LA JIRIBILLA
"SIN CULTURA NO HAY LIBERTAD"
 
Bajo el toque de campanas salidas de leyendas germanas, mas con sudor y nervios tropicales, se abrieron las cortinas del Gran Teatro y pasadas las ocho y media de la noche del pasado 18 de octubre, se inició el XVIII Festival Internacional de Ballet de La Habana.


Hilario Rosete Silva|
La Habana


La extraordinaria fuerza de la música de Wagner cortó el resuello de la sala. Bajo el toque de campanas salidas de leyendas germanas, mas con sudor y nervios tropicales, se abrieron las cortinas del Gran Teatro y pasadas las ocho y media de la noche del pasado 18 de octubre, se inició el tradicional desfile de los estudiantes de las escuelas de ballet, y del elenco del BNC, preámbulo de la inauguración del XVIII Festival Internacional de Ballet de La Habana.

Estruendosos aplausos y lágrimas de emoción, adornaron las filas de los “pasados, presentes y futuros bailarines de la danza”, paráfrasis del lema del evento extractado en una imagen de altos quilates al final del pase de revista: la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso, directora general de la prestigiosa compañía, sostenida por niños y niñas de  cortísima edad... ¡parados en puntas! Es sorprendente la vitalidad que rezuma el BNC. Lejos de debilitarlo, el paso de sus 54 años solo logró imprimirle fuerza de juventud.

Las palabras de apertura las pronunció el presidente Fidel Castro: “En los más oscuros días de la tiranía batistiana, Alicia, Fernando, y otros valiosos cubanos, sostuvieron con dignidad y honor el sueño cumplido desde 1948 de crear, frente a obstáculos al parecer insalvables, el Ballet Alicia Alonso. Valerosos jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria les ofrecieron en sus horas más difíciles apoyo y desagravio. La Revolución cubana, desde los primeros meses del triunfo, puso a disposición de aquella compañía danzaria los recursos disponibles en el afán de que se desarrollara, expandiera y creciera. La excelencia de Alicia, su talento, su tenacidad y su ejemplo, que inspiraron a generaciones de brillantes artistas, hicieron posible el milagro.”

La música de Manuel Mauri (1857-1939), compositor habanero, director de orquestas de teatro, dio Paso a tres, la refinada y simpática coreografía de Alberto Méndez que una vez más le permitió a Víctor Gilí, en el papel masculino, mostrar vis cómica e histrionismo convincentes.

Le siguió Jorge Vega con una  “fuga de éxito a torso desnudo” en el sobrio y elegante, por su concepción coreográfica, Escape, de la catalana María Rovira, perseguido de cerca, asaltado y saqueado por, según criterios recogidos entre los asistentes, “uno de los mejores pas de deux de El corsario que se han bailado en Cuba en los últimos tiempos”: el interpretado por la joven promesa Viengsay Valdés, y la súper estrella Carlos Acosta, ambos primeros bailarines del BNC.

Casi “volando” sobre los acordes del pianista y director de teatro italiano Riccardo Drigo (1846-1930), la pareja apenas esperó salir al ruedo para, como decimos los cubanos, comenzar “a levantar presión” y terminar haciendo saltar de sus asientos a un público apasionado y entusiasta que los ovacionó largo y tendido.

En las postrimerías subió a la escena El ballet cómico de la reina, versión didáctica y refrescante de Alicia Alonso sobre Le ballet comique de la royne creado en 1581 por el italiano Baltasar de Beaujoyeux.

Como había anunciado la Alonso, la presentación fue un modo singular de introducir el pasado en el programa del Festival. Se estima que esta es la primera obra de danza escénica que puede ser considerada como un ballet. Recientemente se dio a conocer su música (original de Lambert de Beaulieu), y sobre esa base Alicia se inspiró e hizo una especie de recreación, no una reconstrucción arqueológica, de los modos expresivos de la época.

Sin el virtuosismo técnico que esperaba un público ya ansioso, puesto en el borde de las expectativas a partir de la pericia derrochada en El Corsario por el dúo Valdés/Acosta, El ballet cómico de la reina sufrió, desde su lugar en el programa, el “síndrome del bache”, y dio la impresión de ser “una obra menor”. ¡Cuidado! ¡Nadie se equivoque! El solo trabajo de rescate de la pieza tiene un valor extraordinario y supone una ingente labor de montaje y de diseño, tanto de luces como de vestuario, cuyos frutos están a la vista en la faena de Ana Leyte, Carlos Hernández, R. Reymena y S. Fernández. En Europa, y específicamente en Francia y en Rusia, donde aún vive la tradición de los ballets imperiales, le auguramos a la puesta un éxito sensacional. Con todo, El ballet cómico de la reina sería un cierre digno para la jornada inaugural de cualquier festival.

Vasos comunicantes

La fiesta internacional no. 18 de la danza en La Habana, prevista para los días del 19 al 28 de octubre (todavía queda tiempo) en tres teatros de la ciudad (Gran Teatro de La Habana, Teatro Nacional, salas Covarrubias y Avellaneda, y Teatro Mella), y en otros de Matanzas (el Sauto), de Santa Clara (La Caridad) y de Güira de Melena (Apolo), comprende un total de 36 espectáculos. En ella participan cuatro compañías extranjeras (el DessauBallet de Alemania, y la Compañía Metros, el Joven Ballet de Cámara de Madrid, y el Centro Coreográfico de Valencia, las tres de España) y seis cubanas (el Ballet de Camagüey, el Conjunto Folklórico Nacional, el Teatro de la Danza del Caribe, Danza Contemporánea de Cuba, el Ballet Español de Cuba y Codanza), y bailan una veintena de bailarines y bailarinas invitados, de la talla de los argentinos Julio Bocca y Maximiliano Guerra, la pareja Roberta Márquez (Brasil) e Iñaki Urlezaga (también de Argentina) y el estadounidense Damian Woetzel.

La asistencia a ciertas funciones se han visto limitadas por el horario, días entre semana, a las cinco de la tarde en el caso de los espectáculos de ballets clásicos en la sala Avellaneda del Teatro Nacional y hasta de algunas compañías visitantes en el teatro Mella. Es preciso reiterar que se trata de magníficos artistas, de primeras figuras de todo el mundo, para que el público, con conocimiento de causa, haga su esfuerzo y se arriesgue a asistir.

Poco antes del comienzo del Festival se dio a conocer la existencia del Certamen Internacional de las Artes Plásticas Alicia Alonso, y la dirección del BNC llamó la atención sobre el constante interés de Alicia en vincular el ballet con otras artes, pero en especial con la plástica.

Los contactos ballet-artes plásticas siempre han tenido resultados óptimos, reúnen muchas cosas en común, como son el colorido del diseño y la composición. Para el creador de ballet, mirar un cuadro es ver o imaginar una coreografía en la escena. Vinculadas al tema de la plástica, en el Festival se han producido varias actividades colaterales, léase exposiciones de pinturas. Hay aportes interesantes, como es el caso del artista plástico naif Julio Breff, oriundo de Gibara, que ha llevado el ballet al campo y el campo al ballet (galería La Acacia). También están un caricaturista extraordinario, Fausto García González, de Pinar del Río, que inauguró la muestra Alicia: caricaturas poéticas (sala Imago del Gran Teatro de La Habana), y la exposición Vuelos, de la extraordinaria pintora valenciana Nanda Botella (Casa de la Obra Pía).

“Sin cultura no hay libertad posible”, dijo Fidel en las palabras de apertura del 18 Festival, y pidió no limitar la idea a la cultura artística, sino extenderla a la cultura general integral. Aires de libertad respiramos millones de cubanos al presenciar, por televisión o en el teatro, el inicio y desarrollo de la fiesta internacional no. 18 de la danza en La Habana, un evento de excelencia. Usted no pierda la oportunidad. Todavía –hasta el próximo lunes– tiene tiempo.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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