Entonces te hacemos la pregunta de otra manera. No te preguntamos, te lo decimos, y nos tienes que decir, no, yo no creo que eso sea así.
Ya, porque de pronto yo tengo que desarmar mi película y decir: bueno, sí, bueno, no sé. ¿Qué voy a decir?

—Nos parece que lastra la credibilidad del conflicto del padre, quien tiene un gran enfrentamiento consigo mismo: el hijo que se fue, ahora homosexual, sus propias convicciones...

—¿Qué lastra la credibilidad de la historia?


—Más que de la historia, atenta contra el conflicto del padre. Sobre todo teniendo en cuenta la generación a la que pertenece, la imagen cerrada que nos construyes de él.


—Bueno, esa es una opinión de ustedes. Yo no lo pienso, ¿sabes?. El padre es un hombre que ha defendido una posición política con la que está muy convencido, y con la que no quiere no estar convencido. Al mismo tiempo es un conflicto para él las diferencias con sus hijos, porque resulta que el único que salió lo más cercano a sus convicciones es exactamente el mismo hijo que se va de Cuba y que traiciona su ideología y que de pronto le dicen que es gay. Para él lo más violento es la homosexualidad del hijo, porque hasta ese momento había demostrado cierta asimilación: “bueno, ya, se fue, me traicionó, perfecto”; y eso se lo guardó en lo más profundo. Además, sabe que ese hijo es el que está mandando dinero y el que más o menos ha sobrellevado la cosa en la casa. Tal vez esa es una de las formas que él tiene para seguir siendo como es, mantener una moral que termina siendo falsa y doble. Trato que la película quede lo más sincera posible porque sí conozco personas que son así. Cuando le dan la noticia de que el hijo es gay, explota como una dinamita todo lo demás que lleva dentro, que es realmente lo que lo lacera.

En realidad no es tan brusca la transformación; en el tiempo que fabula de la historia, que abarca toda una tarde, ocurren muchos cambios. Cambios que están dados por una exposición de todo lo que está sintiendo. No se queda callado, se va sacando todo poco a poco, hasta que llega al fondo. Y eso puede ser violento, pero es real; es coherente con la conversación, con los textos. Y logra sacarse el dolor cuando posa con la familia y comienza a llorar, incluso cuando le dice al hijo gay: bueno, puedes venir, pero no vengas ni amanerado ni con un aretico en la oreja. Aún tiene muchas decepciones y dudas guardadas, incluso lo sugiere: bueno, cuando Ud. venga, vamos a hablar. Mientras la madre dice su monólogo, él se percata en ese tiempo que está solo. Por supuesto, eso está fuera de cámara, él reflexiona, y llega a la conclusión de que se le acaba de desmoronar la familia. Se produce un cambio, la madre ha tomado el poder, y él se siente desplazado. Y cuando sale del cuarto sigue inmerso en ese dilema; pero los afectos son los que lo inducen a reconsiderar sus posiciones. Siempre sucede.


—Pero no te parece muy poco tiempo para decir: “malgasté años de mi vida, se van al traste todas mis convicciones”.

—Creo que a esa reflexión llegaría después. Por el momento atraviesa un proceso de reconocimiento de que la realidad está cambiando. No ha resuelto ese conflicto, lo único que ha hecho es ceder un poco para retener a su familia, para mantenerse juntos. Porque si al salir del cuarto se hubiera ido, quedaría ese tópico sin resolver. Sí le importa su familia, e incluso termina siendo crítico con él mismo cuando dice: “bueno, a lo mejor yo no he sido ni un buen padre ni un buen esposo”. En medio de su trancadera, la realidad lo obliga a mover sus resortes.

No sé si a ustedes les pareció violento o que afectó la credibilidad por el tiempo; pero a mí me resultó muy coherente. O por lo menos traté que las transiciones fueran lo más verosímiles y creíbles posibles. Si no lo logré, bueno.

—A la hora de fijar el ambiente del filme, el elemento escenográfico se estructura desde una necesidad de credibilidad realista (realidad de la ficción). Sin embargo, hay cierta hiperbolización al presentar un modelo habitacional de "pobreza" extrema, un extramarginado económica y socialmente, que aunque exista en la realidad, resulta inverosímil en la ficción al no ser modelo promedio. (Esto no significa una exclusión de lo atípico, que no es el caso tampoco, sino un acercamiento a lo conocido cuando se aborda una problemática que obliga y necesita de una coparticipación por parte del espectador).
Me parece muy coherente la escenografía, ¿qué te voy a decir? Incluso, pienso que no es de las más pobres. Intenté montar una locación de una familia humilde, de clase media para baja, que en realidad no tenía mucho más. Es decir, no es lo peor, pude haber puesto las cosas más crudas. En serio, les cuento que me parece de la clase normal en Cuba.

—Por lo general, las familias al tener una entrada económica, porque los hijos se van, etc; la casa cambia, aunque tengas una posición bastante afectada, aunque no pertenezcas a una clase media “tirando” para alta.

— Pero, en qué cambia.

En la escenografía hay un contraste en la contextualización de la historia: la escenografía luce atemporal (los muebles, las carencias electrodomésticas, la decoración pasada de moda —mejor, no a tono con el estilo del buen y/o mal gusto del momento), lo que resulta llamativo dado lo situacional del video.
— Es posible; pero eso depende de la adquisición económica que tengas, de la entrada de dinero. Hay que tener mucho cuidado con ese tema porque la historia es que el hijo le manda dinero, pero no tanto como para poder darse esos pequeños lujos. Yo tengo experiencia, quizás ustedes también, que sí cambia la decoración, que se compran los tondos con los caballos y los leones; pero eso me parecía demasiado ostentoso para esa familia, donde incluso todavía siguen colgados en las paredes los cuadros de los mártires, los héroes. Porque es una familia donde hay un padre que es bastante patriarca y duro, que trata de conservar las cosas como están, hasta tiene sus libros de Lenin. Se trata de marcar esas características de la familia y en particular de ese padre que es el que tiene el mando. Pienso que el padre es el tipo de persona que no toleraría una ostentación. Otro aspecto es el dinero que manda el hijo. No quise representar la familia que por el mero hecho de que le envían dinero ya son felices y todo es perfecto. Porque, ¿sabes qué pasa?, que eso a veces condiciona que el que manda dinero ahora es el hombre perfecto; entonces todo se le permite, todo se le tolera, sus caprichos, lo malcriado que pueda ser. Y no quería que fuera exactamente por el dinero, sino por los sentimientos reales de la familia. La abuela, como personaje que está más allá del bien y el mal, es la que habla como piensa y no se mide. Pero en realidad lo que mueve a la familia es lo afectivo.

—¿Pensaste la escenografía como un recurso más representativo, ilustrativo de las acciones, personajes... o como un elemento significativo? (Por ejemplo: la austeridad de las paredes, el ambiente, podría asociarse con el estado anímico, el desgarramiento de los personajes).

—No, se relacionaban por lo que te estaba explicando, por la característica particular de la familia. Además, la decoración puede distraer al espectador y puede cambiar las intenciones. Por eso pensé en esa austeridad, en la pobreza, en pantalla esas cosas dicen mucho. Ahora mismo ustedes me estaban diciendo que les parecía poco real la escenografía. Creo que si le hubiera puesto el tapiz con los leones o los venados, ustedes me estuvieran haciendo ahora la pregunta contraria: ¿no te parece que es un exceso? Se los juro, y en ese sentido yo preferí mantener la sobriedad, que diera la humildad. Por otra parte, quizás es lo atemporal lo que quise lograr: el espacio se encuentra congelado en la historia, en el momento ideológico esplendoroso de la familia, bueno, de las familias cubanas que tenían la Revolución como su prioridad.

—Es interesante que Video de familia asume un estatus dual como ficción y documentalización, lo cual está potenciado —logrado por su construcción como video dentro del video. La obra es la filmación de un video (que incluye "videasta" —aunque rara vez se vea— y "videado") y al mismo tiempo el suceso ficticio está modelado con igual concepción. El realizador filma un hecho que está siendo filmado ficcionalmente; es la simulación
real de un acto ficticio. ¿Es intencional el engaño? ¿Hay engaño?
A ver, vuelve de nuevo a la pregunta.

—El espectador es consciente de que no se encuentra ante un hecho improvisado, aún si no usaras actores reconocidos como tales. Pero cuando nos enfrentamos al filme, inconscientemente nos dejamos llevar por esta improvisación de un video casero. ¿Es intencional este juego con la
subjetividad del espectador?
Si esta fuera la idea, dar la captación espontánea y natural de un suceso íntimo, invasión de la privacidad ajena como un voyeurista tras la cámara; la utilización de actores tan conocidos (en papeles similares y/o casi iguales) rompe con la transparencia que podría aparentar la simulación de un real video casero, marcando la falsedad de la construcción audiovisual.

— Te voy a contar lo que me pasó en el Bronx. Cuando presenté la película se paró un muchacho, un cubano americano —él apenas sabía hablar español— y me hizo dos preguntas: cómo había hecho para hacer este documental con mi familia y si yo mismo era el que la había filmado o había mandado a alguien a que lo hiciera. Imagínate aquellas preguntas. Yo dije: bueno, para empezar esa no es mi familia, esos son actores, esto no es un documental, es una ficción, y yo tampoco soy gay. Ya, lo dije así porque pensé que lo había confundido absolutamente todo.


—El video juega con los límites de lo ficcional y la documentación.

—Funciona en cierto sentido de ese modo. Pero en realidad no estoy seguro que haya pretendido engañar. Simplemente lo hice de esa manera buscando verosimilitud en la historia, que esta se ajustara a la manera en que se hacen los videos caseros. Ahora, la segunda pregunta...

Te repito que no me propuse engañar a nadie haciéndole creer que no era ficción. Eso es muy peligroso, puedes hacerlo, un ejemplo es el filme El proyecto de las Brujas de Blair, (2) pero no era esa la idea. Lo que más me importaba era contar la historia. Todos sabrían quién es Molina; pero llegué al Bronx y me pasó esto, había quien no conocía a los actores y pensó que era realmente un documental. Es un halago para el actor porque en realidad lo hicieron tan bien que parecían en verdad una familia.


—Lo analizábamos tomando en cuenta principalmente al receptor cubano.

Claro, pero para el receptor cubano tenía que haber buscado actores totalmente desconocidos, y habérmelo propuesto desde el principio como la simulación de una historia que se filmó realmente y que puede ser un documental. Si lo hubiera pretendido, probablemente les hubiera resultado muy inverosímil: ¿tú estás loco?, tú me estás engañando, esto está preparado. Seguramente me iban a agarrar por ahí.

Respecto al trabajo con los actores, estos han asumido papeles muy similares a los de Video de familia, que de alguna manera encarnan prototipos.
— Era un peligro. Pero me daba mucha seguridad que tenía bien claro la historia de los personajes dentro del relato y sus objetivos en cada escena. Siempre supieron exactamente lo que debían hacer y el porqué en cada secuencia. Me preparé mucho antes, porque este era mi primer trabajo de dirección de actores y ya suponía que podía no tener tiempo para ensayar, aunque fuese una semana antes, como efectivamente sucedió. Tuve que ir directo a filmación y el montaje de la secuencia se hizo 20 minutos antes de rodar el primer plano. Para eso la única arma que tienes es prepararte bien, saber cuáles son los objetivos de los personajes en cada escena, y hacérselos saber a los actores. Eso fue lo que me salvó, y salvó la historia.


—Siempre pensaste trabajar con ellos, nunca con personas desconocidas.

—No, siempre pensé en actores conocidos, con los que tendría la certeza de que iban a “sacar” el trabajo. No quise arriesgarme con actores que no tuvieran oficio. Siempre pensé en actores profesionales, que pudieran entender lo que les iba a decir.


—Principalmente por el peso que tiene el diálogo dentro de la obra.

— Claro. Es mucho diálogo, mucho texto; lo que resulta muy peligroso para una historia, para una dirección de actores, en especial en los planos secuenciales. Cómo armar el plano secuencia, eran cinco movimientos diferentes de actores en el set y un sexto movimiento que era el de la cámara. Por otra parte, no hubo prueba de cámara, tenía que explicarle detalladamente al camarógrafo. Cuando ellos estaban ensayando, le indicaba por dónde debía ir la cámara, cómo tenía que desplazarse en el próximo plano. Fue un trabajo muy tenso, porque en el mismo set tuve que montar, por ejemplo, tres o cuatro veces, secuencias de movimientos de personajes. No podía presentarlos de la misma manera, tenerlos siempre sentados o en un mismo lugar, tuve que arreglármelas de esa manera.


En tus otros trabajos, la comunicación –que es parte esencial de las imágenes– la disminuías al lograr una expresividad, una simbología, con la música y el montaje. Sin embargo, en Video de familia no logras esa equivalencia; más allá de que recurras al diálogo (que de alguna forma es un lenguaje directo). Y es que este resulta el conductor exclusivo de la narración; se dialogiza cada cambio, personaje o evento dentro de la narración.
—Antes de hacer Video de familia, me daba pánico recurrir a los diálogos. En los documentales siempre trato de evitar las entrevistas, me parece un recurso muy aburrido, lo detesto. En los dos documentales anteriores (uno de cuales fue un trabajo de curso) había optado por el silencio, es decir, no había palabra; y fue entonces como decir: ahora voy a probar lo otro, voy a tratar de romper el miedo a los diálogos. Y usé bastante.


—Como toda obra artística, más la audiovisual, que es un construcción (no obstante su referencialidad o no), creo que tu obra potencia la manipulación que encierra la mirada, el interés, el propósito del autor con su creación. No es malo manipular, es cierto (cuando en esencia todo se reduce a eso); pero ¿no crees que afecta cuando resulta obvio, cuando son evidentes los recursos para conseguir determinada respuesta / lectura? Lo que pasa con la comedia cubana de los 90 es que apela a mecanismos de aceptación segura y esperada; en el caso de Video de familia, más allá de las simpáticamente probadas intervenciones de la abuela, aborda una serie de problemáticas que han demostrado su efectividad como controvertidas, aclamadoras de atención y extremadamente sensibles.
Manipulador es, como ustedes dicen. Pero si lo usé como efecto, no. No era exactamente mi idea usar esos temas porque ya estaban probados, o porque iban a resultar. Respondían simplemente a una necesidad de abordar determinadas problemáticas y desarrollarlas desde un punto de vista muy personal. Si eran caminos trillados, eso es otra cosa. De todas formas, lo más importante no es que hayan sido trillados, sino que realmente resultara válido contar una historia por esos mismos caminos, y que tuviera un resultado feliz. Pudo pasar que ante tanta seguridad, te dices: bueno, por ahí voy a ir y tener éxito; y no haberlo tenido. No representan garantía alguna. No siempre funciona así.

—Sí, no es el qué, sino el cómo.

—Exacto, me respondió a la necesidad de contar una historia como yo la sentía.

Con Video de familia has logrado insertarte con éxito en los circuitos exhibitivos y competitivos tanto nacionales como internacionales. Sin embargo, todavía permanecen silenciados, casi en el anonimato, tus propuestas anteriores (su circulación se reduce a ciertos eventos propiciados por el Movimiento Nacional de Video o la Facultad de Radio, Cine y TV. del Instituto Superior de Arte en el caso del corto documental Los zapaticos me aprietan, bastante afortunado si le comparamos con Y todavía el sueño.
—No quiero ser indiscreto; pero efectivamente el problema es que algunas personas han leído en Los zapaticos me aprietan (en ambos documentales, aunque en este de manera especial) cierta intencionalidad contrarrevolucionaria, o muy cuestionadora, o agresiva. Esas personas, que han tratado de silenciarlo, no me han preguntado qué yo quise decir con Los zapaticos me aprietan, cuáles fueron mis presupuestos. Y yo quisiera conocer los argumentos que los inducen a prohibir la exhibición del documental. Porque lo que sí me gustaría decir es que Y todavía el sueño y Los zapaticos me aprietan son trabajos que están insertados dentro del texto social cubano, dentro de la Revolución; y que la cuestionen o no, es discutible.

Próximamente el ICAIC programará una muestra mensual de realizadores jóvenes, en la que cada uno presentará sus obras, y podrá debatirlas luego con el público. Tengo en mente que primero se exhiba Y todavía el sueño, después Los zapaticos me aprietan y a modo de cierre Video de familia. Ese será el momento ideal para que se proyecte otra vez la película; espero que nadie me diga que no la puedo poner. Bueno, que me lo digan personalmente.

—Más allá de la calidad estética de tu trabajo, se le valora también en consonancia con tu no-profesionalidad como estudiante del ISA durante su creación. Algo así como: qué bien, y es solo un estudiante. Qué crees de tu próximo proyecto, has sentado un precedente demasiado alto y ya no eres estudiante.

—En realidad ni me lo pienso. Lo único que hice con Video de familia fue una tesis de graduación para la escuela de cine. Se han creado unas expectativas de madre; pero a mí me da igual, no voy a hacer películas para cubrirle las expectativas a nadie. Haré el próximo filme para cubrir mi mera y objetiva necesidad de decir lo que pienso sobre un tema que me es sensible, o me preocupa. Si eso cubriera o no las expectativas de las personas..., si las cubre bien, si no las cubre: qué lástima ¿no?; pero no puedo hacer otra cosa, no me considero ni un supercineasta ni un superhéroe. Simplemente hice una película que funcionó y gustó, fue sensible al contexto nuestro por el tema; como también descubrí, no me lo había planteado, que fue sensible a otras realidades. De pronto, el tema va más allá de lo particular, las personas captan la idea y les resulta sensible, no les es indiferente. Cuando estuve en Boston se lo presenté a unos estudiantes de español, y me parecía que iba a ser un fracaso total: tú los ves nada más por la forma y sabes que están en otra realidad. Todo lo contrario. También se llevaron el mensaje, entendieron las cosas; se les iban los detalles muy locales, pero captaron la esencia de la película. Y, por supuesto, es muy agradable descubrir que hiciste algo que funcionó para todo el mundo. Pero para lo próximo que estoy preparando no pienso: bueno, esto va a funcionar...

Qué estilo le voy a poner. Porque la cuestión del estilo la han debatido también: si vas a mantener el estilo semejante a Dogma o vas a hacer otra cosa.

—Existe una obsesión por parte de la crítica [a la que hemos sucumbido también por momentos] de estar siempre rastreando ciertas características para formar una especie de poética de autor.
—Sí, la gente me ha dicho, o se ha preguntado de buena fe y me lo ha hecho saber, si yo seré capaz de filmar una película con trípode... Cosas que de pronto la gente se cuestiona y yo digo: vaya, les agradezco su preocupación, pero concho no me la hagan saber. Me están poniendo en una posición en la que me dan deseos de no hacer cine y dedicarme a la agricultura.

—Nos comentabas que tu intención era reflejar preocupaciones que te interesaban. De alguna manera, los tres trabajos que has realizado han versado sobre temáticas sociales. ¿Se podría considerar una característica de tu obra? ¿Te interesa desarrollarla en próximos proyectos? [es imposible evadirla, la obsesiva necesidad de rastrear y augurar].
—No sé, de momento sí. La realidad nuestra me seduce mucho, hay tanto que decir de cómo se vive en Cuba, aunque no pienso que sea el ombligo del mundo ni mucho menos; pero es la realidad que yo conozco, y es la que ahora mismo me pide el cuerpo, para decirlo de alguna manera. Me gustaría hacer una historia de amor bien apasionada, que no tenga que ver con nada; existe la posibilidad de que un día me encuentren haciendo una película de ciencia ficción. Por ahora lo social es lo que me interesa; pero si mañana me surge la idea de hacer un filme de capa y espada, trataré de hacerlo. Aunque creo que desgraciadamente no lo verían con mucho agrado. Las últimas cosas que se han hecho en Cuba han funcionado también con cómo va el mercado y las producciones. De nosotros, está Pavel (Pavel Giroud), que está loco por hacer cosas policiales.

—De alguna manera en el último video clip ha canalizado ese interés.

—Claro, está canalizando por ahí. Él tiene un proyecto muy interesante de gangsters en Cuba, en los años 50, que puede ser un trabajo bonito y totalmente válido. Por supuesto, está la cuestión de las producciones, hacer una película de época siempre encarece, y te fuerza a estar pensando en la economía; cómo contar la historia con la menor cantidad posible de recursos. A mí se me ocurrió una vez una historia, ahora que hablamos de musicales, en la que tenía montada una coreografía de policías frente al Yara, a las 12:00 de la noche. ¿Te imaginas la calle cerrada en la intercepción de L y 23 con los policías bailando? Me gustaba mucho... era una historia de gente marginal, proxenetas, ladrones y policías, y una de las cosas que más me gustaba era esa coreografía.


—¿Qué crees del espacio que le ofrecen a los jóvenes, egresados o no de las escuelas de cine, dentro del ICAIC o de la creación audiovisual en general?

—En realidad, en estos momentos el ICAIC ha contribuido bastante a incorporar a los nuevos realizadores a la industria. No obstante, no hay muchas probabilidades de que eso tenga, por el momento, muchos resultados positivos. Aquí todo es un problema de dinero. Si no tienes dinero no te puedes comprar ropa, si no tienes dinero no puedes hacer películas. Es la parte funesta y triste; pero ya la mera intención de incorporar a los jóvenes realizadores, ver lo que están haciendo, reunirles sus obras y ponerles muestras, es significativo. El año que viene, por ejemplo, está programada una muestra audiovisual, como la que se hizo hace dos años, donde se exhibirá lo que están haciendo los jóvenes creadores.


—Me refería principalmente a eso, no solamente al presupuesto para la creación, sino también al espacio de circulación y exhibición de estos materiales, muchas veces buenos materiales que no encuentran un espacio de inserción dentro de los principales circuitos.
— Es verdad. Creo que ahora sería un buen momento para presentar ese tipo de trabajos, teniendo en cuenta que todos los cines de la calle 23 tienen videoproyector. Bueno, habría que hacer otra convocatoria, y ver cuáles tienen realmente la calidad de exhibición. Porque cuando haces este tipo de proyecto de bajo presupuesto sucede que, si no tienes suficiente dinero, pues no te queda con la calidad, con un broadcasting aceptable para exhibirlo. Y eso sí no tiene remedio. De todas formas tiene valor, el de haber hecho un material. Yo estoy por eso, no me propongo ahora hacer la película en 35 mm, ni me lo pienso. Y eso es un conflicto que sí tienen los directores que filmaron en 35 todas sus películas.

—Ahora muchos están filmando en formato digital
.
— Ahora están revolucionándose; pero ha sido una transición obligada, lenta. No están felices, es doloroso. Uno de los que mejor la ha aceptado ha sido Humberto (Humberto Solás).


—El criterio de la mayoría es: qué remedio.

— Porque les resulta doloroso después de haber filmado en 35, que como soporte es mucho más fiable, mucho más perdurable para ellos. Y los resultados de imagen... son superiores. Para mí, que empiezo ahora, es totalmente normal. A ver, me gustaría filmar la película en 35mm, por supuesto; pero si es en digital me da igual. Lo hago con mucho gusto, no pierdo el sueño por eso; lo que me interesa es hacer el filme. También defiendo la idea de que si tienes una buena historia, una verdaderamente buena historia, no importa que la filmes en VH, ¿sabes? Cuando la presentes, y la gente la vea, si es realmente una buena historia y está bien contada, va a gustar. Va a gustar, y va a funcionar.

Notas

1 Título original: Festen / Dir. Thomas Vinterberg / Dinamarca / 1998.

2 Título original: The Blair Witch Project / Dir. Daniel Myrick, Eduardo Sánchez / EE.UU. / 1999.

 


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La Habana. 2002
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