LA JIRIBILLA
JALEO EN CÁDIZ
DanzAbierta en el
Festival iberoamericano de Teatro

Con DanzAbierta Cuba retornó,  después de cuatro años, y con un resonante éxito,  al Festival Iberoamericano de Teatro, un encuentro ya tradicional, y de indudable importancia, de la escena iberoamericana.


Omar Valiño
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España

La compañía cubana DanzAbierta obtuvo un resonante éxito en la XVII edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, celebrada  en esa ciudad española.

Durante la única función de Chorus perpetuus el público acompañó con aplausos el magnífico desempeño de los seis bailarines, devenidos también cantantes por las altas exigencias de la coreografía de Marianela Boán, directora general del grupo. Al cerrar el telón del Gran Teatro Falla, los espectadores ovacionaron el espectáculo hasta el paroxismo del jaleo, las peculiares palmadas de Andalucía que son el mayor tributo al cual  puede aspirarse aquí.

Chorus perpetuus, ganador del Premio Villanueva de la crítica cubana el pasado año, se presentó en plena madurez, destacándose en la puesta en escena cada detalle humorístico o dramático y cada relación entre los danzantes, así como su extrema limpieza técnica.

La obra elige un coro musical y un concierto de este como espacios desde los cuales discutir las relaciones entre el grupo y los individuos. La unidad del coro va desarticulándose en la medida que los deseos, anhelos, rasgos, voluntades o carencias de los seres que lo forman se convierten en valladares para su existencia misma. Pero si en ese forcejeo el coro tiene capacidad para reintegrar a sus miembros así sean sus diferencias, la unidad se enriquece.

Esa parece ser la clave propuesta por Marianela y sus bailarines, la cual halló amplio respaldo también en el debate teórico que sucedió al estreno, donde intercambiaron numerosos académicos, críticos y periodistas de todo el continente americano.

Con DanzAbierta Cuba retornó,  después de cuatro años al FIT, un encuentro ya tradicional, y de indudable importancia, de la escena iberoamericana. En esta ocasión participaron grupos de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Uruguay y la propia España, además de varios directores y promotores de eventos escénicos.

El otro gran suceso del Festival, entre algunos otros interesantes espectáculos, fue La muerte de Marguerite Duras, un título desorientador con respecto a su contenido, de Eduardo Pavlovsky interpretado por él mismo y dirigido por Daniel Veronese. Como un dios, el argentino Tato Pavlovsky carga al público en una mano y lo lleva de la risa al llanto gracias a reflexiones muy suyas sobre la existencia humana y a una de las actuaciones más grandes que yo haya visto.

Sobre el escenario hay solo un sofá y un hombre, luz plana y casi imperceptibles entradas de sonido, más un actor infinito que materializa la comunión total con los espectadores y nos devuelve la fe en el teatro.



© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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