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EL ALMA DE LA NACIÓN NO SE VENDE

El Museo Nacional de Bellas Artes, reinaugurado por Fidel el pasado jueves, se ha convertido en una fiesta de estilos, escuelas, generaciones y paletas de artistas que han dejado su huella en la historia del Arte nacional o universal. Y esa amplia variedad está al alcance de la vista para todo aquel que comprenda, en su entera inmensidad, el valor de aprovechar bien cada minuto, cada segundo de nuestras vidas.

Mario Jorge Muñoz | La Habana 

Huele a nuevo -porque ese olor también existe. Allí, la mano del hombre y de la modernidad acaban de dejar inapreciables huellas. Se siente en el aire, se ve en cada espacio, ya antes de franquear sus puertas. 

El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana está abierto otra vez al público, después de cinco años de intenso trabajo de restauración y remodelación.
Valió la pena el gasto -14,5 millones de dólares- en medio de las tantas dificultades por las que atraviesa el país. Porque la satisfacción espiritual del hombre no tiene valor. Mucho menos cuando se trata de la salvaguarda y trascendencia de la identidad, del patrimonio cultural de la Nación. Mucho menos en un mundo donde algunos apuestan por la desmemoria, por la homogeneización.
Las deterioradas condiciones de exhibición, almacenamiento y seguridad de la sede histórica -terminada de construir en1954-, hicieron necesario que el Palacio de corte racionalista fuera cerrado en 1996, y en 1999 comenzarán las obras de rehabilitación.
Así, poco a poco, se fue alzando el mayor espacio expositivo y pictórico de Cuba. Debieron pasar dos años de trabajo fuerte y minucioso para que la "Ciudad de las Columnas" pudiera "abrir" su inmenso regalo: además del Palacio de Bellas Artes, dedicado ahora sólo a la colección de Arte Cubano, el complejo se extiende en sus inmediaciones a la antigua sede del Centro Asturiano, un edificio que también fuera restaurado y donde se expone la colección de Arte Universal, y el antiguo inmueble de las Milicias, preparado para fungir como centro administrativo del Museo. 
Ahora, en las nuevas instalaciones se encuentran protegidas, para goce de las nuevas generaciones de cubanos, 47 628 piezas que conforman el fondo de la institución. Más de 2 000 están expuestas en ambas edificaciones. Y no sólo se exhiben pinturas y grabados, también trabajos sobre soporte de papel y cartulina.
Orgullosas, son la prueba que ridiculiza los venenosos y humillantes comentarios de advenedizos y anexionistas, que en continuo afán de denigrar a ¿su? Patria llegaron a propalar que en el nuevo museo no habrían obras para exhibir porque debieron ser vendidas en estos últimos años de privaciones materiales. Evidentemente, los enemigos no han comprendido que para los cubanos el alma de la Nación no tiene precio.

NUEVAMENTE EN CASA
El Museo Nacional de Bellas Artes ha sido ampliado y acondicionado con modernas tecnologías para la iluminación y climatización que requieren el cuidado de las obras. Además, dispone de un Centro de Documentación, con el mejor fondo bibliográfico sobre artes plásticas del país -sólo en soporte de papel más de 120 000 libros; un auditórium con 248 capacidades, sala para actividades, tiendas especializadas y cafeterías. 
María de los Ángeles Hernández, jefa de Relaciones Públicas del Museo, explicó a La Jiribilla que el complejo continuará con su antigua tradición de ofrecer talleres de creación para niños y personas de la tercera edad. También se pretende que sus salas sean utilizadas para muestras de video y de cine, conciertos y conferencias.
Durante el agradable paseo por esta gigantesca exposición de la plástica cubana y universal de todos los tiempos, Hernández comentaba que un recorrido sencillo por cada una de las instalaciones acapararía la atención del visitante durante dos horas y media.
Significaba Hernández que una de las tantas ventajas de los nuevos recintos es que al contar con mayores espacios -duplica los existentes anteriormente-pueden ser expuestas un número mayor de obras de los diferentes artistas, por lo que durante el recorrido se puede percibir su desarrollo. 
La multiplicación de los espacios permitió también que se pudiera disponer de dos salas para exposiciones transitorias, las cuales facilitarán, cada dos o tres meses, que el público pueda apreciar la obra de renombrados autores. 
En el caso del arte cubano, está reapertura comenzó con muestras de Ruperto Jay Matamoros, Premio Nacional de artes Plásticas 2000, y de la exposición Imágenes desde el silencio, con colografías y matrices de la extraordinaria artista cubana Belkis Ayón, desaparecida físicamente en 1999. Las salas transitorias de lo que fuera anteriormente el Centro Asturiano exhiben hoy una selección de pintura europea del siglo XIX y grabados de grandes maestros del arte universal.

DE LA COLONIA AL ARTE MODERNO
De la mano de nuestros más grandes maestros, la Colección de Arte Cubano nos lleva desde el período colonial hasta nuestros días. Un grupo de reconocidos especialistas de arte tuvo a su cargo de la selección de las obras más representativas de cada período en que fue dividida la muestra cubana, independientemente del momento o lugar donde hubiese trabajado o vivido el autor. De ahí que no pocas de las obras pertenecen a artistas que realizaron parte de su obra fuera de la Isla.
Entre tanta belleza de esa primera etapa colonial llaman la atención La Santísima Trinidad, de José Nicolás de Escalera (1734-1804); el Retrato de Justa Allo y Bermúdez, de Vicente Escobar (1762-1834); o La Siesta, de Guillermo Collazo (1850-1896).
El paso del siglo XIX al XX nos "agarra"entre el gigantesco Embarque de Colón por Bobadilla, de Armando G. Menocal (1863-1942); la tranquila Marina, de Leopoldo Romañach (1862-1951); o el drama de Los Zacatecas, de Rafael Blanco (1855-1955).
Ala entrada de la sala que anuncia el Arte Moderno, una primera mirada choca con la tierna Gitana Tropical, de Víctor Manuel García (1897-1969); para más adelante enfrentarnos a una pintura de carácter social como el Paisaje cubano, de Marcelo Pogolotti (1902-1988); o a la atmósfera espectral de Tuberculosis, de Fidelio Ponce de León (1895-1949).
De ese período grande de la pintura cubana asombran también el criollismo de El rapto de las mulatas, de Carlos Enríquez (1900-1957); la audaz armonía de colores de Naturaleza muerta con pitahaya, de Amelia Peláez (1896-1968); la fragilidad en el aparente equilibrio de las figuras en la Unidad, de Mariano Rodríguez (1912-1990); el profundo dramatismo de ese Interior del Cerro, 1943, de René Portocarrero (1912-1985).
La última Silla-hizo tres-, de Wilfredo Lam (1902-1982), según los críticos, "un paradigma de la refuncionalización de géneros tradicionales de la pintura occidental como las naturalezas muertas y el paisaje", inaugura una sala dedicada por entero a este maestro también cubano, reconocido entre los más grandes artistas de la plástica universal.

LOS CONTEMPORÁNEOS 
Tras las puertas que dan paso a la muestra de Arte Contemporáneo, aparecen varios ejemplos -se destaca 26 de julio- de la conjunción entre el expresionismo abstracto y el pop art de Raúl Martínez (1927-1995); también el expresionismo del tríptico Ni muertos, de Antonia Eiriz (1929-1995); o la línea vigorosa y la transparencia de colores superpuestos de Servando Cabrera Moreno (1923-1981) en Milicias campesinas.
En lo adelante, la sala nos transporta entre telas y esculturas que obligan a detener el paso. El tempo en azul, de Luis Martínez Pedro (1910-1989); el Personaje frente al sol, de Alfredo Sosa Bravo (1930- ); el Ollá, la dueña del cementerio, de Manuel Mendive (1944- ); o el fotorrealismo en Todo lo que Ud. necesita es amor, de Flavio Garciandía (1954- ).
Entre tantos otros excelentes artistas, también en ese recinto podrá disfrutar del lirismo de Relación, de Tomás Sánchez (1948); el Preludio de un rapto guajiro, evidencia del realismo que caracterizó en los 70' a Nelson Domínguez (1947- ); el fenómeno de la insularidad en Mi jaula, un tema que apasiona al joven Alexis Leyva Machado, Kcho, (1970- ); el formidable Mundo soñado, por Antonio Eligio Fernández, Tonel, (1958- ) o La cena, una de las magníficas colografías de Belkis Ayón (1967-1999).

EL OTRO REGALO
No era justo que tanta belleza debiera reposar fuera del alcance de la vista del público. Se hizo necesario un nuevo recinto para poder mostrar la inmensa colección de arte atesorada durante tantos años. Además de su cercanía al Palacio, el edificio del antiguo Centro Asturiano contaba con el espacio ideal para acoger tan nobles propuestas. De ahí que luego de un titánico trabajo de reconstrucción y modernización, el sitio hoy es sede de la exposición permanente de pintura y escultura internacional.
En las salas, el visitante podrá encontrar la Cabeza de Estatua de Amón, o el Libro de los Muertos de Bakenwerel, procedentes del Egipto de entre los siglos 3400 y 300 a.n.e.; muestras de los períodos más importantes de la cultura griega, como el Anfora Panatenaica (siglo VI a.n.e.); o del arte romano de los dos primeros siglos de Nuestra Era.
El Centro Asturiano abre hoy sus puertas con la mayor exposición existente en América Latina de pintura extranjera. Ahí están, para goce de todos, obras del renacimiento y barroco español, italiano, alemán, holandés y flamenco. No faltan los británicos Reynolds, Constable; los norteamericanos Charles Willson y Childe Hassam; tampoco el japonés Toyokuni-Kunisada.
Sus espacios exhiben también la más completa muestra de la plástica española que se encuentre fuera de la "gran madre Patria": Zurbarán, Sorolla, Murillo, Rivera... y ha sido dedicada una sala para la amplia colección de arte latinoamericano.

HAY QUE VERLO
"Sencillamente hay que verlo", fueron las palabras con que resumía una colega a su amigo el sentir luego de su paso por las instalaciones del Museo recién "rejuvenecido". Y es cierto. Por esta vez, la letra no puede satisfacer en su inmensa totalidad las demandas de la imaginación. 
En las tranquilas salas el tiempo no cuenta, adquiere otra dimensión. Fugas de colores, inexplicables historias de amor, sufrimientos, compromisos, frustraciones se esconden detrás -o dentro- de cada obra. 
El Museo Nacional de Bellas Artes se ha convertido en una fiesta de estilos, escuelas, generaciones y paletas de artistas que han dejado su huella en la historia del Arte nacional o universal. Y esa amplia variedad está al alcance de la vista para todo aquel comprenda, en su entera inmensidad, el valor de aprovechar bien cada minuto, cada segundo de nuestras vidas.

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