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LA
JIRIBILLA –Empecé jugando con la computadora y, poco a poco, la fui tomando cada vez más en serio. Me percaté de que era una herramienta que podía incorporar a mi trabajo como pintor, pero no he renunciado a la pintura con técnicas tradicionales. Es, precisamente, por eso que existe Ventanas Acoplables porque la cuestión está en tender un puente entre esas dos vertientes de mi forma de trabajar. La exposición tiene el objetivo de conectar estas dos maneras de hacer y que quede claro que internamente es la misma idea. Ese puente se manifiesta muy bien en la muestra en esas dos facetas, en esos dos modos de abordar las artes plásticas. Para mí la computadora en una herramienta para hacer artes plásticas como mismo lo son los medios tradicionales. En dependencia de la obra concreta que voy a hacer, elijo cuál es el medio que más se ajusta a esa idea. –¿Por qué razón te interesa como temática creativa la relación entre el desarrollo tecnológico y el ser humano? –Estuve durante mucho tiempo en contacto con la cultura europea y me chocó el distanciamiento que existe entre las personas a partir del desarrollo tecnológico. Este hecho, que es una realidad, ha llevado a que se generalice la idea de que el arte digital es frío. Pienso que eso es un error. Lo que ocurre es que como la computadora da filtros e imágenes perfectas, existe un abuso de la parte hedonista de las imágenes. Lo que quiero decir es que los medios digitales pueden ser utilizados como una herramienta más de las expresiones artísticas. Hay creadores que, utilizando medios tradicionales, han incorporado la computación a su obra. Ventanas… lo que pretende es conectar estos dos modos de trabajar de una manera orgánica bajo la misma idea y mostrar mi más reciente quehacer. –¿Con qué técnicas tradicionales te sientes más identificado? -Me gusta más crear sobre cartulina que sobre lienzo. Lo que me motiva es una razón práctica. Tengo urgencia por trabajar, por plasmar las ideas. Sobre cartulina siento que puedo crear de una manera más inmediata. También mi obra posee violencia en el trazo y cierta improvisación. Con la cartulina me siento mucho más directo y menos responsable que cuando pinto un lienzo de gran formato. La violencia que admite una cartulina, no la soporta la tela. Todas las obras no digitales incluidas en Ventanas Acoplables están elaboradas con ese material. –¿Arte digital es sinónimo de arte del siglo XXI ? -El arte de nuestro tiempo, de la posmodernidad, no puede definirlo ninguna técnica. Es tan viejo hacer un paisaje como una obra cubista. Todo lo que tiene que ver con técnicas y con medios, son instrumentos para utilizar y no puede ser lo que defina la modernidad del arte, la actualidad del arte. Pienso que la cuestión está en que los medios que se elijan, sean los precisos para lo que haya por dentro en ese arte. En estos momentos incursiono en los medios digitales porque se ajustan mucho a mi trabajo, pero si en el futuro tengo que resolver una idea a través de un lápiz y un papel — y eso es efectivo— no voy a renunciar. La técnica no puede definir el arte. –Estamos en el siglo XXI, en un mundo tecnológicamente avanzado y paradójica- mente incomunicado. Cuando te refieres a la violencia del trazo ¿lo haces basándote en la técnica o en lo que pretendes transmitir al espectador? -Uno hereda cierta tradición pictórica y, por ejemplo, los temas urbanos —o los que tienen que ver con lo social— poseen una fuerte influencia expresionista. Mi temperamento y forma de crear han estado siempre muy ligados a esas propuestas. Ese carácter no se pierde, por ejemplo, cuando trabajo con cualquier medio como los digitales. En la década de los ochentas y principios de los noventas mi obra era totalmente racional, incluía objetos, hacía instalaciones…luego comienzo a pintar. Aunque pinte de esta manera urgente y expresionista, el hecho de haber realizado instalaciones me hace tener un 50 por ciento de racionalidad –A pesar de la supuesta tridimensionalidad, hoy por hoy ¿te interesa más lo plano o la perspectiva? -Mis instalaciones siempre fueron concebidas para verse desde un solo punto de vista, o sea, se colocaban contra la pared. No tengo mucho de escultor. En mis tiempos de estudiante las asignaturas de esculturas eran mis peores notas. Actualmente me cuesta mucho ver las cosas desde varios puntos de vista. Mi mente y concepción siempre han sido las de un pintor, la de la imagen plana. –Vista desde la experimentación, ¿qué nivel de improvisación puede tener una obra tuya?
-Ocurre
una cosa interesante. En la medida en que van pasando
los años —uno está convencido de cómo piensa y qué es lo
que quiere hacer— se puede improvisar más y las cosas no
quedan inexactas. Me refiero a la manera de enfrentar el
trabajo. Antes, cuando empecé a elaborar estas ideas
relacionadas con el hombre y la tecnología, tenía que
pensar mucho y hacer bocetos. Ahora, como eso está
dentro porque pasa por años de quehacer y por ideas,
puedo enfrentarme al papel en blanco y no sale algo que
tenga elementos gratis porque haya sido improvisado.
Está armada una estructura de elaboración que solo se
adquiere a través de mucho tiempo de trabajo constante:
improvisar no es tan peligroso. |
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