LA JIRIBILLA
NICOLÁS GUILLÉN Y EL MODERNISMO HISPANOAMERICANO:
HACIA LA SUPERACIÓN DE OBSTÁCULOS

 
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Keith Ellis|
Canadá

Con relación a la técnica, Guillén declara, también en 1967: “Darío nos pertenece; nadie puede arrebatárnoslo.  Él nos enseña el camino de la perfección técnica que todo creador debe transitar si es honesto consigo mismo en primer término” (Pp, III, 310).  En efecto, la admirada presencia de Darío figura más frecuentemente en la obra de Guillén de lo que se ha sospechado; aparece tanto en las actitudes favorables hacia él que predominan en sus ensayos como en referencias directas en los libros La paloma de vuelo popular (1958) y  En algún sitio de la primavera: Elegía (1964).  Aparece también, más sutilmente, en las muchas intertextualidades amistosas dispersas por su poesía.  Por ejemplo, entre los poetas de los últimos siglos, Darío es tal vez el que más ha usado la epístola, incluso una encontrada solo en el año 2000 en la Widener Library de Harvard University, dedicada al poeta mexicano Amado Nervo y en la que rechaza la designación de “decadentes” tal como los críticos la habían  empleado para caracterizar a modernistas como él y Nervo.  Guillén ha escrito cuatro epístolas en las que conversa con distintas epístolas de Darío.  En este contexto hay que mencionar especialmente la relación que Guillén forjó entre la magistral “Epístola a la señora de Leopoldo Lugones” (1906) de Darío y su propia “Epístola” (1957).  Guillén crea elementos que forman paralelos con el poema de Darío: la ardiente sensualidad, la seductora comida, la atractiva naturaleza, el lenguaje a veces elevado, a veces conversacional, la hostilidad hacia París, y la nostalgia, para subrayar, entre otras cosas, el espíritu hispanista de Darío y el sentimiento patriótico de Guillén.(6)  Otra área de fecundas relaciones intertextuales entre los dos poetas es la poesía amorosa, sobre todo la del libro En algún sitio de la primavera: Elegía.  Además, en la ocasión del centenario del nacimiento del poeta nicaragüense Guillén organizó una espléndida conferencia internacional sobre él en Varadero, Cuba, dieciocho años antes de que Ernesto Cardenal (1925-) organizara la primera conferencia internacional sobre Darío en su país natal.  Son realmente extensas e íntimas las relaciones entre Guillén y el reconocido líder del movimiento modernista hispanoamericano. 

Martí, el iniciador del movimiento es también el Héroe Nacional de Cuba.  No es sorprendente, pues, que aparezca con gran frecuencia tanto en la prosa como en la poesía de Guillén, siempre como figura que merece la más profunda admiración.  Para empezar, en su artículo “Pero ¿Y Martí?,” pone a Darío, a quien tanto admira, en deuda con  Martí: “Rubén Darío...que tanto debe al autor de los Versos sencillos” (Guillén, Pp, II, 192).  En un discurso sobre Martí pronunciado en Beijing, en 1953 (Pp. II, 158-166), uno de los mejores resúmenes de la vida de Martí, presentado en el año del centenario de su nacimiento y comenzado el largo período del exilio de Guillén, este dice de él: “Como escritor, Martí es uno de los más grandes de la lengua.  Orador, político, periodista, poeta, agitador, todo lo fue en magnitud excelsa” (160) (7)

Dice de él, además, “[h]ombre de acción y poeta, Martí representa mejor que nadie en América el celo por la perfección de la forma tanto como el vigor del concepto; la exigencia implacable del bien decir y del bien pensar, que lo llevó a pulir el idoma no con aderezos y afeites femeniles, sino con los relámpagos que un creador verdadero puede sacar de su trato con la materia estatuaria, digamos granito, bronce, mármol.” (Pp, III, 111).  En el poema “Martí” (1964) Guillén muestra el mismo aprecio por el hombre polifacético que sobresale en varios campos.  Claro está que según el criterio de Guillén, para ser poeta en magnitud excelsa es necesario ofrecer los más nobles, progresistas y sensatos conceptos de una manera que demuestren un dominio de los aspectos técnicos del arte poético. 

El alto concepto que Guillén tiene por estos dos grandes modernistas no quiere decir que admire a los modernistas en general. Guillén se ha tomado la molestia de escribir sobre muy pocos de los numerosos poetas que suelen aparecer en las antologías de poetas modernistas.  En su etapa juvenil le dedicó un soneto a Amado Nervo (1870-1919).  Escribió un ensayo relativamente largo sobre Ramón López Velarde (1888-1921) en el cual menciona a otros poetas mexicanos que se agruparon bajo el “ala inmensa” (Pp, II, 354) del modernismo y le compara favorablemente con ellos por su voz auténtica y la popularidad de su poema “Suave Patria.”  Escribió también un artículo titulado “Díaz Mirón o la angustia de la forma” (Pp, II, 372-74).  Aquí Guillén aprovecha para criticar implícitamente a los poetas menores del modernismo su obsesión formal.  Recurre aquí a su prosa burlona, comentando que Salvador Díaz Mirón (1853-1928) “[p]ulió el poema hasta hacerlo sangrar” (372).

La actitud de Guillén hacia Julián del Casal (1863-93), su renombrado compatriota, es edificante.  Guillén no escribió ningún artículo sobre él; tampoco le menciona en ningún poema.  Los que leen descuidadamente la obra de Martí tengan tal vez la impresión de que por haberle dedicado un ensayo en la ocasión de su muerte Martí le había elogiado sin reservas.  Pero al Guillén que había criticado a Díaz Mirón su inatención a la sustancia de su poesía no se le iban a escapar las palabras de censura incluidas en el ensayo de Martí.

En su ensayo “Hablemos de la calidad,” Guillén comenta citando a Martí: “Pero también sabe Martí criticarle, no sin finura y tacto, que le tomara «la poesía nula y de desgano falso e innecesario con que los corifeos del verso parisiense entretuvieron estos años últimos el vacío ideal de su época transitoria...»” (Pp. III, 306).  En otra ocasión, Guillén resume: “Martí (tan celoso de lo esencial americano) reprocha a Casal su apego a las formas francesas decadentes” (Pp. III, 366).  Las propias palabras y opiniones de Guillén son aun más severas: “El poeta político, al modo que lo fueron Lamartine y Hugo, cedió plaza al poeta «maldito» al modo de Verlaine y Baudelaire, y en este punto es Casal nuestro ejemplo más desgarrador, dicho sea no solo para referirnos a la naturaleza de su verso sino también a su modo de entender la vida, que para los poetas de su estirpe debía ser un fenómeno alejado de todo contacto humano” (Pp, III, 135).(8) Rubén Darío ha ofrecido su perspectiva sobre algunas de las predilecciones de Casal y, señalando la discrepancia entre la elegancia de su estilo y lo lúgubre del contenido de su poesía, le llamó “desdichado ruiseñor del bosque de la muerte” (Darío, I, 691). 

De todos los poetas modernistas hispanoamericanos Casal es tal vez el que ha tenido vínculos más estrechos con escritores franceses de fines del siglo XIX; y mantiene estos vínculos mientras manifiesta muy poca adhesión a una identitad cubana o hispanoamericana. Es muy probable que con estas actitudes Casal contribuyera significativamente a que varios críticos hispanoamericanos, formados en la tradición del americanismo literario, José Enrique Rodó (1872-1917), por ejemplo, llamaran “decadentes” a los modernistas.  Solo con una cuidadosa lectura de Prosas profanas, de Darío, Rodó en su ensayo “Rubén Darío: su personalidad literaria, su última obra” de 1898 había podido declarar que “soy un modernista también” (191) y dejó de usar desde entonces el término “decadente” en lugar de “modernista.”  Sin embargo, persistió en América el hábito despectivo del cual Darío tuvo que quejarse en la epístola a Amado Nervo; persistió en parte porque coexistía un modernismo europeo que era de veras decadente, en parte porque algunos poetas que se agruparon bajo el “ala inmensa” del modernismo hispanoamericano eran de veras decadentes.  De ahí la incomodidad de Darío.  De ahí también la opinión de ciertos críticos, Juan Marinello (1898-1977) y José Antonio Portuondo (1911-1996), por ejemplo, de que la obra de Martí, y cito a Marinello, es “de un hecho de distinta naturaleza y mayor alcance, en que el modernismo queda inserto” (17-18).

Es posible aislar aspectos formales y comparar a Casal con José Martí o Rubén Darío.  Lo que es más probable es que este tipo de estudio quede en el aire sin probar las dimensiones profundas de la contribución de Martí o Darío.  Cuando Vicente Huidobro, un ardiente buscador de nuevas formas, se encontraba en la Francia de 1916 enfrentando con una actitud madura y sana las locuras de las teorías estéticas reinantes en esos momentos de afán por la guerra, se dio cuenta de que podía apoyarse en Rubén Darío, en su juicio crítico de las incipientes teorías fascistas de Marinetti y en su inspiradora poesía en defensa de la paz y los logros humanos que había continuado hasta sus últimos días.(9)  Si la sabiduría de modernistas como Martí y Darío hubiera sido influyente en la Europa de entonces, críticos como Curtius, Spitzer, Auerbach y Leo hubieran tenido mayores posibilidades de disfrutar en sus días de una literatura europea que reflejara fe y júbilo, vida y esperanza, creando así barreras contra el fascismo.  Nicolás Guillén con su propia obra creativa y su acertada visión crítica nos ha ayudado a entender que hay un modernismo hispanoamericano y caribeño de granito, bronce, mármol, apropiadamente labrado, y que, especialmente en estos días de amenazas y acciones cada vez más desconcertantes, debemos respetarlo y celebrarlo.

Notas:
6.  Comento en más detalle las relaciones literarias entre Guillén y Darío en mi artículo “La comida como metonimía: Jorge Luis Borges, Rubén Darío y la ‘Epístola’ de Nicolás Guillén” que va a aparecer en un próximo número de Revista de la Universidad de La Habana.

7. Para un artículo que trata más extensamente sobre los lazos entre Martí y Guillén, véase Keith Ellis, “Antirracismo y antimperialismo: Constantes poéticas de José Martí y Nicolás Guillén;” y Sonia Bravo Utrera, “José Martí en Nicolás Guillén.”

8. Estuve con Guillén en Jamaica en 1977 cuando fue a recibir el título de Doctor Honoris Causa de la University of the West Indies.  Estábamos conversando acerca de literatura cubana cuando recordé que en una visita anterior a Cuba había dejado unos libros en su oficina que me iban a enviar y no me habían llegado.  Me aconsejó que escribiera una nota a Sara Casal, su ayudante de administración en la UNEAC para saber qué había pasado con los libros, y procedió a deletrear el apellido de Sara.  “Como Casals,” me dijo, “el violonchelista español radicado en Puerto Rico, sin la s final.” “O como Julián del Casal,” le contesté.  “Como Casals sin la s final,” me dijo.  Me pareció un poco rara la insistencia, el desvío por otro país, otro campo, y otro apellido cuando la referencia al poeta modernista cubano hubiera sido tan apropiado.  No insistí sobre el asunto.  Años después me di cuenta de la explicación.  Había observado que él nunca había visto con buenos ojos a Casal, y después de su muerte, a través de su En algún sitio de la primavera: Elegía, supe que para él Sara Casal era persona insuperable.  Como el hombre de firmes principios que  era, no quería asociar a su Casal con Casal.  No quiso contaminar a Casal con Casal.

9. Veáse su ensayo “Marinetti y el futurismo,” Obras completas, I, pp. 616-23

Obras citadas:
 
Auerbach, Erich.  Mimesis: La representación de la realidad en la literatura occidental. Trad. Rafael Hernández.  La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1986.
Bravo Utrera, Sonia.  “José Martí en Nicolás Guillén.” Revista de Literatura Cubana, Año XIII, enero-junio 1995, Nos. 24-26, 36-45.
Curtius, Ernst Robert.  European Literature and the Latin Middle Ages.  Trad.  Willard R. Trask.  New York: Pantheon Books, 1953.
Darío, Rubén. Obras completas. 5 tomos.  Madrid: Afrodisio Aguado, 1950.
Del Río, Ángel.  Historia de la literatura espanola, I, New York: The Dryden Press, 1956.
Eagleton, Terry. “Capitalism, Modernism and Postmodernism.” Against the Grain.  London: Verso, 1986, 131-147.
Keith Ellis. “Antirracismo y antimperialismo: Constantes poéticas de José Martí y Nicolás Guillén.” Anuario de Estudios Martianos, No. 13, 1990, 322-330.
 “La comida como metonimía: Jorge Luis Borges, Rubén Darío y la “Epístola” de Nicolás Guillén.” Revista de la Universidad de La Habana.
Critical Approaches to Rubén Darío.  Toronto: University of Toronto Press, 1974.
Fernández Retamar, Roberto.  Para una teoría de la literatura hispanoamericana.  Santafé de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1995.
Guillén, Nicolás. Obra poética. 2 tomos.  La Habana: Ediciones Unión, 1985.
Prosa de prisa. 3 tomos. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1975-1976.
Jameson, Frederic.  “The Politics of Theory: Ideological Positions in the Postmodernism Debate” (in Modern Criticism and Theory, ed. David Lodge, London and New York: Longman, 1988, 372-398).
“Postmodernism, or the Cultural Logic of Late Capitalism.” New Left Review 146 (1984): 53-92.
Leo, Ulrich.  Interpretaciones hispanoamericanas: Ensayos de teoría y práctica estilísticas, 1939-1958. Santiago de Cuba: Universidad de Oriente, 1960.
Marinello, Juan. “Rubén Darío: Meditación de centenario.” L/L  Año 1, no. 2 (1967): 15-32.
Neruda, Pablo.  Obras completas.  Tomo I.  Buenos Aires: Editorial Losada, 1967.
Rodó, José Enrique.  Obras completas.  Madrid: Aguilar, 1967.
Spitzer, Leo.  Representative Essays.  Eds. Alban K. Forcione, Herbert Lindenberger, and Madeline Sutherland.  Stanford: Stanford University Press, 1988.


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La Habana. 2002
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