UN
ENCUENTRO CONSUMADO
La
supresión de la palabra cultura entre los objetivos de
la Revista Encuentro en la red hace mucho más explícitas las intenciones subversivas
de este sitio que parece haber sido diseñado, desde el
punto de vista editorial, en la redacción de Radio Martí,
una emisora fundada y subvencionada por el gobierno de
los Estados Unidos.
Manuel
Henríquez Lagarde | La Habana
Como
si de animales prehistóricos se tratara, en este
globalizado mundo de hoy, las revistas intelectuales
parecen destinadas a la extinción. En un artículo
publicado en la revista Encuentro No. 18, la
periodista Ivette Leyva Martínez asegura que la mayoría
de las revistas de ese tipo que han existido en ese
“desierto que es Miami para el espíritu”1
han desaparecido debido a “la falta de recursos
financieros”.
Otro
tanto ocurre en latitudes más distantes. En España,
por ejemplo, según el filósofo Ignacio Gómez de Liaño,
la sobrevivencia de una publicación intelectual es prácticamente
imposible si no cuenta con algún tipo de mecenazgo;
cada vez son más estrechos los
resquicios de libertad permitidos por el poder
del mercado.2
“A
excepción de algunos países muy consolidados como
Francia, que mantienen alguna revista casi centenaria,
lo normal es una gran fluctuación. Cada generación o
cada escuela literaria irrumpe en el medio cultural
creando su propio medio de expresión. A menos esto es
lo que venía ocurriendo hasta finales del siglo XX,
pero las cosas están cambiando muy rápidamente (...)
Los medios de comunicación, desde las cadenas de
televisión a las revistas culturales más minoritarias,
cada vez se concentran en menos manos con una pretensión
clara de durar”. 3
Paradójicamente
con todo lo dicho hasta ahora, y quizás por aquello de
que toda regla tiene su excepción, como señala el sociólogo
español arriba citado, a veces suelen ocurrir algunos
“milagros” o “hazañas” cuyo mejor ejemplo
probablemente sea la revista Encuentro de la cultura
cubana.
Aparecida
en Madrid durante el verano de 1996, dicha publicación
se ha mantenido saliendo con una periodicidad trimestral
hasta nuestros días, pero no precisamente, como presume
ingenuamente el articulista, por su “carácter
definitorio que trata de superar la línea divisoria
entre la cultura del interior o del exterior”, ni
mucho menos por su calidad.
Si
la revista se ha mantenido hasta hoy ha sido porque, más
allá de las buenas o turbias intenciones de dicho
proyecto o del talento o mediocridad de sus
colaboradores, ha contado con el financiamiento
necesario: “Fundar no ya un periódico, sino incluso
una revista cultural resulta demasiado costoso para que
lo pueda emprender un grupo de amigos.”
4
Financiada
en un inicio por la Fundación Olof Palme, el Partido
Social democráta sueco y contribuyentes españoles, la
revista dirigida por el novelista cubano Jesús Díaz
cuenta hoy con el apoyo de la National Endowment for
Democracy, la Fundación Ford y el Institute Open
Society, de Estados Unidos lo que le ha permitido, a
partir del sustancioso sufragio de estas dos últimas
instituciones, añadir la edición de un periódico en
Internet.
DERECHA
DRE
Quizás
el rompimiento con sus patrocinadores suecos y españoles
se debió al desacuerdo respecto a los derroteros de la
búsqueda emprendida por Encuentro. A pesar de su
título y de sus cantos de sirena sobre la reconciliación
de la “cultura” cubana dispersa por el mundo y el análisis
de nuestra realidad y la polémica,
5
propósito este que, desde hacía mucho antes, no le era
nada ajeno a las publicaciones culturales publicadas en
la isla, Encuentro ha demostrado, desde sus
primeras ediciones hasta hoy, un carácter marcadamente
ideológico. En sus doce números, cuatro de ellos
dobles, la revista
“cultural” le ha dedicado un 65 por ciento de su
espacio a la política.
Si
bien en sus comienzos, en sentido general, durante algún
tiempo la revista trató de demostrar una posición
respetuosa hacia los intelectuales de la isla y alardeó
de una postura de distanciamiento respecto al “exilio
miamense”, al cual le imputaba una “intolerancia de
derecha que le hace el juego a la intolerancia de la
izquierda de la dirección revolucionaria” y en forma
explícita se manifestaba contra el bloqueo
norteamericano, las pretensiones hegemónicas de los
Estados Unidos sobre Cuba y la Ley Helms Burton, poco a
poco abandonó su supuesta tendencia centrista e
imparcial a favor de un giro hacia la derecha.
El golpe de timón definitivo hacia estribor lo marcó tal vez, en su número
16/17 de mediados del 2000, la publicación de un artículo
en contra de René Vázquez Díaz quien siempre ha
mantenido una posición de claro enfrentamiento hacia el
bloqueo norteamericano. La democrática
revista, experimento en papel que, según
palabras de su director, contribuirá a “prefigurar la
difícil transición de Cuba hacia una sociedad abierta
y democrática”, emplazó fuertemente al escritor
residente en Suecia por “no atacar al gobierno cubano
y echar la culpa de todo al bloqueo; hacerle el juego al
gobierno al no defender a quienes lo enfrentan”.
Desde
entonces se hicieron cada vez más evidentes en las páginas
de Encuentro varias intenciones o concesiones
entre las que sobresale un tangible acercamiento a las
posiciones o intereses de las autoridades
norteamericanas. De igual forma, se exalta como algo
loable para nuestra identidad nacional las influencias
estadounidenses; se
ataca a escritores y artistas de la isla o de la
emigración, de algún modo u otro comprometidos con el
proceso revolucionario, al mismo tiempo que se elogia a
sus colegas de Miami. En su intención de unir a la
cultura cubana, la “conciliadora” revista puede
prescindir de figuras como
Silvio Rodríguez, Miguel Barnet, Roberto Fernández
Retamar, Rafael Hernández, Lisandro Otero y Aurelio Alonso, a quienes
ha hecho víctima de sus agresiones. De igual forma,
surge la que parece ser una línea editorial de primer
orden, tanto en la revista impresa como del periódico
en la red: la limpieza de la imagen de ciudad
intolerante y decadente de ese “desierto para el espíritu”
que es Miami.
De acuerdo con el “nuevo
evangelio de Jesús”: “El Miami cubano ha sido
demonizado... en muchos sectores de Cuba, América
Latina, Europa e incluso de Estados Unidos, la simple
mención de su nombre se asocia automática y
exclusivamente a las mafias, la intolerancia, el odio y
la sed de venganza con respecto a Cuba (...) Lo cierto
es sin embargo que el Miami cubano constituye la
comunidad exiliada más exitosa de la historia contemporánea
(...) En un futuro democrático de economía abierta
Cuba no podrá darse el lujo de prescindir del capital y
la experiencia acumulada por los hermanos de Miami”.
Indiscutiblemente, Jesús, producto tal vez de sus
excursiones aéreas con José Basulto, tiene una visión
bastante celestial de esa ciudad del sur de la Florida.
Y
su explícito cambio de ruta, sin dudas, está
relacionado con la dirección en que
soplan los billetes. O el dinero procedente del
Norte ya había llegado o estaba por llegar. Encuentro,
según parece, va a continuar en el centro de la misma médula
de la derecha.
¿HAVEL
O KUNDERA?
En
las actuales circunstancias, editar una revista política
contra la revolución cubana y encontrar además quien
la financie no tiene nada de extraordinario. Meritorio
sería, en todo caso, lograr un financiamiento para una
revista verdaderamente interesada en la cultura. No
obstante, lo que sigue sin estar del todo claro para
algunos es por qué Jesús Díaz y sus epígonos no
declararon desde un principio sus propósitos reales. ¿Acaso
la censura castrista se lo impedía aún estando
residiendo en una sociedad “libre y democrática”?
Ya
arriba aventuramos la hipótesis de que, por lo visto,
el autor de Polvo Rojo pidió dinero para la
cultura y lo destinó a
hacer política. Alguien que más o menos tenga
alguna referencia sobre el personaje podría inferir que
no se podía esperar otra cosa de un simulador y
oportunista que no ha vacilado en sacrificar principios
y convicciones en pos de su conveniencia.
Luego
del derrumbe del muro, sin detenerse a pensarlo mucho,
se puso a buen resguardo del efecto dominó que sin
dudas desplomaría a la pequeña y subdesarrollada isla
del Caribe. Fue quizás entonces cuando se le ocurrió (¿se
le habrá ocurrido realmente a él?) que con una biografía
de persecuciones, censuras, suicidios y agentes de la
KGB, en su época como director del Caimán como
la que presentó en el pasado LASA, podría borrar de un
plumazo su currículum ultraizquierdista y homofóbico,
y su trayecto como secretario del Comité del Partido Comunista de Cuba del
ICAIC y otros cargos.
Si a esto se le sumaba alguna que otra novela con
similar temática probablemente podría incluso hasta
competir con el mismísimo Milán Kundera. Después de
todo, ¿Kundera era un gran escritor o alguien
promocionado exhaustivamente en el contexto del veinte
aniversario de la invasión soviética a Praga? O
incluso, tal vez podía llegar aún más lejos. ¿Václav
Havel no era presidente de Checoslovaquia en 1991, la
fecha en que Jesús decidió borrar su pasado? Encuentro
podía ser su carta de triunfo o, mejor aún, su Carta
77.
Desgraciadamente,
la penúltima ficha del dominó se hundió en el Atlántico
y Jesús no llegó a ser ni Kundera ni Havel
—ni siquiera eso—, y ha tenido que
conformarse con su papel de vocero, con cierto matiz
intelectual, por supuesto, de lo peor de la derecha de
Miami.
ENCUENTRO
EN LA RED
Anunciado
el número 18 de la publicación impresa como Encuentro
en la red (Diario independiente de la cultura cubana),
el periódico apareció el 4 de diciembre del 2000 con
un ligero cambio en su título. De Revista
independiente de la cultura cubana pasó a ser el Diario
independiente de asuntos cubanos. Aunque la
rectificación es aún incompleta hay que reconocer que
es mucho menos hipócrita.
Con
el propósito de desarrollar un nuevo “polo cotidiano
de información y opinión sobre asuntos cubanos” Encuentro
en la red cuenta con tres objetivos que muy poco
tienen que ver con la cultura: “Ofrecer una
alternativa a la falta de libertad de prensa existente
en Cuba. Contribuir a prefigurar un futuro democrático
para la isla. Y servir como punto de encuentro entre los
cubanos, tanto los que viven dentro como los que están
dispersos por el mundo.”
La
supresión de la palabra cultura entre sus objetivos
hace mucho más explícitas las intenciones subversivas
de este sitio que parece haber sido diseñado, desde el
punto de vista editorial, en la redacción de Radio Martí,
una emisora fundada y subvencionada por el gobierno de
los Estados Unidos.
Con
un contenido temático casi exclusivamente dedicado a
Cuba (de 541 trabajos leídos solamente 27 tratan de
otros asuntos) sus temas principales son la política
(de 325 trabajos de esa materia 230 están dedicados a
atacar la revolución) y sus principales intenciones propagandísticas hacen hincapié
en afectar la credibilidad del gobierno cubano,
especialmente la figura de Fidel; mostrar una situación
de simulación generalizada en Cuba y, por tanto, la
inexistencia de un apoyo de la
población al sistema y sus dirigentes; presentar
al país guiado por el “castrismo” y la ausencia,
por ende, de una ideología de la Revolución Cubana.
Ofrecen además una imagen edulcorada de Miami como
comunidad cubana exitosa, próspera, culta y solidaria;
acrecientan la magnitud y significación de la llamada
disidencia interna y las organizaciones vinculadas a la
Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, y
presentan a Cuba como aislada internacionalmente en sus
relaciones con los países “democráticos”. Política
editorial esta última que excluye las dudas sobre la
orientación neoplattista de sus ejecutantes.
Al mismo tiempo, su estilo no puede ser más vulgar y pedestre, al
punto, que cualquier neófito en estas cuestiones podría
pensar que nombres como los de Luis Manuel García,
Wilfredo Cancio Isla, Emilio Ichikawa, Rafael Rojas,
Alejandro Ríos, Manuel Díaz Martínez and Cía.
(leáse literalmente) son los seudónimos literarios
de los redactores de la también washingtoniana Radio
Martí (por cierto, casi todos escriben para ambas). Las
coincidencias, como se ve, son muchas. A fin de cuentas
les paga el mismo dueño.
Por
otra parte resulta, además de lamentable, inexplicable
que dichos escritores, algunos de ellos con algo de
talento, dilapiden su competencia profesional en una
fracasada empresa que solo funciona en la mente obcecada
y calculadora de sus promotores. Sólo el mercenarismo más
prosaico podría justificarlos.
No
obstante, mientras Luis Manuel García, con una extensa
página curricular, coloca anuncios en la red brindándole
sus servicios al mejor postor, e Ichikawa hace
publicidad para la gastronomía miamense, Jesús estrena
el nepotismoweb
(su hijo ostenta el cargo de jefe de redacción del periódico);
al frustrado checo tropical y sus apóstoles de la
ideología de Miami no les va del todo mal. Después de
todo, el tan deseado encuentro, no con la cultura
cubana, sino con las
migajas del imperio ha sido, por fin, consumado.
1
La autora no cita a Abel Prieto, sino a Lydia Cabrera.
2
Ignacio Gómez de Liaño en el Editorial de Inventario,
No 6 de 1996
3
Ignacio Sotelo, Encuentro de la cultura cubana,
No 18, otoño del 2000, pag 169.
4
Ídem
5
Un polémico trabajo de Jesús Díaz “Los anillos de
la serpiente” apareció publicado en La gaceta de
Cuba a inicios de la década del
90.