LA JIRIBILLA
MENSAJES DE INTELECTUALES
AL TALLER

 
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Madrid, 18 octubre 2002

Querido Chino:
Me alegro mucho de que hayan llegado al quinto aniversario con tan lindas realizaciones, que enaltecen el recuerdo y la calidad literaria y humana de Onelio Jorge.
Enhorabuena y los mejores ojalás, con un abrazo fraternal de

Mario Benedetti
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México, D. F., octubre 2002

Querido Eduardo Heras León:
En este día en que comienzan los trabajos del Quinto Curso Anual de Técnicas Narrativas que diriges en el Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso", es un gran gusto y un honor para mí enviarles estas palabras de saludo, convencido de que tanto el empeño como el talento literario de los jóvenes compañeros inscritos convertirá el estudio y la práctica de estas técnicas en obras dignas de la gran tradición creativa cubana.
Quisiera estar personalmente con ustedes, como lo estoy en espíritu, deseándoles el mejor de los éxitos.

Augusto Monterroso
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Buenos Aires, 23 de octubre de 2002.

Querido Chino:
Sylvia me ha contado, con todo detalle, la importancia que tienen los talleres literarios en Cuba, importancia que ella pudo comprobar cuando estuvo allá como jurado del Premio de la Casa, y de la que ustedes mismos, quizá, no son del todo conscientes porque ese hermoso y vasto proyecto ya les resulta natural. Lo único que puedo decirte es que, en la mínima medida en que, gracias a vos, yo participo de ellos con algún cuento, me siento tan orgulloso del trabajo que están realizando como si fuera uno de ustedes.
A los más jóvenes me gustaría decirles que el primer taller literario de un escritor es su propia biblioteca: lo que descubre de la literatura en los libros que ha leído y en los grandes escritores que admira, y luego, sus propios textos, los que él mismo escribe, y a los que debería sentir siempre como provisorios, como perfectibles. Escribir no es solo imaginar historias sino hacer alcanzar a las palabras ese nivel de perfección formal que, en cualquier arte, es exactamente lo mismo que el sentido. No solo lo que decimos sino cómo lo decimos es lo que nos convierte en escritores, al menos si queremos que la palabra "escritor" todavía signifique algo en el mundo contemporáneo. Y en este punto es donde empiezan a tener importancia los talleres grupales. Nadie, es cierto, puede enseñarle a escribir a otro, pero todos podemos aprender de otros, no para repetir lo que ya han hecho nuestros maestros, sino para llegar a ser nosotros mismos. Ese es precisamente, para mí, el sentido profundo de los talleres de literatura: la discusión, el ir poniendo a prueba aquello personal que buscamos con la opinión y la crítica de los demás.
No estoy diciendo nada que vos y que todos ustedes no sepan, pero me gusta insistir en esa condición de aprendizaje perpetuo que tiene la práctica de cualquier arte. Cuando uno piensa que Tolstoi rescribió siete u ocho veces Guerra y Paz, puede comprender qué significa el problema de la forma para un escritor en serio. También me gusta repetir una frase que, según dicen, pronunció el viejo Haydn cuando estaba a punto de abandonar este sorprendente mundo: "Venir a morirme ahora, cuando empezaba a entender para qué sirven los instrumentos de viento"
Querido Chino, te mando junto con mi abrazo y mi afecto de siempre, el cariño de Sylvia, y espero que estas líneas algo febriles te lleguen a tiempo para la inauguración del V ciclo de tu Centro de Estudios.
Mi saludo a los alumnos y a los profesores. Mi solidaridad permanente con Cuba.

Abelardo.
(Abelardo Castillo)

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Queridos amigos del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso:

Les mando un fuerte abrazo a cinco años de iniciadas las actividades. La sabia conducción del querido Chino Heras y los demás instructores ha de haber sembrado semillas que pronto van a dar frutos. Nomás no se apresuren que la Literatura no es una carrera ni un objetivo. La Literatura no es una simple urgencia cotidiana, amigas y amigos, sino que es una urgencia de vida, de sangre y corazón y tripas. Escribimos como respiramos y por eso toda prisa es vana e inútil. La acumulación de lecturas y técnicas, de lenta germinación y maduración, es el camino. Y cuando lo aprendemos, quiere decir que estamos en el buen camino, el de Hemingway, Lezama y Carpentier. Les mando un abrazo gordo, afectuosísimo desde esta tierra herida.

Mempo Giardinelli
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Queridos, queridas colegas de hoy y del futuro,

Quiero celebrar con ustedes los cinco años de un emprendimiento que debe de haber comenzado como un sueño, como una utopía: ir formando escritores y escritoras como quien va abriendo caminos de literatura para darle sentido al mundo. Parece casi un milagro por la afluencia de asistentes al Centro Onelio Jorge Cardoso y por los éxitos logrados. Es que no podrían estar en manos más idóneas –o mejor dicho en contacto con mejor cabeza y corazón– porque el talento y la generosidad y el ingenio del Chino Heras son enormes.
Cinco años es el triunfo de un plan quinquenal, que seguirá replicándose en el tiempo. Y cada vez serán más los que se incorporan a este proyecto de abrir tantas puertas interiores y hasta algunas externas. Sé del entusiasmo y la dedicación con que se trabaja en el taller porque estuve allí en dos oportunidades diferentes, en dos espacios diferentes y con distinta gente, pero en ambas visitas encontré idénticos entusiasmo y dedicación. Nunca me voy a olvidar de esas experiencias, sobre todo de la primera, cuando empecé lentamente a despojarme de ropa. No era una metáfora, aunque acabó funcionando como tal. Porque llegué al salón vestida de cebolla, la mañana se presentaba mucho más fresca que de costumbre, y al calor del recibimiento de ustedes, al fervor de las palabras, empecé por sacarme el chal, y después un pañuelo que tenía alrededor del cuello, y después el liviano blazer, y cuando procedí a desabrocharme la blusa (abajo llevaba otra prenda) creí notar expresiones de complicidad. Y ahí supe: toda participación en un taller de escritura es una forma de desvestirse en público, de poner en juego los más profundos sentimientos y a la vez de sentirse acompañado, de explorar la profundas cavernas a sabiendas de que otros andan por allí, entre las mismas sombras, en ese laberinto que es el lenguaje con toda su posibilidad de desenmascaramiento. Cosa que me lleva a felicitarlos a todos los que hoy estén festejando, a felicitarlos por su coraje y también por apostar con tanta determinación al arma más letal y más dulce que tenemos: la palabra.
Les mando un enormísimo abrazo solidario

Luisa Valenzuela
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Montevideo. 3 de octubre de 2002

Vaya mi abrazo de cumpleaños para ese lindo Centro. He tenido la alegría de compartir sus tareas y me consta que allí se enseña aprendiendo y se aprende enseñando, en un vaivén fraternal y creativo que hace posible el libre vuelo de las palabras.

Abrazos para ustedes, del otro Eduardo

Eduardo Galeano


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La Habana. 2002
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