LA JIRIBILLA
REHENES EN UN TEATRO DE MOSCÚ
Chechenia y el petróleo del Cáucaso

Lisandro Otero
| México


El inicio del tercer milenio está conociendo un tipo de conflicto desconocido en el pasado siglo veinte. Ya no se trata de grandes formaciones de tanques, de vastas flotas de portaaviones y acorazados, de inmensos despliegues de divisiones de infantería. Ahora la obra de un sólo ciudadano, de un francotirador audaz como el de Washington, puede paralizar la capital de la más desarrollada potencia del mundo. Dos docenas de decididos mártires musulmanes, armados de cuchillos, provocaron la más grande crisis de los tiempos modernos al realizar los atentados de las Torres Gemelas y el Pentágono. El terrorismo es una manera de mantener hostilidades empleando el mínimo de recursos humanos y materiales para poner en crisis y minusvalía el máximo de fuerzas de otro estado.

Anteayer cuarenta chechenos bien armados tomaron como rehenes a un millar de espectadores en un teatro de Moscú. Pidieron que terminara la guerra que Rusia lleva a cabo en su pequeño país desde hace un decenio. Es una demanda de imposible satisfacción porque Rusia se haya empeñada en reconstruir su esfera de influencia que perdiera desde la disolución de la Unión Soviética, incitada por la ambición personal de Boris Yeltsin.

La presión de la ciudadanía indica una creciente fatiga con esa guerra. Hace dos años solamente el 22% de los ciudadanos rusos apoyaban la concertación de un acuerdo de paz con los chechenos. Hoy esa cifra ha aumentado a un 60% según el Centro de Estudios de la Opinión Pública. Se trataría de dialogar con Alan Masjadov, presidente de la república secesionista y concederle el derecho a la autodeterminación política.

En noviembre de 1991, tras la disolución de la URSS, los chechenos declararon su independencia. En 1994 Yeltsin ordenó al ejército atacar Grozni y mantuvo esa guerra durante tres años hasta 1996, cuando se estableció una frágil armonía que se vió interrumpida en 1999 tras ocurrir una serie de atentados, en edificios de apartamentos urbanos en Moscú, lo cual produjo un saldo de trescientos fallecidos. Hasta ahora la guerra en Chechenia ha arrojado un cruento saldo de 40 mil muertos y 300 mil refugiados.

Los chechenos hace más de siglo y medio que vienen luchando por su independencia. Su resistencia contra las campañas colonialistas de los zares fue intrépida y tenaz. Durante la Segunda Guerra Mundial cooperaron con la ocupación nazi como una manera de deshacerse del yugo ruso. En represalia Stalin ordenó la deportación de 850 mil chechenos a Siberia que no regresaron hasta los tiempos de Kruschev, pero ya había muerto medio millón de ellos en las duras condiciones del exilio.

La verdadera razón de la guerra contra Chechenia es el petróleo del Mar Caspio. En esa región se albergan veinticinco mil milllones de barriles del hidrocarburo. Las reservas de Kazajstan, Turkmenistan y Uzbekistan igualan a las de Kuwait y sobrepasan las de Alaska y el Mar del Norte juntas. El control de esos yacimientos es uno de los puntos claves de la Posguerra Fría. La Heritage Foundation considera en sus análisis que si no se llega a acuerdos de cooperación para explotar esas inmensas riquezas habrá sangrientas guerras locales y feroces conflictos de baja intensidad.

Rusia necesita a Chechenia para controlar el oleoducto que va desde Bakú, via Grozni, hasta la ciudad rusa de Tikhoretsk y termina en el puerto de Novorossiysk, en el Mar Negro. Por añadidura Grozni cuenta con una refinería que procesa doce millones de toneladas de petróleo anuales.

Durante el período del Presidente Dudayev, del 91 al 94, Chechenia exportó ilegalmente, sin la supervisión rusa, cientos de millones de dólares en combustible refinado. La ofensiva rusa de 1994 tuvo, en parte, como objetivo detener este flujo de hidrocarburos de estraperlo. Fue entonces que Dudayev se volvió a sus hermanos musulmanes del Oriente Medio presentando el conflicto como una confrontación entre el Islam y la Iglesia Ortodoxa.

El asalto al teatro de Moscú revivirá este conflicto medular en la actual puja petrolera que envuelve a Estados Unidos, Irak, Israel, Palestina y todo el orbe musulmán. De la habilidad de Putin para solucionar el lance dependerá también la proyectada agresión contra Sadam Hussein.
 


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La Habana. 2002
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